Octubre de 2026 quedó marcado como el más lluvioso del que se tenga registro en Santiago. El hito meteorológico trajo consigo un aluvión que arrasó con viviendas y vehículos en San Carlos de Apoquindo, intensas granizadas que causaron graves daños en cultivos e invernaderos del Maule y un tornado que dejó decenas de casas dañadas en Requínoa, Región de O’Higgins.
No hay que retroceder mucho para encontrar otros ejemplos de la vulnerabilidad del país. En julio, un intenso temporal provocó inundaciones, activación de quebradas y 13 víctimas fatales en Coquimbo.
Tras más de una década de sequía, estos episodios ponen de manifiesto la necesidad de prepararse para fenómenos extremos que pueden afectar simultáneamente a las personas, la infraestructura y los sectores productivos.
Sobre estos riesgos y la urgencia de actuar conversó con DF la profesora titular del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, Laura Gallardo, quien también es vicepresidenta del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), dedicado a evaluar los impactos, la vulnerabilidad y la adaptación.
La científica advirtió sobre las consecuencias de postergar las inversiones necesarias y cuestionó los recortes presupuestarios destinados a la acción climática, en momentos en que enfrentar el cambio climático resulta cada vez más urgente y, no hacerlo, mucho más costoso.
- ¿Cuál es su lectura del presupuesto presentado por el gobierno que contempla una reducción de 59% en la partida de Cambio Climático y Contribución Determinada a Nivel Nacional, 19,3% en Adaptación y Mitigación y 24,9% del Fondo de Protección Ambiental?
- Eso suena a una suerte de disociación cognitiva.
Una de las buenas señales que dio Chile en la discusión del Panel en Etiopía en octubre es que la ministra de Medio Ambiente firmó una carta apoyando la acción climática, que -por cierto- ha sido la política de Estado de Chile durante 40 o 35 años.
Entonces yo no entiendo eso y simultáneamente reducir de esa forma estas partidas que son claves.
En general, el Ministerio de Medio Ambiente es de las partidas más pequeñas del presupuesto del erario nacional. Está muy cerca de la línea de la pobreza.
Entonces, me parece contradictorio. Creo que puede traer muy malas consecuencias.
Bajar la plata de la contribución nacionalmente determinada significa no poder definir buenas medidas de adaptación y mitigación para Chile, o no hacerlas de la mejor manera posible.
No veo que esos recursos vayan a poner en cuestión el balance económico del país.
- ¿El no invertir ahora puede resultar más caro después?
- Exactamente. Hay que decirlo con todas sus letras: enfrentar el cambio climático no es gratis, pero no hacerlo es mucho más caro, porque cada vez es peor y cada vez es más caro, y no es lineal, es exponencial.
Lo que está costando este Niño, en parte por lo que le costó a la minería... Son cientos de millones de dólares. Te aseguro que el presupuesto del Ministerio no son cientos de millones de dólares. Ni siquiera sumado al de Economía o al de Minería. No andamos en esa cifra.
Por supuesto, no es solo el costo económico, es también el costo en personas, en ecosistemas de los cuales dependemos.
Yo entiendo que hay que hacer ahorros, que los recursos siempre son limitados.
Pero, de hecho, cortar los presupuestos de manera pareja para todos los ministerios, no me parece. Hay algunos ahorros con los que, finalmente, nos disparamos en los pies.
- A medida que avanza el cambio climático, ¿qué podemos esperar para Chile?
- Las proyecciones dicen que bajo estos niveles de calentamiento la frecuencia de eventos extremos de precipitación y sequía van a aumentar.
En la medida que mantengamos los niveles de inequidad en los que vivimos, los niveles de mala educación y nuestra falta de implementación de planes de adaptación y planes de mitigación, eso va a redundar en una mayor vulnerabilidad.
Las cosas se van a ir poniendo cada vez más color hormiga, porque finalmente estamos haciendo de este mundo uno más difícil para adaptarnos.
Si quieres adaptarte a la sequía, quizás puedes diseñar medidas, pero si te tienes que adaptar a la sequía interrumpida por precipitaciones muy intensas, con la isoterma muy arriba, tienes que hacer las dos cosas al mismo tiempo.
Hay que prepararse, no solo en términos de infraestructura, de la respuesta al día siguiente.
En los cerros cercanos a San Carlos de Apoquindo tuvimos un incendio en el verano. En ese escenario sabíamos que había una alta probabilidad de que en invierno tuviéramos un aluvión, porque se saca la cubierta vegetal y el agua va a escurrir de una manera distinta.
Se iban a instalar unas mallas como para atajar ese tipo de cosas, pero la implementación no estuvo y Apoquindo esencialmente es una quebrada, es la continuación de una quebrada. Los incas habían hecho un canal ahí, no de casualidad.
En Chile hay planes de adaptación a lo largo de los años. La Ley de Cambio Climático ha hecho que los ministerios empiecen a prepararse. Se ha tratado de que haya colaboración interministerial, porque no es que se afecte el asfalto o las casas o las comunicaciones o la salud. Se afectan todas esas cosas al mismo tiempo.
El asunto es que los planes se implementen. A veces nos quedamos con planes, pero falta hacer las inversiones, las que -por cierto- son infinitamente más baratas que arreglar todo después.
A medida que pasa el tiempo, la adaptación se vuelve más cara. Mira lo que le ha costado a la minería simplemente el hecho de no poder trabajar, de no llegar a la mina, de no poder producir. Esta cuestión ya nos ha costado una barbaridad de dinero.
