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DF Constitucional | ¿Y cómo deliberamos?

Luis Cordero Vega profesor Derecho Administrativo, U. de Chile

Por: Luis Cordero Vega | Publicado: Lunes 20 de enero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Luis Cordero Vega

Una de las cuestiones centrales del proceso constituyente que enfrentamos son las condiciones de la deliberación pública, en un ambiente en donde los promotores del rechazo han insistido en que la violencia entorpece cualquier debate, tratando de homologar, equivocadamente en mi opinión, el orden con la tranquilidad absoluta. Por eso, en tiempos de legítimas protestas sociales, es determinante comprender qué aspectos deben ser claves para entender que el producto final de este proceso sea considerado como justo y legítimo.

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Como ha señalado la literatura (Gutmann y Thomson, 2004), la calidad del proceso deliberativo depende del cumplimento de ciertas pautas de funcionamiento, lo que implica una arquitectura institucional que propicie el intercambio de argumentos, que estos sean accesibles y comprensibles para quienes intervienen, que se busquen resultados concretos y que el debate se base en el respeto mutuo de quienes participan, a pesar de sus diferencias valóricas. Lo anterior implica que el proceso satisfaga, además, ciertas pautas de comportamiento, que involucre a quienes intervienen del proceso deliberativo y a las instituciones promotoras. La única manera de que el debate constituyente tenga genuino éxito es que esas pautas elementales se cumplan.

Pero el contexto que enfrentamos es de gran complejidad. Los ciudadanos están enojados, consideran que existe un pacto social roto, los niveles de confianza en las instituciones han caído a mínimos históricos, las personas son escépticas de sus autoridades, pero también de la elite política y empresarial del país. A pesar de todo eso, sin embargo, según la encuesta del Centro de Estudios Públicos de la semana pasada, los chilenos prefieren mayoritariamente a la democracia frente a cualquier otra alternativa de gobierno y demandan acuerdos. En los tiempos que vivimos, esa lealtad al sistema democrático para promover un genuino pacto es el gran activo que tenemos para salir de esta crisis.

Por eso, en un proceso que resulta irreversible, debemos ser capaces de construir capital cívico, entendiendo a éste como el conjunto de activos tangibles e intangibles que nos permitan abordar un proyecto de sociedad en base al pluralismo y la tolerancia, porque como explicó Ross Poole, "lo importante no es tanto que todos imaginen la misma nación, sino que imaginen que imaginan la misma nación". Por eso el proceso constituyente es determinante para recuperar ese capital y así construir condiciones leales de deliberación y participación pública.

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