La economía ha mostrado un muy débil comienzo de año, dando cuenta de caídas relevantes en minería, junto con un magro desempeño del consumo y una marcada pérdida de impulso en la inversión. Más allá de factores puntuales que tuvieron una incidencia determinante, lo cierto es que las cifras continúan revelando limitaciones estructurales de nuestra economía. Las más urgentes se abordan en la ley de reconstrucción nacional recientemente aprobada, que llevará a cambios sustantivos en la cara de la economía hacia los próximos años. Destaco la recuperación de la competitividad tributaria que persigue el proyecto, con la rebaja del impuesto corporativo hasta la tasa promedio de los países de la OCDE, junto con el retorno a un sistema tributario integrado, que genera incentivos para nuevas inversiones.
Así lo demuestra la evidencia que se revela a partir de 2014. El alza de la tasa de impuesto corporativo y la reformulación del sistema tributario aplicado en ese entonces llevó a que el ratio de inversión del país cayera de valores en torno a 25% del PIB a 22% del PIB, reduciendo de manera significativa el potencial de crecimiento de la economía. Esta menor tasa de inversión reflejó, además, la menor certeza jurídica que se instaló en el país, sumada a la carga de la permisología, que encareció y extendió en exceso los procesos para iniciar una inversión y desincentivó las aventuras empresariales.
“Despertar los animals spirits tras su larga hibernación, requiere un precalentamiento previo, que se nutre del análisis de nuevos proyectos y de evaluaciones técnicas”.
Los cambios estructurales que nos trae la megarreforma llevan a que el crecimiento de largo plazo suba de 2% a 3%. A esto se suman medidas transitorias para impulsar la actividad, en particular en el sector inmobiliario y en el empleo de servicios. Pero ¿qué nos falta para dar un salto más potente? Hay que reconocer que superar las fricciones que han limitado el crecimiento de la economía toma tiempo. Despertar los animals spirits tras su larga hibernación, requiere un precalentamiento previo, que se nutre del análisis de nuevos proyectos y de evaluaciones técnicas. Reactivar los círculos virtuosos de crecimiento, de la mano de un mejor ánimo y de nuevos incentivos exige paciencia.
Sin perjuicio de lo anterior, soñar con una tasa de crecimiento cercana a 4% requiere aún más trabajo. El mercado laboral atraviesa hoy una fuerte debilidad, reflejada en tasas de desempleo muy altas. Más allá de la incidencia fundamental que tiene en el bienestar de cada trabajador, el empleo es la principal fuente de impulso para el consumo de hogares. Imprimirle mayor dinamismo requiere bajar el costo laboral, introducir una mayor flexibilidad en los contratos y revisar las indemnizaciones, compensando con un seguro de desempleo robustecido. Solo así podremos aspirar a tasas de desempleo cercanas a 6,5%, valor de equilibrio que veíamos hace algunos años. Es necesario además profundizar y modernizar el mercado de capitales, aún golpeado por los retiros de fondos de pensiones durante la pandemia y políticas que han limitado su desarrollo. Dar espacio a instrumentos financieros más sofisticados y adoptar estándares internacionales es parte de los desafíos que están pendientes. Por último, aunque no menos importante, es clave el control de la delincuencia. Avances en esta dirección no solo mejoran la calidad de vida, sino que impulsan la economía, al reducir riesgos y liberar recursos para el fortalecimiento del desarrollo.