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Visitas

Por: Padre Raúl Hasbún | Publicado: Jueves 11 de enero de 2018 a las 04:00 hrs.
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Padre Raúl Hasbún

Solíamos, los chilenos, tener fama de hospitalarios. En las casas más humildes se reservaba una pieza "para las visitas". Venía un pariente de provincia y no tolerábamos que alojara en un hotel. Chito Faró invitaba, alentaba: "Y verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero". ¿Visita imprevista?: "donde caben dos, caben tres"; y "le echamos agüita a la sopa". Nadie, cercano por el parentesco o por la necesidad, quedaría excluido del propio techo o mesa por falta de espacio o escasez de alimento.

Se respiraba la tradición bíblica, desde Abraham hasta Marta y María en Betania: el huésped es sagrado. Memorizábamos bien la respuesta a la pregunta de Cristo: "¿me cobijaste en tu casa cuando fui forastero?". Todo huésped es Cristo.

Pero fuimos cambiando el chip hospitalario. ¿Falta de reciprocidad cuando viajamos fuera de Chile? ¿Opción por departamentos pequeños, en que ambos dueños trabajan afuera y no tienen tiempo ni espacio para alojar a un tercero? ¿O será que con la prosperidad crecieron el elitismo y el egoísmo? La acogida cálida y gratuita se transformó en reticencia tacaña y mil "chivas" para no ofrecer hospedaje.

Olvidando la sabia admonición bíblica: fuiste una vez y de seguro serás extranjero, clausuramos la pieza de visitas y nos contagiamos con el europeo virus de la xenofobia. Mala cosa. Síntoma y presagio de subdesarrollo moral.

¿Cuántos viajan a Italia, pagando subidos costos de transporte y estadía, con el anhelo prioritario de ver al Papa y estar cerca de él, "en vivo"?. Ese Papa viene ahora a Chile, recorrerá nuestras calles, bendecirá nuestros hogares y en nuestro idioma nos ofrecerá la Paz.

Y lejos de recibirle con corazón abierto y mente limpia, erizamos su ruta con filudos "miguelitos": "que no nos venga a hablar de mar para Bolivia"; "el Chile que él viene a visitar es plenamente democrático, justo, libre y digno, muy distinto del anterior"; "¿cuánto le costará a Chile, Estado laico, recibir al Papa?"; "él tendrá que reunirse con las víctimas de abusos sexuales perpetrados por clérigos, y nosotros agitaremos aguas para que sienta nuestro repudio por tanto encubrimiento".

¿Denominador común? Cero empatía con el huésped; cien por ciento de olímpica, desafiante autorreferencia. No conozco familia alguna que cometa la indelicadeza de enrostrarle a su huésped el costo de prepararle pieza y comida. O de imponerle los temas que deberá conversar o callar. Toda una gala de inexcusable "rotería".

¿Qué nos pasó? A quien nos visita para derribar muros y construir puentes, regalarnos palabras y caminos de paz, mirarnos a los ojos, abrazarnos como hijos y hermanos ¿le mostraremos la peor cara de Chile: "páguese usted la cena y el avión, y no nos hable sino de lo que nos gusta oír"? . Tal vez por eso mismo, por parecer tan miserables, él viene a derramar misericordia.

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