El nuevo contexto político dará especial relevancia a las cifras que se publicarán la próxima semana. La Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU se prepara para divulgar el índice de precios al consumidor (CPI, por su sigla en inglés) correspondiente a octubre.
El reporte, previsto para el 10 de noviembre, junto con el índice de precios al productor (PPI), que se publicará el viernes 13, permitirá actualizar el panorama inflacionario en EEUU. Un tema especialmente sensible, dado que el “alto costo de la vida” fue uno de los principales factores que movilizaron a los electores a votar contra los republicanos.
La última medición del CPI, correspondiente a septiembre, registró un alza anual de 3,7%, su nivel más alto desde mayo pasado. Si bien la aceleración estuvo impulsada por el aumento de los precios de los combustibles y la energía, la inflación subyacente alcanzó un 2,6% anual, también su mayor nivel en cuatro meses.
El avance de los precios al productor fue aún más pronunciado. El PPI registró un incremento anual de 6,3%, el mayor desde diciembre de 2022. La variación mensual, de 1,3%, fue la más alta desde marzo de ese mismo año, mientras que la medición subyacente alcanzó su mayor nivel desde enero de 2023. Otros indicadores sugieren que las presiones inflacionarias todavía no han terminado.
“Los aranceles y el impacto de los costos del combustible siguieron siendo los problemas más mencionados en las cadenas de suministro de los encuestados. Muchos aún no perciben el impacto total de estos aumentos de costos... Esto indica que se avecina una mayor presión sobre los precios”, reportó Steve Miller, presidente del Instituto de Gestión de Suministros (ISM), al comentar el componente de precios del índice PMI de servicios.
En la misma línea, la última actualización de la herramienta de pronóstico de la Fed de Cleveland anticipa que la inflación continuará acelerándose hacia noviembre. La Casa Blanca espera que esta tendencia se revierta rápidamente una vez que se consolide la caída de los precios del petróleo y los combustibles. Sin embargo, esta semana vimos que una baja de 20% en cinco días en el precio del petróleo crudo no fue suficiente para provocar una disminución significativa de los combustibles en el mercado estadounidense. Una señal de que no bastará con las expectativas de un eventual fin de la guerra en Irán, sino que también serán necesarias pruebas concretas de una normalización de los flujos de suministro y las actividades de refinación.
Si se confirma una aceleración de la inflación en octubre, los líderes del Partido Demócrata, fortalecidos por el resultado electoral, podrían impulsar una agenda orientada al rápido retiro de las fuerzas estadounidenses del Golfo Pérsico y a revertir algunas de las alzas arancelarias.
Sin embargo, creo que la verdadera atención debería centrarse en las mediciones subyacentes. En una primera reacción al resultado electoral, la perspectiva de una rápida caída del petróleo alimentó las expectativas de menores presiones inflacionarias, suficientes para evitar que la Reserva Federal deba adoptar una postura demasiado restrictiva.Pero ¿y si la inflación responde a factores que van más allá del precio del petróleo? La respuesta a esa pregunta no solo dará forma a la agenda política de los próximos dos años, sino que también determinará las decisiones de la Fed. Precisamente, la gran obsesión de los mercados.