Codelco: pongamos la pelota al piso
JORGE ALESSANDRI PRESIDENTE DE LA CÁMARA DE DIPUTADAS Y DIPUTADOS
Un intenso debate ha generado en la opinión pública la posibilidad de vender Codelco o una parte de este. Quienes impulsan esta idea apuntan al elevado nivel de endeudamiento y a una productividad que no parece acompañar las millonarias inversiones realizadas. Sus detractores, en cambio, levantan la bandera de que “el cobre es chileno”, como si cualquier modificación en la propiedad de la empresa equivaliera necesariamente a renunciar a una parte de nuestra soberanía.
Pongamos “la pelota al piso”, miremos los números, dejemos de lado las consignas y preguntémonos qué resulta más conveniente para los verdaderos dueños de la empresa: todos los chilenos.
Según los propios reportes de la compañía, la deuda neta de Codelco alcanzaba a marzo de 2026 un total de US$ 24.700 millones. Si distribuyéramos esa deuda entre aproximadamente 20 millones de chilenos, equivaldría a unos US$ 1.238 por persona. En otras palabras, cada uno de nosotros, es hoy en día, “dueño” de una deuda por US$ 1.238.
“No se trata, por tanto, de privatizar por privatizar ni de defender la propiedad estatal como un dogma”.
Imaginemos que, en lugar de tratarse de una empresa estatal, fuéramos avales de un amigo endeudado. Antes de seguir respaldándolo, querríamos saber cuánto debe, cuánto gana y cuáles son sus posibilidades reales de pagar. ¿Por qué no sería legitimo hacerse esas preguntas respecto de Codelco?
En el otro lado de la balanza, el aporte fiscal de Codelco durante el año 2025 alcanzó los US$ 1.778 millones. Dividido entre todos los chilenos, representa aproximadamente US$ 89 por persona al año.
Más ilustrativa todavía resulta su utilidad neta operacional, excluyendo el efecto extraordinario del litio: US$ 388 millones. A ese ritmo, y suponiendo -de manera puramente teórica- que la totalidad de esa utilidad se destinara al pago de la deuda, se necesitarían cerca de 64 años para extinguirla.
Estos números no son ideológicos, son simple aritmética. Durante los últimos años, Codelco ha transferido al Fisco menos recursos que el aumento experimentado por su endeudamiento. ¿Significa esto que Codelco debe venderse al mejor postor? No. Esa es la discusión que debemos tener.
Lo que resulta mucho más difícil de sostener es que cualquier modificación de su estructura de propiedad constituya, por definición, una amenaza a la soberanía nacional. La pregunta de fondo no es si el cobre es chileno. La pregunta correcta es otra: ¿la actual forma de administrar Codelco maximiza el valor que reciben sus verdaderos propietarios, es decir, nosotros los chilenos?
Un propietario racional no conserva indefinidamente un activo únicamente por su valor simbólico, especialmente si su rentabilidad se deteriora mientras sus pasivos aumentan. Examina los números, evalúa los riesgos y considera alternativas. Eso haría cualquier inversionista antes de decidir qué hacer con su patrimonio, y no existen buenas razones para que el Estado actúe de manera distinta cuando administra el patrimonio de todos los chilenos.
No se trata, por tanto, de privatizar por privatizar ni de defender la propiedad estatal como un dogma. Se trata de determinar qué estructura permite que Codelco produzca más, se endeude de manera responsable, aumente su productividad y genere el mayor valor posible para Chile.
La verdadera pregunta es si queremos seguir conformándonos con repetir esa consigna o estamos dispuestos a discutir, a “poner la pelota al piso” y preguntarnos, sin complejos, qué debemos hacer para que esa riqueza efectivamente beneficie a Chile.
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