Rebaja de las donaciones: una oportunidad para hablar de gobernanza familiar
JOSÉ MARÍA DIEZ SOCIO DE LATHROP MUJICA HERRERA Y DIEZ ABOGADOS
La discusión de la reforma tributaria recién aprobada se ha concentrado en la integración del sistema y la rebaja del impuesto de primera categoría. Hay, sin embargo, otra modificación con efectos muy relevantes para numerosas familias: el régimen transitorio aplicable a las donaciones.
La franquicia, en simple: una rebaja del 50% del impuesto a las donaciones, por una sola vez por donante, para donaciones a hijos, ascendientes y cónyuge o conviviente civil, con un límite del 50% del patrimonio del donante. El plazo: doce meses desde el primer día del mes subsiguiente a la publicación de la ley, y las donaciones anteriores no se acumulan para fijar la tasa. Todo con reglas claras: escritura pública, declaración jurada ante el Servicio de Impuestos Internos y pago previo, sin insinuación judicial.
Se preguntará usted cuánto significa esto en plata. Un padre dona $ 3 mil millones, repartidos entre sus tres hijos. Bajo las reglas permanentes, el impuesto bordea los $ 352 millones; con la franquicia, $ 176 millones. Las cifras son referenciales, pero el orden de magnitud habla solo.
Pero sería un error mirar esta oportunidad solo con la calculadora en la mano.
“Una reorganización patrimonial se parece más al trabajo de un sastre que a la compra de un traje ya hecho: hay telas, cortes y diseños para elegir, pero primero hay que tomar las medidas”.
Para una familia empresaria, donar parte de una sociedad o de las inversiones familiares supone hacerse preguntas más profundas, como ¿qué patrimonio queremos construir?, ¿quiénes deben participar en él?, ¿cómo queremos administrarlo?, ¿qué control conservará la generación actual?, ¿qué reglas queremos para cuando esa generación ya no esté? Es aquí donde la franquicia se transforma en una ocasión para hablar de algo menos glamoroso, pero más importante: la gobernanza familiar.
No todas las familias son iguales ni existe una estructura patrimonial universal. Algunas concentran su patrimonio en una empresa operativa; otras, en inversiones. En algunas, todos los hijos participan en el negocio; en otras, solo uno o dos. Por ello, una reorganización patrimonial se parece más al trabajo de un sastre que a la compra de un traje ya hecho: hay telas, cortes y diseños para elegir, pero primero hay que tomar las medidas.
Una adecuada planificación permite definir derechos económicos y políticos, crear mecanismos de administración y resolución de conflictos, regular la entrada y salida de miembros de la familia y fijar esas reglas mientras quienes construyeron el patrimonio están presentes para explicarlas y legitimarlas. Las conversaciones difíciles conviene tenerlas en vida; los tribunales están llenos de familias que las dejaron para después. En efecto, patrimonio familiar bien organizado puede constituir un proyecto común capaz de sobrevivir varias generaciones; mal organizado, una fuente de conflictos, divisiones y pérdida de valor.
En definitiva, la nueva regulación ofrece una oportunidad que excede con creces su beneficio tributario. Para muchas familias será un buen momento para transferir patrimonio. Pero, sobre todo, puede ser el momento adecuado para sentarse a la mesa y preguntarse: ¿qué queremos construir juntos para la próxima generación?
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok