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Rafael Rodríguez

La reforma laboral tal como está; por Chile, por favor no

Por: Rafael Rodríguez | Publicado: Jueves 12 de noviembre de 2015 a las 04:00 hrs.
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Los defensores de la reforma laboral no tienen cabal idea del daño que su promulgación va a causar en las relaciones entre trabajadores y empresas y ven con muy buenos ojos que es un avance en una sola dirección, la de dar más poder a los sindicatos a costa del de los accionistas o dueños de las empresas.

Esto regocija a muchos y preocupa a menos, pero esta reforma es un golpe a la competitividad de las empresas y es una puerta de entrada a comportamientos sindicales abusivos, que van a producir un masivo traspaso de exigencias de reajustes y mejores condiciones económicas para los trabajadores sin una contrapartida en aumentos de productividad lo que se va a disminuir la generación de excedentes de las empresas, excedentes que a diferencia de la creencia popular, no van en forma significativa a gastarse en lujos y viajes, sino que a ser reinvertidos en reemplazar equipos, maquinarias, a expandir las operaciones y también a mejorar las condiciones de los trabajadores si bien por bajo las expectativas inmediatas de muchos dirigentes.

¿Algún dirigente soñó que por razones de mercado, el sueldo de sus representados se iba a más que duplicar en 5 años en la minería, como efectivamente ocurrió? Si hubiese estado en vigencia la futura ley laboral hace 10 años, este aumento habría sido menor porque en ese momento varias de las inversiones que se hicieron no se habrían materializado y la demanda por mano de obra minera en Chile habría sido menor.

Los chilenos hemos sido testigos de huelgas ilegales y de negociaciones con alto potencial de causar daño que han provocado grandes daños económicos (cobre, puertos, Banco Estado) como sociales (Registro Civil), todas estas huelgas dentro del contexto del actual marco legal, antes de la reforma laboral en discusión. Si llega a entrar en vigencia tal como está, va a haber que afirmarse los pantalones porque el poder de los sindicatos va a aumentar considerablemente y su poder para imponer sus condiciones también, lo cual va a significar una redistribución de ingresos desde las empresas hacia sus trabajadores sin un equivalente aumento de productividad lo que va a traer consecuencias nefastas sobre la competitividad y el empleo; claro está que esto último no es preocupación de las Centrales Sindicales, ellos representan a los que están trabajando, no a los demás.

Esta transferencia no es gratis, va a tener una contrapartida de mayor cesantía, menor competitividad de las empresas y finalmente una economía con menor crecimiento. Al tener menos recursos de crecimiento, va a haber menos disponibilidad para cumplir los programas sociales de gobierno y eso va a llevar a nuevas tensiones sociales por promesas incumplidas.

El mundo ya ha probado estas fórmulas y les ha ido mal; los países nórdicos que recorrieron este camino, van de vuelta, Alemania también; España e Italia más por la fuerza que por convicción y están empezando a aparecer brotes verdes en esos países; Grecia se ahogó en tanta concesión y el drama que ha vivido ese país no lo quisiéramos ni de cerca; Argentina después de varios años de poder sindical incontrarrestable, pareciera encaminarse en un nuevo gobierno a empezar a darse la vuelta.

Costó tanto construir lo que tenemos en Chile y somos admirados por ello; el pasto del vecino parece más verde pero no lo es, por favor no nos disparemos en los pies; hagamos una reforma más equilibrada, no sólo necesitamos a los trabajadores para prosperar; también necesitamos cuidar a las empresa y a los empresarios.

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