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No culpen al medio

Débora Calderón Kohon

Por: Débora Calderón Kohon | Publicado: Miércoles 4 de abril de 2018 a las 04:00 hrs.
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Débora Calderón Kohon

Quizás hace unos días este tema explotó por la masiva filtración de datos que puso a Facebook en jaque y que terminó con su creador pidiendo disculpas a los millones de usuarios furiosos. Claro, la contingencia devuelve temas disruptivos a las primeras planas y como ciudadanos de a pie tendemos a mirarlos con esa perspectiva.

El tema de la privacidad, unido a las campañas presidenciales, sumado a las nuevas tecnologías, amplificado por la falta de políticas de protección claras en el área y potenciado por la masificación del uso de las redes sociales, era y es una bomba de tiempo que cada cierto tiempo va a causar estragos, no solo en temas de privacidad, sino, y aún más grave, en asuntos de transparencia y democracia.

La forma en que opera la gran big data se ha ido modernizando y perfeccionando con el tiempo. Si antes era un correo que, por ejemplo, Obama enviaba a sus potenciales votantes para hacer referencia sobre temas relevantes, hoy es un aviso en mi perfil de Facebook, que responde claramente a mi última búsqueda en Google, de un viaje quizás, que curiosamente también comenté por WhatsApp a un grupo de amigos. ¿Coincidencia? No. Claro que no. El traspaso ético de las tecnologías más sofisticadas hacia la vida privada de las personas, tiene consecuencias que aún no somos capaces de dimensionar como sociedad.

El dicho dice “hecha la ley, hecha la trampa” y no podría aplicarse mejor en estos casos cuando, junto con toda la complejidad que presenta el sistema, no existe una legislación capaz de correr a la velocidad con la que las innovaciones ven la luz en distintos aspectos de nuestra vida.

Para entender la historia en su conjunto, datos personales que de Facebook pasaron a una empresa británica de análisis de datos (Cambridge Analytica) y que luego se las vendió a campañas políticas, entre ellas la de Donald Trump en 2016.

Con ello entraron a nuestras vidas las ya conocidas fake news (noticias falsas) que nos hicieron creer que el mundo opinaba lo que nosotros veíamos en nuestras rrss, siendo esto realmente una distorsión intencionada para guiar nuestro voto.

El destape de estas prácticas tiene a Facebook cerrando quizás la peor semana en su historia. Una crisis de reputación que le ha hecho caer en picada en la bolsa, explicaciones primarias que no convencieron a nadie, una pérdida de valor de mercado superior a los US$ 50 mil millones.

El escenario cambió. Y la ironía es quizás que los grandes ganadores de estas prácticas “antidemocráticas en la era digital”, como Trump, hoy dan sus propias batallas contra otros grandes del sistema, como lo es Amazon, porque considera que pone en jaque algunos de sus pilares económicos, como el empleo. Lo cierto es que, más que lo anterior, es el vínculo con medios de prestigio como el Whasington Post (ambas empresas de Jeff Bezos), que lo han tenido en las cuerdas desde que asumió como presidente de los EEUU.

Hoy somos producto de lo que ocurre o no en las redes sociales. Más atención hay que tener por lo mismo, en documentarse, mirar distintos medios y volver a entender la realidad desde un prisma objetivo y desinteresado. Solo así podremos volver a ser libres.

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