Click acá para ir directamente al contenido
Columnistas

Inteligencia artificial y empleo

CLAUDIA MARTÍNEZ Directora del Instituto de Economía UC

Por: Claudia Martínez

Publicado: Jueves 6 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

El efecto de la inteligencia artificial (IA) en el empleo es aún incierto. Puede llegar a complementarnos y hacernos más productivos, o sustituirnos en las tareas en las que es más eficiente. O ambos. La evidencia de que la IA genera efectos positivos en la productividad en tareas específicas es, hasta ahora, bastante consistente entre distintos estudios. Dilucidar el efecto que está teniendo en el empleo es complejo, porque al mismo tiempo que avanza la IA ocurren en la economía muchas otras cosas que también afectan el empleo, como el aumento del precio del petróleo, los cambios en las políticas arancelarias, el cambio climático y la migración, mientras en paralelo, las políticas públicas inciden sobre el mercado laboral.

El paper “AI-Assisted Programming and Labor Demand” de Raymond y Dillon (2026) presentado la semana pasada en el Summer Institute de NBER -un evento anual que convoca a economistas de todo el mundo y se exponen los últimos desarrollos en materia de investigación en economía-, busca responder esta pregunta.

Uno de los mantras de los estudios empíricos es que la correlación no implica causalidad, y para poder hacer inferencia causal, las autoras estudian un caso específico con clientes de Microsoft. Las autoras utilizan las visitas de ventas agendadas para estudiar el impacto en el empleo de la adopción de GitHub Copilot for Enterprise, una herramienta de IA que apoya la programación.

“Una agenda nacional de reforzamiento del empleo puede ayudar a mitigar la exposición a los desafíos que la inteligencia artificial está planteando en el mercado laboral”.

Las autoras encuentran que hay una disminución de 36% en la contratación de ingenieros. Estos efectos aparecen a los 6 meses y se observan con claridad al año de la adopción del software. Al mismo tiempo, no hay un aumento de los despidos. Esto da cuenta de la forma en que ajustan las empresas: no afecta a los trabajadores ya contratados, pero sí a los potenciales nuevos trabajadores.

La disminución de contratación se concentra en los perfiles con mayor experiencia en labores de programación -a diferencia, por ejemplo, de los ingenieros con experiencia en sistemas-, lo que es consistente con el tipo de tareas que la IA puede realizar. Esto es relevante, ya que no es una disminución completa de los especialistas en computación, sino en aquellos en los que la IA tiene mayores competencias.

Al mismo tiempo, las autoras encuentran que esta disminución se da con mayor intensidad en los ingenieros con poca experiencia. El grupo más afectado es el de los ingenieros de programación junior, en el que la contratación cae 45%. Este cambio en seniority es consistente con que la IA esté reemplazando tareas de programación de nivel inicial. Por otro lado, no hay cambios en la contratación de ingenieros junior en sistemas o infraestructura.

Los resultados son representativos únicamente de las firmas clientes de Microsoft —en particular, empresas multinacionales—, lo que puede limitar la extrapolación de los resultados; además, corresponden a una herramienta de inteligencia artificial en particular. Y no indican qué pasa con las trayectorias de aquellas personas que no fueron contratadas debido al uso de esta herramienta.

Sin embargo, estos resultados son importantes de considerar en la forma en que enfrentamos los cambios desde el mundo del trabajo. Las actividades que hacemos pueden ir cambiando, la IA puede aumentar la productividad y generar desplazamiento de tareas y, eventualmente, de trabajadores. Tener flexibilidad en los deberes laborales, adaptarnos y capacitarnos podrían ayudar a aminorar estos efectos. En ese sentido, una agenda nacional de reforzamiento del empleo puede ayudar a mitigar la exposición a los desafíos que la IA está planteando en el mercado laboral.

Te recomendamos