Rodrigo Aravena

La importancia de un buen diagnóstico (y buenas medidas)

Rodrigo Aravena González Economista Jefe del Banco de Chile

Por: Rodrigo Aravena | Publicado: Lunes 20 de enero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Hemos visto una serie de discusiones, recomendaciones de políticas y actividad legislativa con grandes diferencias de opinión. Sin embargo, en algo estamos (o debiésemos estar) de acuerdo: Chile enfrenta un momento complejo, sin soluciones simples. Al menos, la conciencia de esto es un buen punto de partida para una agenda de trabajo. En este contexto, es crítico elaborar un buen diagnóstico que permita una consistencia en las medidas discutidas en diversos ámbitos, como pensiones, laboral y fiscal, entre otros.

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Luego de tres meses de crisis, hay evidencia suficiente del deterioro en el crecimiento económico, que llevó a un drástico ajuste en las estimaciones a cerca de 1% para 2019 y 2020. Este ajuste, respecto del 18 de octubre, representa un recorte de cerca de 1,5 puntos por año. ¿Qué significa eso? Que el país pierde una producción cercana a US$ 9.000 millones en el bienio. Entre otras cosas, esto conlleva una pérdida de empleos que podría superar (transitoriamente) los 200.000 puestos de trabajo y una merma en los ingresos fiscales por cerca de US$ 2.000 millones, cifra que representa un poco más de un tercio del plan fiscal anunciado por Hacienda. A ello hay que agregar una serie de ajustes pendientes, principalmente en empleo e inversión.

El origen de esta crisis no se asemeja al de otras en los últimos 30 años, dado que hoy tenemos un shock de oferta e idiosincrático, es decir, originado en Chile. Prueba de ello es que la reciente mejora en expectativas globales y en el precio del cobre nos habría llevado a un mayor crecimiento y una caída en el precio del dólar, es decir, justamente lo contrario a lo ocurrido. De esta manera, el tradicional mix contracíclico, como fue en 2009, no es la solución a la crisis actual. Hoy debemos entender mejor el problema, con la diversidad de shocks que enfrentamos y, por ende, la batería de medidas que se deben considerar.

Si sabemos, por ejemplo, que el desempleo subirá y que la economía tendrá un ciclo negativo por algún tiempo, ¿por qué no poner sobre la mesa medidas pro flexibilidad que reduzcan el ajuste de empleo? La evidencia local e internacional muestra que la adaptabilidad al ciclo reduce la pérdida de puestos de trabajo. En la misma línea, ¿es el momento de reducir mucho más la jornada laboral y de impactar los costos laborales unitarios? Asimismo, si estamos conscientes de la importancia de la inversión y del crecimiento, ¿no valdrá la pena preguntarse de qué manera las diversas medidas sobre los cambios en pensiones pueden afectar al ahorro nacional y con ello la inversión? En el plano fiscal, si es que sabemos que las prioridades serán distintas, ¿realmente necesitamos la misma asignación presupuestaria? ¿Por qué no considerar una construcción desde base cero, tal como se ha planteado en alguna ocasión? Así, hay varios temas para reflexionar, que van desde los fiscales hasta el control del orden público, todo ello con impacto en el bienestar.

La crisis que enfrenta el país sin duda requiere un esfuerzo adicional. El Banco Central mostró en el último IPoM que este tipo de procesos tienen un impacto mucho más severo en la medida que demoren más en solucionarse. Es por ello que el margen de error es muy bajo, por lo que se requiere tomar medidas adecuadas, que no sean sólo de corto plazo ni basadas en un par de encuestas. La forma en que abordemos este desafío país sin duda marcará la diferencia en el futuro.

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