Rodrigo León

George Orwell y nuestras redes sociales

Rodrigo León Silva Abogados

Por: Rodrigo León | Publicado: Miércoles 17 de junio de 2020 a las 04:00 hrs.
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George Orwell, para muchos el mejor escritor del siglo XX, describía la obra de Charles Dickens, tal vez el mejor escritor del siglo XIX, como una “literatura de la decencia”. El fin de cada novela, desde Oliver Twist a David Copperfield, sería exaltar que seamos decentes. De alguna manera, a través de Dickens, Orwell nos dice que las personas, más que estar llamadas a ser virtuosas, como exigiría Aristóteles -griego muy inteligente, pero probablemente muy poco simpático-, estamos llamados a ser decentes, para así construir una sociedad decente.

Hoy la terrible pandemia que vivimos nos ha forzado a recluirnos en cuarentenas más o menos obligatorias, lo que ha hecho que nuestra sociabilidad se exprese, exclusivamente, en los medios digitales y, en particular, en las redes sociales. En ellas, muchos compatriotas, amparados en lo que creen un efectivo anonimato, irreal en todo caso (basta con preguntarle a Google), vuelcan todas sus miserias insultando, predicando verdades absolutas tanto a moros como a cristianos, y atacando en particular a la autoridad.

Esta rabia digital ha hecho que ministros de Estado deban cerrar sus cuentas en Twitter, pues en el fondo, no resisten las lapidaciones virtuales; o bien la furia es dirigida contra entrevistadores, que, sin respetar cuarentena alguna, interrogan en vivo a la intelectualidad local, criticándoseles después por hacer más “relaciones públicas” que verdadero periodismo. Crítica injusta, en todo caso, pues entrevistar sin buscar una verdad incómoda, no es periodismo, como diría Orwell.

Todo esto ha llevado a algunos a plantear la necesidad de regular desde las fake news hasta el uso de las redes sociales. En el fondo, se trataría de regular y dirigir la libertad de expresión, tema que no es nuevo. Surgirán voces, de avanzar dichos proyectos, que exigirán el respeto irrestricto de la libertad de expresión como una manifestación total de la mayor dignidad del hombre, en una suerte de primera enmienda a la chilena. Orwell decía, en un ensayo sobre política y periodismo, que la controversia sobre la libertad de expresión es, más que una verdad absoluta siempre difícil de asir, una controversia sobre si mentir en sociedad es deseable o no.

La libertad de expresión, más que representar un principio único, unilateral y absoluto, como si del “Gran Hermano” se tratara, lo que busca es ser una herramienta eficaz para desenmascarar la mentira, venga de donde venga. Y si hay algo seguro es que faltar a la verdad no es bueno, pues, entre otras cosas, genera grandes incertidumbres.

Por eso, en tiempos ávidos de certezas, regular la libertad de expresión en aras de limitarla para evitar la locuacidad nacional, por decirlo de alguna manera, más que afectar a la dignidad humana como suerte de única verdad religiosa, lo que hará es impedir la exposición pública de la mentira, exposición que es lo mínimo que se le puede pedir a una sociedad que pretenda ser, a lo menos, decente.

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