Primera etapa
Equilibrio entre planeta y sociedad
Este escenario retrata la relación equilibrada entre producción y medio ambiente. Por medio de la sostenibilidad y la adopción masiva de la economía circular se ha revertido, en gran medida, la crisis climática. Con ello, se pausa la pérdida de la biodiversidad y los ecosistemas entran en fase de recuperación.
Restricciones sociales severas
El cambio climático llegó a un punto de no retorno, y las políticas ambientales extremas evitan el colapso sin revertir el deterioro. Las empresas se modernizan con tecnologías limpias y la población vive bajo severas restricciones, similares a la pandemia. Para sobrevivir, las empresas deben priorizar la sostenibilidad y construir cadenas de suministro resilientes.
Colapso ambiental y social
La crisis climática irreversible provoca escasez de agua, alimentos y energía. La población enfrenta inseguridad, desplazamientos forzados y violencia, con comunidades organizadas para proteger recursos básicos y gobiernos debilitados. En Chile, la población migra hacia zonas extremas en busca de recursos y mínimas posibilidades de supervivencia.
Progreso social a costa del medio ambiente
El aumento de consumo genera un auge de comercio que se satisface por medio de la explotación de recursos naturales. El ecosistema se deteriora, empeora la calidad del aire, el acceso a agua es limitado y la pérdida de biodiversidad está en niveles críticos.
Flujo migratorio constante y masivo
El cambio climático y la geopolítica provocan migraciones masivas. Mientras Europa y Norteamérica cierran sus fronteras, Chile recibe a más de 2 millones de migrantes en tres años, lo que sobreexige servicios y genera precarización laboral, informalidad y desafíos de integración.
Migración interna
A raíz del cambio climático y la presión de migrantes externos en las grandes ciudades, los migrantes chilenos se asientan al sur del Biobío. Transformando así la zona en un polo poblacional y de desarrollo productivo. Las empresas deben gestionar una fuerza laboral móvil, generando inestabilidad en la planificación operativa.
Dificultad extrema para atraer talento joven
Tras una década de caída de la natalidad y una emigración de jóvenes altamente calificados, la población joven en Chile se ha reducido drásticamente. Quienes se quedan, rechazan las carreras tradicionales y prefieren opciones de menor responsabilidad. Las empresas no encuentran suficiente talento joven y enfrentan una crisis de relevo.
La pirámide corporativa se desvanece
La pirámide corporativa tradicional se diluye: los jóvenes se resisten a iniciar carreras corporativas y los mayores de 60 o 65 años siguen trabajando, frenando la renovación. Las empresas deben retener a los seniors, ofrecer trayectorias flexibles a los jóvenes, replantear el liderazgo y reentrenar a los trabajadores mayores.
Ley de cuota senior
Por el envejecimiento demográfico (esperanza de vida sobre 85 años y un tercio de la población mayor), crece la presión social por inclusión laboral de la tercera edad, y el Congreso impone una cuota del 30% de trabajadores mayores de 60 años. Las empresas deben adaptar sus procesos, crear entornos inclusivos y aprovechar la experiencia senior.
Educación Bite-Sized
El reskilling constante se vuelve imprescindible y se consolida la educación Bite-Sized, formación breve de habilidades concretas. Los trabajadores viven microciclos de tres años (dos de trabajo, medio de descanso y medio de formación). Las “stackable credentials” reemplazan a los títulos y las personas se definen por sus habilidades certificadas.
DEI (diversidad, equidad e inclusión) extremo
En un futuro donde las políticas DEI se radicalizan, Chile aprueba la Ley de Cuotas Representativas Netas, que obliga a las empresas a reflejar la composición demográfica nacional en su plantilla. Esto pone en riesgo la contratación por mérito y vuelve codiciados a candidatos que, sin las competencias adecuadas, permiten cumplir las cuotas.
Semana de 20 horas
Por la presión ciudadana y el aumento de productividad con IA, una ley limita la jornada a 20 horas semanales, controlada para impedir el multiempleo. Las empresas enfrentan equipos que no coinciden en horarios, líderes con menos capacidad de gestión continua y pérdida de pertenencia, con el riesgo de fragmentarse y debilitar su identidad corporativa.
El florecimiento de lo humano
La reducción extrema de la jornada convierte el trabajo en una parte más de la vida, y no en el eje de la identidad. Con más tiempo libre, las personas valoran el ocio, el crecimiento personal y sus vínculos. Las empresas deben motivar a trabajadores que ya no hallan en el empleo su principal propósito y lograr que trabajar siga teniendo sentido.
Vacío de talento
La IA de Google, Meta y Microsoft provoca una pérdida masiva de empleos, y el Estado chileno responde con altos impuestos a esas empresas para financiar un Ingreso Básico Universal incondicional. El efecto adverso es que muchos dejan de buscar trabajo, por lo que las industrias no automatizadas, sufren una crítica escasez de mano de obra.
