Dos realidades opuestas está dejando el deterioro del mercado laboral. Mientras entre los chilenos la tasa de desempleo se empinó hasta 9,9% y quedó virtualmente en los dos dígitos, entre los extranjeros la historia es otra: el indicador cayó y se situó en 6,5%, según constataron las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Niveles que se tradujeron en que la desocupación de los trabajadores locales aumentó 1,2 puntos porcentuales, desde 8,7%; en tanto que aquella de quienes vienen del exterior retrocedió 1,9 puntos, desde 8,4%.
Pero detrás de esta aparente mejoría entre las personas migrantes hay varios elementos que matizan el panorama.
El director del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), Juan Bravo, explicó que el contraste responde a que la fuerza laboral chilena creció 0,9% anual en julio y el empleo descendió 0,3%; y entre los extranjeros ocurrió lo contrario: la primera disminuyó 1% y la ocupación subió 1,1%.
“Tenemos claramente un panorama dual, donde la fuerza laboral de nacionalidad chilena sube fuertemente su tasa de desempleo y, en cambio, en el segmento de extranjeros se está reduciendo de manera muy importante”, planteó.
El factor venezolano
Pero ¿qué está ocurriendo?
Para Bravo, una parte importante de la dinámica observada la protagoniza la población venezolana residente en el país.
Actualmente, las cifras oficiales muestran que hay 1.097.082 extranjeros en la fuerza laboral, de los cuales poco más de 1,02 millones están ocupados. Los desocupados, en tanto, disminuyeron 23,6% en doce meses.
De acuerdo con los cálculos del economista a partir de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), ya se acumulan nueve meses consecutivos de caída tanto de la población venezolana como de su fuerza laboral. Esta última disminuyó 8,2% en doce meses.
“Este fenómeno no ha parado. Claramente no era algo transitorio ni puntual, esto ya es una tendencia”, afirmó. Y precisó que la reducción de la fuerza laboral venezolana no obedece principalmente a que esas personas estén pasando a la inactividad, sino a una reducción de esa población en Chile.
Por ello, agregó, el efecto sobre las cifras agregadas es relevante debido al peso que tiene esta comunidad. De los casi 1,1 millones de extranjeros que integran actualmente la fuerza laboral, unos 500 mil son venezolanos, es decir, cerca de la mitad.
De hecho, Bravo calculó que si se excluye a los venezolanos, la fuerza laboral del resto de los extranjeros está creciendo 6,1% anual.
“Como la comunidad venezolana pesa tanto en la fuerza laboral extranjera en Chile, al final el desplome que hay en la fuerza laboral venezolana termina llevando a que la fuerza laboral de todos los extranjeros esté cayendo al 1% anual”, señaló.
El economista advirtió, eso sí, que los datos muestran un proceso gradual. “No es que estén saliendo en masa ni mucho menos”, recalcó.
Más empleo, pero informal
De acuerdo a Bravo, hay otro elemento que relativiza el mejor desempeño de los indicadores laborales de los extranjeros: la calidad de los puestos de trabajo que se están creando.
Según el INE, los puestos de trabajo extranjeros avanzaron 1,1% anual, impulsada principalmente por comercio, construcción y agricultura y pesca. Sin embargo, por categoría ocupacional, el crecimiento fue liderado por los trabajadores por cuenta propia, que aumentaron 22,8%, mientras los asalariados privados retrocedieron 8%.
A ello se suma el avance de la informalidad. Los ocupados informales extranjeros aumentaron 5,4% en un año, hasta 308.680 personas, y la tasa de ocupación informal llegó a 30,1%, 1,2 puntos porcentuales más que hace doce meses.
El fenómeno es todavía más marcado entre los venezolanos. Según los cálculos de Bravo, su tasa de ocupación informal pasó de 27,4% a 32,2% en un año, un salto de 4,9 puntos porcentuales.
“En el caso de los venezolanos se está destruyendo empleo formal. Lo único que aumenta es el empleo informal”, sostuvo. En concreto, estima que el empleo formal de este grupo cayó 14,4% anual, mientras el informal aumentó 8,2%.
La lectura
La fuerte distancia entre los indicadores podría alimentar una lectura habitual en el debate migratorio: que el aumento del empleo extranjero estaría ocurriendo a costa de puestos de trabajo para los chilenos. Pero Bravo advirtió que los datos no respaldan una conclusión tan directa.
“Esa cosa de que ‘le están quitando el trabajo’ no es tan así”, señaló.
Un elemento que ayuda a explicar por qué es la composición de la ocupación: entre los venezolanos, por ejemplo, el empleo formal cayó 14,4% en 12 meses y el informal subió 8,2%. “Lo único que aumenta es el empleo informal”, recalcó.
El economista agregó que atribuir a la migración un efecto mecánico sobre el desempleo local supone mirar solo una parte del mercado laboral. La llegada de migrantes, señaló, presiona la oferta de trabajo, pero también la demanda por bienes y servicios y, con ello, la necesidad de trabajadores para producirlos.
“No solo aumenta la fuerza laboral, sino que también aumenta la demanda por trabajo, porque cuando llegan esas personas no solo vienen a trabajar, también consumen bienes y servicios”, sostuvo. Por eso, añadió, la evidencia internacional suele encontrar efectos acotados de la migración sobre los salarios y el empleo de los trabajadores locales.