Matko Koljatic

El triste Estado de la Unión

Después de un viaje reciente a Estados Unidos, unas breves reflexiones.

Por: Matko Koljatic | Publicado: Viernes 3 de diciembre de 2010 a las 09:48 hrs.
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Matko Koljatic

Hoy se celebra Thanksgiving, el Día de Acción de Gracias. Las familias norteamericanas se reúnen en esta fecha para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas, almorzar juntos y mirar partidos universitarios de fútbol americano en la TV.

Me imagino que en muchas de estas reuniones familiares la conversación derivará hacia la situación del país. Acaba de ocurrir la elección del mid term en que los republicanos les dieron al presidente Obama y su partido demócrata una paliza contundente, demostración palpable del desencanto del electorado con el gobierno elegido hace sólo dos años. El resultado electoral no sorprendió, dadas las condiciones en que está la economía norteamericana, en que la economía más que crecer, corcovea, hay un desempleo persistente en torno al 10%, un déficit fiscal también del orden de 10%, un creciente endeudamiento fiscal, déficit en la balanza comercial y en la cuenta corriente. En pocas palabras, ¡un desastre macroeconómico!

Como si lo anterior fuera poco, hay otros desafíos sociales enormes. Adonde se mire la cosa hay indicadores alarmantes. En la educación, por ejemplo, sólo 60% de los alumnos de la educación secundaria se gradúa, el resto deserta antes. Hay estados en que los índices de deserción en la secundaria bordean el 50% de los estudiantes.

En otro sector clave, la salud, se gasta el 15% del PIB, el doble que el gasto en cualquier otro país de la OCDE, con resultados parecidos a los países con menor gasto. Hay desafíos enormes como, por ejemplo, la epidemia de obesidad: hay 58 millones de personas con sobrepeso (8 de cada 10 norteamericanos mayores de 25 años tienen sobrepeso) y 40 millones de obesos, de los cuales 3 millones son obesos mórbidos.

La ley de reforma de la salud promulgada hace poco (los americanos la llaman Obamacare) aumenta la cobertura, pero hay dudas de la sensatez de su financiamiento, con lo cual se teme un gran déficit fiscal adicional. El problema es simple, los beneficiarios sólo cubrirían el 5% del gasto en los servicios de salud que demanden, el resto es subsidiado por el gobierno. Las consecuencias son previsibles.

El gasto en Defensa es absurdamente alto. Como ejemplo, basta un dato: la US Navy tiene más tonelaje que las marinas de los 13 países que la siguen en tamaño, en conjunto. Cuando la gran amenaza es al Qaeda, cabe preguntarse: ¿para qué?

Finalmente, está la devastación ocurrida en la base manufacturera, fenómeno que viene ocurriendo hace tres décadas. A modo de ejemplo, cabe destacar lo ocurrido en la industria de los automóviles en que las firmas americanas dominaban el mercado mundial. Como es sabido, por falta de visión y beneficios excesivos a su fuerza de trabajo y a sus jubilados, la industria automotriz americana perdió competitividad, primero frente a los japoneses y alemanes, y más recientemente frente a los coreanos y chinos, con el resultado que hay sólo una empresa automotriz americana que no ha quebrado, Ford. La base industrial americana simplemente se esfumó, a diferencia de lo ocurrido en Alemania, por ejemplo, en que gracias a la I&D, la industria manufacturera alemana sigue siendo competitiva.

Como la economía ha ido transitando hacia los servicios, actualmente hay en EE.UU. medio millón de personas que trabaja en la industria automotriz y un millón y medio de abogados. No es raro que haya más litigios que autos fabricados.

Todo lo anterior hace que la cosa se vea mal respecto al curso de EE.UU. Los problemas de salud, educación y competitividad son difíciles y de muy larga solución. Y el problema macro también.

En el nuevo escenario político, Obama estará paralizado. La QE2 de Bernanke, que va a inundar el mercado con billones de dólares baratos para reactivar el consumo y disminuir el desempleo, no puede solucionar los problemas de la economía real y al revés, puede crear un problema adicional: la inflación. Eso es absurdo, ¡si el dólar no vale nada! Me lo decía un taxista en Miami: un dólar, ahora, no alcanza más que para comprar un chicle. Hacer el dólar más débil, sólo hará a los norteamericanos más pobres.

Habrá que esperar el discurso de Obama sobre el Estado de la Unión en enero de 2011, para un juicio más definitivo, pero no hay mucho espacio para el optimismo.

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