¿Qué tan ocupado vas a estar durante las próximas semanas?
Lo pregunto porque, para muchas personas en Europa y más allá, junio se ha convertido en un mes de actividad desbordante. No se trata solo del cierre de asuntos pendientes de trabajo antes de las vacaciones de verano (boreal). Tampoco se limita a las presiones adicionales que enfrentan los padres durante el período álgido de exámenes escolares, el cual se extiende hasta finales de junio en países como el Reino Unido. El problema radica en que suceden muchísimas otras cosas al mismo tiempo, especialmente cuando se trata de reuniones internacionales.
Este año, aunque no asistas a ningún evento tan grandioso como la cumbre del G7 en Francia -que se celebrará del 15 al 17 de junio-, podrías estar involucrado en los eventos paralelos asociados a dicha cumbre, dirigidos a líderes empresariales y alcaldes de ciudades.
Para los profesionales del sector tecnológico, junio significa la llegada del festival South by Southwest London (SXSW), que concluye apenas dos días antes de la Semana de la Tecnología de Londres que, a su vez, tiene lugar una semana antes de la conferencia VivaTech en París. VivaTech termina justo antes del encuentro sectorial Cannes Lions -conocido como los Óscars de la publicidad-, el cual coincide con la Semana de Acción Climática de Londres (LCAW, por su sigla en inglés)... y así sucesivamente.
“Los estadounidenses han adoptado la costumbre de llamar al mes de mayo “mayociembre”, dado que la vorágine de conciertos y ceremonias de graduación de fin de curso escolar evoca el ajetreo frenético de diciembre, aunque sin los regalos”.
Son tantos los encuentros empresariales que florecen en junio, que tengo colegas en la división de conferencias de Financial Times que, este mes, se encuentran gestionando cinco eventos -en un lapso de 24 horas- repartidos por tres continentes distintos.
Más allá del circuito de conferencias internacionales, otros países tienen su propia versión de esta actividad frenética.
Los estadounidenses han adoptado la costumbre de llamar al mes de mayo “mayociembre”, dado que la vorágine de conciertos y ceremonias de graduación de fin de curso escolar evoca el ajetreo frenético de diciembre, aunque sin los regalos.
No obstante, independientemente del lugar donde uno resida, sospecho que estos meses de hiperactividad cobran un precio en nuestras aceleradas vidas laborales caracterizadas por una mentalidad de “cuanto más, mejor”.
La primera vez que se me ocurrió esta reflexión fue la mañana del 18 de junio del año pasado cuando recibí un correo electrónico de un banco disculpándose por haberme enviado un informe con cifras de inflación totalmente erróneas. Menos de dos horas después, le siguió otra disculpa de una mujer que afirmó que su correo electrónico anterior -en el que mencionaba mi (inexistente) baja por maternidad- había sido uno de los “millones de errores” que ella había cometido esa mañana.
Una hora más tarde, una revista académica se disculpó por haberse equivocado en el tema de una rueda de prensa. Tres horas después de eso, un organismo público comunicó que había enviado la fecha equivocada para su propia rueda de prensa. Mientras me maravillaba ante esta extraña serie de desaciertos, un par de horas después llegó otro correo electrónico más con la palabra CORRECCIÓN en la línea de asunto. Esta vez provenía de una organización de noticias aclarando que el titán de los fondos de cobertura, a quien habían descrito como su director ejecutivo, era en realidad el fundador de su firma.
Comprendí su vergüenza. A nadie le gusta cometer errores, y reconocer tus fallos de inmediato es admirable. Sin embargo, me hizo pensar si algo extraño estaba sucediendo durante aquel ajetreado mes de junio. No es fácil encontrar pruebas sólidas sobre cuáles son los meses más propensos a los errores; no obstante, si te interesa el tema, las investigaciones sí indican que los trabajadores de oficina tienden a cometer más errores por la tarde, especialmente los viernes.
Aun así, a medida que se acercaba el mes de junio de este año, mi trabajo de campo sobre la cuestión no resultaba muy alentador. En mayo comenzó a surgir un flujo constante de disculpas y correcciones y, a medida que se perfilaba el final del mes, éstas alcanzaron un promedio de dos a la semana. Las editoriales imprimieron publicaciones con errores en los nombres de los autores; los bancos enviaron alertas falsas sobre tarjetas bancarias caducadas; las empresas destrozaron sus gráficos, y así sucesivamente.
Sé que estas cosas ocurren todos los meses, y sospecho que un uso excesivamente liberal de la inteligencia artificial podría ser parte del problema. Aun así, si los errores se están volviendo más frecuentes en los meses más frenéticos del año, no sería ninguna sorpresa, tomando en cuenta el estado actual de las rutinas laborales modernas.
Los empleados reciben un promedio de 117 correos electrónicos al día y sufren una interrupción cada dos minutos, reveló el año pasado un estudio de Microsoft. Al menos el 40% revisa su correo electrónico antes de las 6:00 horas, y la proporción de reuniones que se celebran después de las 20:00 horas va en aumento.
Cuando se aproximan las cargas adicionales de “mayociembre” y sus equivalentes, puede que sea necesario tomar medidas extraordinarias. Intenta desconectar al caer la noche, si es posible. Simplemente di “no” siempre que puedas. Pero, por encima de todo, debes estar consciente de que ésta puede ser una época traicionera; así que, antes de pulsar el botón de enviar, revisa, revisa y vuelve a revisar.
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