IA de punta a punta
La IA complementa a los trabajadores como herramienta indispensable. Está presente en toda la cadena de valor y en todas las industrias, asume tareas rutinarias y funciones como el análisis de datos, la generación de contenido y las decisiones estratégicas. Casi nadie trabaja sin su asistencia, lo que dispara la productividad y el crecimiento económico.
El fin gradual del trabajo
Durante los próximos 10 a 20 años, la IA será capaz de reemplazar al ser humano en funciones cotidianas y complejas. Gradualmente se devalúa el valor del trabajo, pues los sistemas inteligentes son mucho más eficientes. Lo que en un inicio era una optimización terminó quitando campo laboral a las personas.
El fin abrupto del trabajo
En un escenario poco probable, la IA logra en menos de cinco años ejecutar casi todas las tareas laborales humanas. Las empresas que automatizaron primero ganaron ventaja y transformaron industrias en meses, sin dar tiempo a adaptar el mercado laboral. Para Chile surge la duda: ¿cómo sostener el consumo sin empleo y qué rol tendría la empresa?
Humanos como rostros
En este futuro, la IA hace casi todas las tareas, pero las personas siguen en roles de interacción directa como relaciones públicas, porque confiamos más en humanos. Hasta los CEO son solo “rostros” y la IA decide la estrategia. Las habilidades técnicas pierden valor: empatía, comunicación y apariencia se pagan bien, y cambia la selección de talento.
División del front y el back
En un futuro similar, la IA asume casi todas las tareas, pero no opera del todo sola. Surgen nuevos roles como, formadores de IA y analistas o científicos de datos que colaboran con ella. La fuerza laboral se divide en dos: el “front”, rostros visibles que interactúan con el público, y el “back”, que apoya a la IA casi sin roles intermedios.
Colectivización del logro
Con la IA haciendo casi todo el trabajo cognitivo, las empresas adoptan estructuras más planas, todos cumplen roles relacionales y saben que las decisiones las toman los sistemas digitales. El éxito pasa a verse como logro colectivo y desaparecen los “empleados estrella”, pues se desvaloriza el ascenso individual.
Automatización de la investigación
La IA podría reemplazar a científicos e ingenieros en investigación y desarrollo (I+D). La computación cuántica, con chips como Majorana 1 de Microsoft, permitirá simulaciones y análisis que antes eran inalcanzables. Esto supondría un escenario muy positivo para las empresas y el crecimiento de las organizaciones.
Singularidad
El crecimiento acelerado de la IA la vuelve capaz de optimizarse a sí misma, dicha automejora progresiva permitirá que el sistema crezca de manera exponencial. Este fenómeno es conocido como “singularidad” en el mundo matemático. La mejora descontrolada de la inteligencia artificial desencadena una incertidumbre total sobre sus límites y capacidades.
El hundimiento de la innovación
Aunque parezca contraintuitivo, la IA podría desincentivar la innovación. Si permite hacer ingeniería inversa barata, la competencia replicará estos avances por un costo mínimo, erosionando incentivos económicos y los esfuerzos por desarrollar nuevas tecnologías produciendo un estancamiento tecnológico prolongado y frenando la economía global.
Post brand economy
En este escenario, los consumidores delegan la labor de compra a agentes de IA autónomos, que priorizan calidad, precio y reviews. Esto altera la lógica de mercado: las marcas pierden peso, los mercados se desregulan y retail, logística y finanzas desaparecen. El branding se vuelve irrelevante y las marcas pequeñas compiten en igualdad de condiciones.
Salto al metaverso
En otro escenario, los vínculos comerciales siguen siendo gestionados por humanos pero por medio de entornos digitales inmersivos (“metaverso”). El mercado laboral comienza a funcionar a nivel global, sin restricciones geográficas. Además, las interacciones a través de avatares permiten comunicarse sin revelar su identidad real con un alto grado de privacidad.
Un mundo gig: Me.inc
El mundo laboral se mueve hacia las subcontrataciones y los contratos temporales. Las empresas reclutan trabajadores de habilidades específicas por menos de tres meses y de cualquier lugar del mundo. Los profesionales se adaptan de manera autónoma, gestionando su carrera como una empresa, este modelo permite flexibilizar y diversificar las empresas.
Un mundo gig de equipos: Us.inc
Como alternativa al escenario anterior, las empresas contratan equipos multidisciplinarios cohesionados y sin fronteras, “células permanentes” que actúan como unidades indivisibles. Responde al deseo de pertenencia, se integra rápido y mejora los resultados. Los desafíos son adaptar los procesos y cumplir normas en varias jurisdicciones.