“Bajar la plata de la Contribución Determinada Nacional (en el Presupuesto 2027, presentado por el gobierno) significa no poder definir buenas medidas de adaptación y mitigación para Chile, o no hacerlas de la mejor manera posible”.
- ¿Qué otros sectores productivos se verán afectados?
- El sector productivo en general se va a ver afectado. La minería, la pesca... el mar es uno de los sistemas más afectados, porque estamos perdiendo oxígeno en los océanos.
Además, vivimos más de 10 años de sequía y, sin embargo, todavía no terminamos de resolver la toma de decisiones respecto del agua. Seguimos teniendo una multitud de autoridades. Seguimos otorgando derechos de agua donde ya no hay agua.
Si bien este año hemos tenido grandes precipitaciones en Chile central y norte, ya tuvimos un análogo, que son estas sequías muy prolongadas. Por lo menos para Chile central es probablemente eso lo que va a ocurrir en el futuro: sequías muy largas, pero interrumpidas por vendavales.
Hacia la zona más patagónica también se suman problemas que tienen que ver con el cambio del nivel del mar. La Antártica está ahí medio derritiéndose.
En nuestro norte es más difícil decir qué va a pasar, pero probablemente se verá muy afectado por lo que esté ocurriendo en el Amazonas.
Los equilibrios son súper delicados y están todos alterados hoy por hoy.
Ya hemos venido viviendo incendios y aun así no tenemos suficiente cuidado respecto del uso de los territorios. No soy de las personas que diga que se acaban las plantaciones de pino y eucaliptus. Yo creo que se pueden mantener, pero posiblemente no en las extensiones y en los lugares donde están hoy día.
Unos años después del incendio de Santa Olga en 2017 pasé por ahí y estaban plantando pinos de nuevo, exactamente donde mismo. Eso es porfiarle a la naturaleza, pero la naturaleza es más porfiada que nosotros.
Tenemos que ser extraordinariamente más cuidadosos y cuidadosas con esas cosas y ponerle más inteligencia al negocio. Probablemente hay que empezar a plantearse cómo transformar las industrias.
- ¿Hay algún sector que haya comprendido mejor el desafío y se esté adaptando mejor?
- La producción de vino ha sido una de las industrias más atentas y más tempranas en empezar a abordar el asunto.
De hecho, han cambiado. Ya no tienen las tierras todas en Chile central, se han ido al sur también. Y están ensayando con producción ya no solo de vinos tintos, sino que también de vino blanco, por ejemplo. Llevan más de 10 o 15 años en eso. Ese creo que es un buen ejemplo.

IPCC: “Está en riesgo una de las pocas herramientas que nos hemos dado como humanidad para la toma de decisiones”
Mientras el escepticismo gana terreno en la discusión pública y algunas empresas abandonan sus compromisos ambientales, Laura Gallardo advirtió sobre el deterioro del debate. “Hoy día la discusión está polarizada y estupidizada. Hay una baja en la calidad de los argumentos. La discusión es sobre quién habla más fuerte”, señaló.
Sin embargo, aseguró que la evidencia científica no ha cambiado: “No hay nada que nos haga arrepentirnos de lo que fue el resultado del IPCC, donde la evidencia muestra de forma inequívoca e irrefutable que hay un impacto humano sobre el sistema climático”.
A su juicio, los fenómenos extremos registrados este año, reforzados por un evento de El Niño sin precedentes, anticipan lo que viene. “Es como una sinopsis de lo que vamos a vivir en los próximos años”.
En ese escenario, el propio Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) enfrenta dificultades para continuar su trabajo. El organismo, que reúne y evalúa la evidencia científica sobre el calentamiento global y sus posibles soluciones, está afectado tanto por la reducción de recursos como por las diferencias entre gobiernos.
Estados Unidos, uno de sus principales contribuyentes durante casi cuatro décadas, se retiró y dejó una merma de entre 25% y 30% de su financiamiento. A ello se suma una disputa sobre el calendario de entrega de los informes: si estarán disponibles antes o después del segundo Global Stocktake (Balance Mundial), previsto para 2028, cuando se evaluarán los avances de los países frente al cambio climático.
“Hay algunos países, por ejemplo, los que son una isla, que están en situaciones francamente desesperadas. Ellos querrían tener ayer esta información. Pero hay otros que no están muy de acuerdo en adelantarse, incluso querrían aplazarlo o quizás no hacerlo nunca”, explicó.
La falta de acuerdo amenaza las próximas actividades del IPCC. Según Gallardo, la secretaría termina su período el 31 de diciembre y probablemente no podrá realizarse una reunión de autores prevista para enero en Guatemala, pese a las inversiones que ese país hizo para recibirla. Los informes, entretanto, ya avanzan hacia su segundo borrador.
La científica subrayó la magnitud de lo que está en juego: “El IPCC no da un informe más, es el instrumento más revisado de la historia de la humanidad”. Cada grupo de trabajo involucra a unas 1.000 personas o más, entre autores y revisores, y sus documentos son examinados por cientos o miles de especialistas.
“Todo eso hoy en día está pendiendo de un hilo”, advirtió. La continuidad de las actividades depende ahora de que los gobiernos acuerden un plan de trabajo y su presupuesto. “Hemos llegado tan lejos con esta polarización que estamos poniendo en riesgo una de las pocas herramientas que nos hemos dado como humanidad para la toma de decisiones frente al cambio climático”.