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El comercio: la otra zona de sacrificio

Paula Valverde Norambuena Presidenta Asociación de Marcas del Retail

Por: Paula Valverde Norambuena | Publicado: Martes 5 de julio de 2022 a las 04:00 hrs.
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Paula Valverde Norambuena

En los últimos meses hemos visto con tristeza cómo muchos locales en el centro de Santiago y otras ciudades del país han debido bajar sus cortinas. La irrupción del comercio ilegal, ferias libres y venta ambulante invadió sin contención las veredas y calles de espacios que tradicionalmente estaban destinados al paseo y al ejercicio formal de la actividad comercial. Junto con el advenimiento de la informalidad, irrumpió la delincuencia, con desconcertantes niveles de violencia e intimidación.

La invasión del comercio ilegal terminó convirtiendo los espacios públicos en verdaderas zonas de sacrificio, donde clientes y colaboradores de locales han debido convivir a diario con la criminalidad.

“La autoridad debe actuar con el mismo aplomo que demostró en el cierre de Ventanas: seguir permitiendo las zonas de sacrificio que ha generado el comercio ilegal, o bien asfixiar de manera efectiva el crimen organizado que germina en la venta ambulante”.

Si bien el aumento en los índices delictuales tiene su génesis en distintos factores sociales, en lo que atañe al comercio está comprobado que el germen de su ejercicio ilícito se encuentra -en la mayoría de los casos- relacionado con bandas de crimen organizado que nutren al mercado gris.

A este respecto es atingente analizar la valentía con la que el Gobierno tomó la decisión de cerrar la operación de la fundición Ventanas, sabiendo que el beneficio sanitario y medioambiental para unos, implicaría el costo económico para otros. Haciendo la analogía con el comercio, cabría reflexionar sobre cuánto se contribuye al bien común propiciando espacios para el comercio informal, en desmedro de la fuente laboral y la seguridad de miles de personas. Y por supuesto, sobre el daño que genera en nuestro país el avance del crimen organizado, muchas veces asociado al narcotráfico.

Sabemos que muchas personas de escasos recursos ven en el comercio ambulante su única fuente de ingresos, causa sobre la cual usualmente descansan eventuales compromisos políticos. No obstante, el comercio informal también termina siendo una fuente de gran parte del desencanto y desazón en que viven y trabajan miles de ciudadanos, que esperan que el Estado no sólo sea un custodio de su seguridad, sino que también, un promotor de la formalidad y del emprendimiento.

Los niveles actuales de delincuencia requieren inevitablemente la voluntad y trabajo colaborativo público y privado, integrando los esfuerzos de las autoridades, las policías, municipios, fiscalías y agentes del comercio.

Los privados tendremos siempre la disposición a trabajar en conjunto para proteger a nuestros colaboradores y a nuestros clientes, y propiciar espacios tranquilos y seguros para el desarrollo de nuestra actividad. No obstante, es imperativo que la autoridad escoja con la misma determinación y aplomo que demostró en el cierre de Ventanas: seguir permitiendo las zonas de sacrificio que ha generado el comercio ilegal, o bien asfixiar de manera efectiva el crimen organizado que germina en la venta ambulante.

El aporte del comercio formal en Chile es de un 10% del PIB, un porcentaje demasiado importante como para desestimar acciones y regulaciones que no sólo lo protejan, sino que también lo impulsen, sobre todo en momentos en que la reactivación económica en Chile se prevé de largo alcance. Resguardar el ecosistema del comercio es reconocer la propiedad intelectual, propiciar el emprendimiento, la libertad de hacer negocios, proteger el trabajo formal en un ambiente seguro y por, sobre todo, favorecer el dinamismo económico del país en momentos en que se hace tremendamente necesario.

Amparar el comercio es impulsar una zona de progreso. Pero para eso, hay que optar por eliminar las zonas de sacrificio.

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