La creación de empresas en Chile registra una aceleración inédita. Según un estudio de Unholster realizado para DF, entre enero y agosto de 2026 se constituyeron 148.405 nuevas sociedades, lo que representa un alza del 11,5% respecto del mismo período del año anterior.
Hoy se crea casi el triple de empresas que hace una década. A partir de octubre de 2024, el país pasó de un promedio de 13 mil a un piso de entre 17 mil y 18 mil nuevas empresas mensuales, ritmo que se sostiene hasta la fecha.
Con una economía que necesita recuperar dinamismo, la pregunta es si este volumen puede traducirse en crecimiento. Para el economista y director de data science de Unholster, Cristóbal Huneeus, es “una señal favorable, porque una mayor entrada de actores amplía la competencia y la posibilidad de nuevos negocios”.
Pero advirtió que “por sí sola no basta. El crecimiento depende de que una fracción de estas empresas escale en ventas, productividad y empleo, y Chile históricamente tiene dificultades en ese tramo”.

Katia Trusich, directora ejecutiva de Grande Pyme. Cristóbal Huneeus, director de Data Science de Unholster. Nicolás Shea, presidente de la Asech. Fotos: Verónica Ortíz y Julio Castro
¿Oportunidad, necesidad o refugio?
Detras las cifras no hay un solo factor. El presidente de la Asociación de Emprendedoras de Chile (Asech), Nicolás Shea, planteó que “conviven tanto la oportunidad como la necesidad, sumadas a un tercer factor clave: la búsqueda de ingresos complementarios”. La digitalización y la inteligencia artificial (IA) redujeron drásticamente las barreras de entrada, pero, al mismo tiempo, el encarecimiento de la vida ha empujado a trabajadores formales a emprender para llegar a fin de mes.
En una línea similar, Huneeus agregó una distinción clave: “Lo importante es no confundir crear una empresa con crear empleo, muchas de estas sociedades serán vehículos de autoempleo sin trabajadores”.
La directora ejecutiva de Grande PYME, Katia Trusich, lo conectó al mercado laboral. “Cuando una economía crea empresas a ritmo récord y el número de ocupados cae, una parte importante de este emprendimiento es refugio”, señaló. El contexto la respalda: la Encuesta de Microemprendedores del Instituto Nacional de Estadísticas (INE detalla que el 49,4% partió por necesidad y solo el 34,8% por oportunidad); y el Banco Central informa que el 61,5% de las empresas vigentes no tiene trabajadores.
A pesar de las dudas, hay una buena noticia. Según Unholster, el 75% de las nuevas sociedades efectivamente inició actividades ante el Servicio de Impuestos Internos (SII) durante este año, frente al 56% que lo hacía en 2017. Hoy existe un 12% más de empresas operativas en comparación con 2025.
Para Huneeus, “la mayoría no se crea solo en el papel, se constituyen para operar y facturar”. Aunque aclaró: “Iniciar actividades es la puerta de entrada, no la prueba de que el negocio funcione”.
El dinamismo está descentralizado. En 14 de las 16 regiones, las comunas periféricas crecen más rápido que sus capitales. En Los Ríos, Valdivia creció 33% y el resto de la región 53%; en Ñuble, Chillán subió 40% y el resto 55%. En la Región Metropolitana el polo histórico (Santiago, Providencia y Las Condes) aumentó 29%, superado por el alza de 41% en las demás comunas.
“En parte puede ser un efecto de base, porque parten de menos, pero también sugiere que el emprendimiento formal se está extendiendo fuera de los centros tradicionales”, señaló Huneeus. Aunque precisó que se considera domicilio tributario “que no siempre coincide con dónde opera la empresa”.
Shea lo atribuyó a la digitalización de los trámites, que permite crear empresas en minutos desde cualquier lugar, y a menores costos fijos que las zonas alejadas. Pero advirtió que no equivale a equidad económica. “El crédito bancario y el capital siguen estando fuertemente concentrados en las capitales, donde se evalúa el riesgo con lógicas centralizadas”.
También cambia la matriz de rubros. Más de 200 empresas creadas este año incluyen la sigla “IA” en su nombre, y en la macrozona sur, entre 2024 y 2026, el área de información y comunicaciones subió 153% y las actividades profesionales un 57%.
La caja: el mayor obstáculo del primer año
Iniciar actividades toma un día, pero el primer año es implacable y el flujo de caja es decisivo. “Una PYME puede vender bien y aun así cerrar si le pagan tarde”, sentenció Trusich. “Cuando un cliente se demora en pagar, esa espera la financia la PYME con su propio patrimonio. Para una pequeña y mediana empresa nueva, cobrar a tiempo vale tanto como vender”, agregó. Por esto, Grande PYME propone que el Estatuto PYME 2.0 incluya el pago efectivo a 30 días y una plataforma pública con plazos reales de pago.
Shea sumó un problema de alfabetización financiera: “Se confunde facturación con utilidad y se desatiende el desfase de liquidez, cobrar a 30 o 60 días mientras los costos corren al contado. En el primer año, las PYME no quiebran por no tener un buen producto: quiebran porque se les acaba la caja antes de aprender a vender y administrar con disciplina”.
Huneeus explicó que el estudio no mide cuánto tiempo permanecen operando, porque hay que distinguir entre “dejar de vender, dar término de giro y disolver la sociedad”.
Una línea de trabajo futura sería seguir a estas empresas “para conocer cuántas permanecen activas al año, a los tres y a los cinco años, y cuántas logran crecer y contratar trabajadores. Este seguimiento permitiría entender cuánto de este dinamismo inicial se traduce en actividad económica sostenida”, dijo.