Matching automatizado de talento
Como resultado del mundo GIG, plataformas tipo LinkedIn, con procesamiento de IA y datos de redes sociales, seleccionarían al trabajador o equipo ideal en tiempo real, sin errores y a precio justo. En la actualidad, ya existen plataformas como Career Dreamer de Google o Relink, en Chile, ambas encargadas de conectar habilidades con oportunidades.
Control digital completo
Los avances tecnológicos permiten controlar el entorno laboral, incluyendo la gestión y supervisión de los colaboradores. Pueden analizar su comportamiento y predecir su desempeño. Además, la incorporación de biosensores monitorea indicadores fisiológicos que influyen en su rendimiento. Este nivel de automatización aumenta la vulnerabilidad a ciberataques.
Global digital tax wars
En este escenario, las empresas contratan talento sin fronteras, priorizando jurisdicciones con menores costos, impuestos y regulaciones más flexibles. Los gobiernos alteran sus políticas y compiten por atraer a las empresas, generando volatilidad regulatoria. Ganan las firmas con mayor capacidad de monitoreo de normativas y reconfiguración de sus equipos.
Sindicatos sin fronteras
Consecuencia del rápido aumento de contratos sin límites, se debilitan los sindicatos tradicionales. Surgen sindicatos globales, organizados por industrias, que usarían IA para analizar datos salariales, brechas salariales o prácticas injustas. Así imponer estándares mínimos universales.
La disolución de la ciudad
Las ciudades nacieron como puntos comerciales y crecieron con la industrialización, pero la automatización y el trabajo remoto globalizado podría disolverlas. La mayor parte del mundo viviría en comunidades pequeñas e independientes, con IA que gestione logística y recursos. Esto alteraría la cultura, las relaciones sociales y la identidad comunitaria.
Crisis de pertenencia
Los vínculos humanos en el mundo laboral se han reducido y con ello el sentido de comunidad y pertenencia en las organizaciones. La automatización, la economía GIG, el trabajo sin fronteras, la semana laboral reducida y la inmigración sin integración, potencian la pérdida de cohesión interna, identidad corporativa y hasta el concepto de empresa podría desaparecer.
El gran apagón
El desarrollo acelerado de las computadoras cuánticas rompe los cifrados tradicionales, desencadenando la mayor crisis de ciberseguridad de la historia. Una serie de ataques coordinados deja inoperativos por siete días sistemas como Google. Provocando un apagón digital global que paraliza empresas y logística, elimina a compañías y desata escasez.
Economía de oscilación extrema
Este escenario plantea volatilidad extrema y una economía inestable producto de un cambio climático más intenso, que genera ciclos de auge y caída. Una IA desata la “destrucción creativa”, permitiendo a las startups desplazar a las grandes empresas. Los estabilizadores tradicionales son insuficientes en un escenario de caos total.
Segunda etapa
(Nuevos escenarios)
Un agente para cada trabajador
Cada trabajador cuenta con un agente de IA que actúa en su nombre, un sistema autónomo que decide, negocia contratos y advierte sobre riesgos. Recursos Humanos ya no negocia con personas sino con sistemas. Los sindicatos quedan obsoletos, porque su rol ahora lo cubre un sistema individual a costo nulo. La posición de un trabajador depende de la calidad de su agente.
La fuga invisible de talento
Chile pierde a sus mejores trabajadores sin que se muevan del país, el trabajo remoto permite ser contratado por una empresa extranjera sin visa ni traslado. La dinámica opera en ambas direcciones, porque las mismas condiciones permiten contratar afuera talento antes inalcanzable, muchas veces por menos que el equivalente local.
La empresa como escuela
El sistema educativo actualiza sus programas en años, mientras las habilidades del mercado cambian en meses. Frente a ese desfase, las empresas dejan de esperar y construyen su propio sistema educativo diseñado para el mercado. La formación deja de ser un bien público, pierde su propósito de formar personas y pasa a ser un instrumento al servicio de quien la financia.
Colapso de la educación superior
El sistema de educación superior pierde sentido en este escenario. Los contenidos técnicos caducan en meses, la IA enseña de forma personalizada y las empresas dejan de exigir títulos para evaluar capacidades demostrables. ¿Por qué alguien invertiría cinco años y millones de pesos en una carrera cuyo contenido estará obsoleto antes de la graduación?
La fatiga del vínculo
En un mundo donde la IA aporta conocimiento técnico, el trabajador aporta presencia y capacidad de generar confianza. Se les paga por su empatía, lo que detona un profundo desgaste emocional por sostener jornadas completas de cordialidad genuina. El desgaste crece de manera invisible, impacta los indicadores de productividad y se manifiesta en la vida privada.
