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¿La mitad gana menos de $350.000?

M. Cecilia Cifuentes Directora Centro de Estudios Financieros ESE Business School

Por: M. Cecilia Cifuentes | Publicado: Viernes 29 de septiembre de 2017 a las 04:00 hrs.
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M. Cecilia Cifuentes

Hace algunas semanas el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) nos informó que la mediana de ingreso de los ocupados en nuestro país es de $ 350.000 mensuales, de acuerdo a la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) de 2016, lo que significa que la mitad de los trabajadores gana eso o menos. Es inevitable entonces preguntarse ¿tan mal pagan las empresas en Chile? De hecho, este tema fue discutido en un reciente seminario de ética empresarial realizado en el ESE Business School. Parecerían tener asidero las acusaciones de abuso y de escasa responsabilidad social de nuestros empresarios. Sin embargo, antes de sacar conclusiones es necesario mirar los números con más detalle.

La cifra mencionada se refiere a los ocupados, es decir, a todos aquellos que trabajan, formal e informalmente, al menos una hora a la semana en forma remunerada. Por ende, el resultado está muy influido por los casi dos millones de trabajadores por cuenta propia, muchos de los cuales trabajan pocas horas, con ingresos obviamente muy bajos. La situación cambia bastante cuando se analizan los trabajadores dependientes. De acuerdo a los datos de la Superintendencia de Pensiones, la mediana de ingresos para los cotizantes dependientes está en torno a $ 550.000 (en comparación con $ 350.000 de todos los ocupados), con un ingreso promedio imponible de $ 750.000. Además, en la última década la mediana de ingresos aumentó un 53% sobre la inflación y el ingreso promedio un 37%, medido de igual forma. Un alza de la mediana por sobre el nivel promedio muestra además una mejoría en la distribución.

Obviamente todos quisiéramos sueldos más altos, pero el que muchas familias vivan con ingresos insuficientes se explica principalmente por un problema de acceso al mercado laboral formal, más que por abusos de las empresas en materia de salarios, y por ende ese debe ser el foco de las políticas públicas. Lamentablemente, el accionar de este gobierno avanza en la dirección contraria. Con cuatro años de caída en la inversión y una economía que crece menos de 2%, la creación de puestos de trabajo se explica principalmente por empleo cuenta propia, con una mediana de ingresos 50% por debajo de los trabajadores asalariados. Más de la mitad del aumento de casi 500 mil ocupados en los últimos cuatro años corresponde a empleos por cuenta propia, mientras que de los 250 mil nuevos asalariados, dos tercios se originan en empleos públicos. Irónicamente, la principal contribución del actual gobierno a mejorar los ingresos de los trabajadores ha sido el aumento de funcionarios, aunque esta estrategia es insostenible en el tiempo, y de hecho parte del déficit fiscal que se dejará como herencia se explica por la gran expansión del gasto en personal. En comparación con el año 2013, este ítem de gasto, medido en moneda constante, ha aumentado en US$ 2.800 millones (más de un tercio de la reforma tributaria). Por otra parte, la reforma laboral, empoderando artificialmente a los sindicatos e incentivando la automatización, deteriora el acceso de los trabajadores menos calificados al mercado laboral formal. El proyecto de reforma previsional, estableciendo impuestos al trabajo formal, también apunta en la dirección contraria. Por último, la política de capacitación, que contribuiría a mejorar el capital humano de estos grupos, sigue mostrando serias falencias, sin que sea tampoco una prioridad su perfeccionamiento.

En resumen, es cierto que un gran número de compatriotas todavía vive con ingresos laborales muy bajos, pero la razón principal es que no tienen acceso a un trabajo mejor pagado en una empresa formal. Existen tres caminos fundamentales para favorecer el acceso al mercado laboral formal; crecimiento económico, capacitación para el trabajo y flexibilidad laboral. Es de esperar que el próximo gobierno cambie el rumbo del actual, para que volvamos a mostrar avances en lo que debería ser la tarea principal; mejores condiciones de vida, especialmente para los más vulnerables.

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