Un día de la semana pasada, poco después de la una de la tarde, compré una ensalada de pollo en el restaurante situado a la vuelta de la esquina de mi oficina para poner a prueba una teoría.
Lo que me interesaba no era aquel almuerzo triste y modesto, sino los otros empleados de oficina que comían sus sándwiches de queso y sus huevos duros preenvasados.
Efectivamente, había más hombres que mujeres almorzando solos. Y ocurrió lo mismo en la cafetería junto al restaurante y en otro local de comidas cercano.
A veces, el número de hombres que comían solos duplicaba al de mujeres; en otras ocasiones, la diferencia era menor. En ningún sitio vi a más mujeres que hombres comiendo sin compañía.
“Las mujeres hacen amigos en el trabajo de manera diferente a los hombres. Ellas establecen relaciones más amplias y profundas entre sí”.
Este análisis se basa en una recopilación de pequeños momentos, sin rigor científico, de la hora del almuerzo en Londres. Innumerables factores podrían explicar el predominio de hombres solos: la posibilidad de que haya más hombres que mujeres cerca de mi oficina, o que ellos desempeñen trabajos que los obligan a comer algo rápido, en lugar de disfrutar de un almuerzo más pausado.
No obstante, lo que observé coincide con nuevas investigaciones que arrojan una luz algo inquietante sobre cómo nos relacionamos en el trabajo. Según un estudio realizado por académicos europeos y estadounidenses y publicado en la revista Social Networks, las mujeres hacen amigos en el trabajo de manera diferente a los hombres. Ellas establecen relaciones más amplias y profundas entre sí, en parte porque son más propensas que los hombres a entablar amistades con los amigos de sus amigos dentro de la oficina.
Los hombres tienden a mantener amistades laborales más selectivas y de carácter individual, especialmente si ello les ayuda a progresar profesionalmente.
El estudio no abordaba lo que sucede durante el almuerzo, pero si los hombres no tienen vínculos tan estrechos con sus amigos del trabajo como las mujeres, es comprensible que tiendan a comer solos. Estudios anteriores demuestran que las personas con buenas relaciones laborales tienden a ser más felices, están más comprometidas y son más productivas e innovadoras.
Son buenas noticias tanto para los empleadores como para las mujeres, algunas de las cuales logran hacer amigos en el trabajo mucho mejor que los hombres. Casi el 30% de las mujeres estadounidenses con estudios universitarios afirman tener buenos amigos en el trabajo, mientras que sólo alrededor del 20% de los hombres con la misma formación dicen lo mismo.
¿A qué se debe esto? Podría ser porque las mujeres comparten experiencias -como la maternidad- y desean establecer amistades con otras madres de la oficina, del mismo modo que tienden a relacionarse con mujeres que tienen hijos fuera del ámbito laboral.
Sin embargo, la nueva investigación sugiere que la situación es más compleja. El estudio hizo un seguimiento de casi 140 trabajadores de entre 18 y 24 años pertenecientes a una organización estadounidense de desarrollo comunitario.
Sea cual sea la explicación de la tendencia de las mujeres a entablar amistad con personas con las que ya tienen algún vínculo, es posible que esta práctica no resulte muy beneficiosa.
Si uno actuara de forma estratégica respecto a sus compañeros de trabajo, no elegiría necesariamente a amigos de amigos.
Es poco probable que sepan mucho más sobre lo que ocurre en la empresa que tus amigos actuales, señala Andrew Parker, profesor de liderazgo en la Escuela de Negocios de la Universidad de Durham en el Reino Unido y coautor del nuevo estudio. “En una red de contactos, te conviene tener una relación con alguien en Recursos Humanos, alguien en Finanzas, alguien en Marketing y alguien en Ventas”, me comentó, ya que eso resulta más útil que si todos tus amigos pertenecen al mismo departamento.
También vale la pena considerar las ventajas que los hombres podrían obtener de un enfoque más calculado respecto a las amistades laborales. Un estudio de 2019 estimó que cerca del 40% de la brecha salarial de género en un gran banco comercial podía explicarse por las relaciones sociales entre los hombres y sus superiores masculinos.
La mayoría de las grandes organizaciones cuentan con programas bien establecidos de mentoría y patrocinio para impulsar el avance profesional de las mujeres y de otros grupos de empleados. Según mi experiencia, estos programas logran conectar eficazmente a personal joven con profesionales más experimentados, capaces de ofrecer consejos sobre el funcionamiento de la empresa y sobre quién es quién en ella. No obstante, a menudo tanto el mentor como la persona que recibe la mentoría pertenecen exactamente al mismo departamento o división. Sería beneficioso que no fuera así.
En cuanto a la hora del almuerzo, a veces apetece comer acompañado y otras no. En el mundo laboral actual, hay cuestiones de mayor importancia por las que preocuparse.