Complementar rentas -principalmente entre parejas, familiares o incluso con personas sin parentesco- comienza a ganar espacio como una alternativa para acceder al financiamiento hipotecario, en un escenario en que acreditar ingresos suficientes se ha convertido en el principal obstáculo para comprar una vivienda.
La fórmula permite sumar los ingresos de una segunda persona para así elevar la capacidad de pago que evalúa la institución financiera.
Se trata de una práctica que en otros países está más extendida. “En Estados Unidos, por ejemplo, está instalada la compra compartida, conocida como co-buying, en la que amigos o familiares adquieren una vivienda en conjunto. Allá, un 60% de los arrendatarios consideraría comprar con amigos”, señaló a DF el gerente de marketing de Enlace Inmobiliario, Rodrigo Krebs.
En Chile, esta tendencia también avanza. Según el estudio de expectativas del consumidor inmobiliario de Enlace Inmobiliario, entre las personas que postularon de forma individual a un crédito hipotecario, un 22% recibió una respuesta positiva. Quienes lo realizaron complementando ingresos la cifra llegó a 43% de aceptación por parte de la banca.
“Quienes suman una segunda renta casi duplican la proporción de respuestas positivas en el primer filtro del banco”, explicó Krebs.
Principal barrera
El fenómeno se da en momentos en que el principal obstáculo para acceder a un préstamo hipotecario ha cambiado. Según el estudio, un 47% de los consultados identificó como mayor dificultad cumplir con la renta mínima exigida, bastante por encima del pie, con 25%, y de la tasa de interés, con 13%.
“La renta es hoy la principal barrera porque es la que está más ligada a la salud económica de los hogares”, afirmó Krebs.
La explicación, sostuvo, está en que durante las últimas dos décadas el precio de las viviendas ha aumentado a un ritmo superior al de los salarios reales, a lo que se suma la necesidad de acreditar empleos formales y estables y el mayor endeudamiento de los hogares.
En contraste, la tasa perdió protagonismo como barrera de acceso a un hipotecario: pasó de ser mencionada por el 23% de los encuestados en abril de 2025 a 13% en agosto de este año. El pie siguió el camino contrario, subiendo de 14% a 26%, según el estudio.
En ese escenario, complementar ingresos permite ampliar el universo de compradores. “Una persona que gana $ 1,2 millones no alcanza a calificar por sí sola, pero si suma los $ 800 mil de su pareja, un familiar o un amigo, el hogar llega a $ 2 millones y la solicitud entra en los parámetros del banco”, ejemplificó Krebs.
La clave, agregó, es que las condiciones varían entre instituciones: algunas aceptan padres, hijos, hermanos e incluso personas sin parentesco. “Por eso, un rechazo en un banco no significa una misma respuesta en todos. La misma estructura de ingresos puede tener resultados distintos según la política de cada institución”.