La epidemia de la soledad
El trabajo remoto reduce la socialización adulta a reuniones por pantalla, generando total ausencia de vínculos. Los jóvenes llegan a la adultez sin aprender a interactuar y buscan volver a la presencialidad. Crecen las cifras de ansiedad y depresión, la psicología se vuelve una profesión cotizada. Aumentan las licencias, la rotación y la caída de productividad.
Abstinencia digital
La saturación de las pantallas lleva a la población a reducir al mínimo su contacto con la tecnología: limitan horarios, abandonan las redes, vuelven a leer en papel, prefieren trámites presenciales o migran a oficios manuales. Los trabajadores rechazan las aplicaciones y reuniones virtuales, y los clientes abandonan plataformas y exigen atención presencial.
Hecho por humano
La producción con IA transforma lo hecho por humanos en sello de lujo y autenticidad. Resurgen oficios que parecían extintos y saberes ancestrales se revalorizan. Los consumidores están dispuestos a pagar más por elaboraciones manuales y artesanales, porque representan lo humano.
El renacimiento del trueque
La reducción masiva de empleo empuja a las comunidades a organizar un sistema económico paralelo, basado en el trueque de bienes y servicios, facilitado por plataformas digitales. La economía se divide en circuito: formal y monetario, e informal y comunitario. Lo que antes se adquiría a través de la compra, ahora se produce dentro de la propia comunidad.
Tecno-aldeas
El auge del trabajo remoto impulsa las “tecno-aldeas”, comunidades formadas por afinidad valórica, que combinan naturaleza, conectividad y servicios.. Sin embargo, este modelo evidencia altos costos con el tiempo: migración desbordada, eleva el precio de la tierra, y enfrenta a las organizaciones al desafío de operar con trabajadores dispersos.
El liderazgo líquido
La estructura jerárquica pierde sentido cuando los equipos se arman y disuelven por proyecto. La autoridad comienza a depender de la pertinencia, lidera quien domina el problema del momento. Un ingeniero encabeza una fase técnica y en la siguiente un diseñador, sin que eso sea un descenso. El modelo exige ceder el mando y las carreras pierden su referencia habitual.
La extinción de los jefes
Las nuevas generaciones no ven el liderazgo como un premio sino casi como un castigo. Quien lidera debe encabezar equipos de distintas generaciones y en distintas modalidades. Deben ser empáticos pero exigentes, y que logren completar todo en jornadas reducidas. Por esto, los jóvenes prefieren trayectorias técnicas antes que asumir esa carga.
La generación sin pensión
Los sistemas de pensiones suponían cuarenta años de trabajo estable con cotización mensual, algo que ya no se cumple. Con jornadas reducidas, trabajo por proyectos y horas pagadas fuera del sistema, los aportes caen mientras la esperanza de vida sube. Muchos llegan a la vejez sin ingresos básicos y dependen de hijos, comunidades o subsidios.
El país se queda sin gente
Chile registra más muertes que nacimientos, y la inestabilidad laboral posterga la decisión de tener hijos. Sus efectos tardan una generación y son irreversibles: la fuerza laboral se contrae más allá de lo que la automatización puede cubrir, cierran escuelas y los pueblos quedan habitados por ancianos.
Las castas del trabajo
El mercado laboral se divide en dos. En la “línea de atención”, quienes venden y representan a la empresa concentran sueldo, prestigio y poder por la confianza que generan. En la “trastienda”, los técnicos que operan la IA son intercambiables. La sociedad es dividida desde la etapa escolar, según los atributos individuales.
El abismo
La desigualdad es evidente, unos controlan la producción global con mínima intervención humana, hiperconectados y con salud de precisión, educación personalizada y mejoras genéticas. Otros, sin ingresos ni capital, subsisten en economías regionales. Al no necesitarse, desaparecen las disputas clásicas y quedan dos mundos sin contacto.
Ingreso básico universal
La IA multiplica la riqueza, pero el desempleo reduce el consumo y amenaza el sistema. Para evitarlo, el Estado grava la automatización para financiar un ingreso básico universal. Sin embargo, la inflación erosiona este beneficio, empujando al autoempleo y otorgando al gobierno un control sin precedentes sobre la población.
Las horas clandestinas
La fiscalización digital de las jornadas máximas genera un mercado clandestino de horas extras ilegales mediante identidades prestadas o software que simula inactividad. Esto deja a los trabajadores sin cobertura ni cotizaciones, crea competencia desleal entre empresas y expone la incapacidad del Estado para equilibrar la libertad laboral con el reparto equitativo del empleo.
La guerra del agua
El agua comienza a definir la economía, la distribución territorial y el poder político. Su escasez desata conflictos entre minería, agricultura e industria tecnológica y comunidades, dando pie al robo industrial y a mercados negros. Mientras los dueños de derechos hídricos negocian con el Estado, la población se ve forzada a migrar persiguiendo el agua.