Antes que buena parte del mundo Chile resolvió un problema que todavía afecta a otros países: realizar pagos digitales entre personas de manera simple e inmediata.
Ese es el diagnóstico del economista y profesor de la Universidad de California, Santa Bárbara, Rod Garratt, quien fue invitado por el Banco Central para exponer sobre la hoja de ruta del dinero tokenizado en la banca y los institutos emisores.
Durante su paso por el país, el académico conversó con DF sobre la posición de Chile frente a la transformación que atraviesan los medios de pago y los desafíos que abre el avance de tecnologías como la tokenización y las stablecoins (activos digitales respaldados por un valor estable).
“El sistema de pagos de Chile es muy exitoso. Creo que ha abordado la necesidad de realizar pagos digitales entre personas mucho más rápido que otros países”, destacó.
Para graficar esa ventaja, Garratt contrastó la experiencia local con la de Brasil, donde fue necesario desarrollar una nueva infraestructura para facilitar las transferencias inmediatas. “En Brasil, se generó la necesidad de crear Pix, y en materia de pagos entre personas, en Chile esta necesidad no existe, porque ya cuenta con un sistema que funciona bien”, explicó.
“Chile está adelantado. En los pagos entre personas Chile está a la vanguardia”, sostuvo, aunque esto no implica que el sistema haya completado su desarrollo.
El espacio para avanzar -según el economista- estaría en la relación entre consumidores y comercios: “Siempre existen aspectos que se pueden mejorar, como los pagos de personas a comercios pueden perfeccionarse”, afirmó.
La próxima frontera: las stablecoins
Hace pocas semanas, el Banco Central anunció que está preparando una propuesta regulatoria para las stablecoins, con la meta de contar con un marco normativo definitivo durante 2027.
El país no está solo en este proceso. Garratt explicó que diversos bancos centrales han desarrollado pruebas de concepto para conocer la tecnología, evaluar sus posibles aplicaciones y anticiparse a las necesidades de la industria financiera.
“Parte del objetivo es adquirir conocimientos y estar preparados en caso de que el sector privado lo demande. También, se busca explorar posibilidades para aumentar la eficiencia de los mercados”, afirmó.
La naturaleza transfronteriza de estos activos, sostuvo, obligará a los países a definir una posición, incluso antes de que su uso se masifique dentro de sus sistemas financieros. “Las stablecoins ya existen y son globales por naturaleza. Circulan a través de blockchains públicas que no tienen fronteras. Por eso, cada país debería contar con una estrategia para las stablecoins”, aseguró.
Infraestructura de la banca
Bajo su lógica, el siguiente paso podría ser que los bancos chilenos comiencen a preparar la infraestructura necesaria para procesar y utilizarlas como una vía alternativa para los pagos de sus clientes.
El principal obstáculo, a su juicio, es definir bajo qué condiciones podrían recibirlas y convertirlas en depósitos sin asumir su propiedad ni exponerse directamente a sus riesgos.
“Cuando aterrizan en Chile, los bancos necesitan una forma de procesarlas. Eso requiere nueva legislación”, planteó.
Una de las mayores oportunidades estaría en los pagos internacionales. Actualmente, una transferencia de este tipo puede pasar por varios intermediarios antes de llegar a destino. Las stablecoins en cambio, “comprimen la cadena de bancos corresponsales”, lo que permitiría completar la operación de manera más directa.
La diferencia no se limita al número de intermediarios. En el sistema convencional, explicó Garratt, “no siempre está claro cuáles serán las comisiones, cuánto tiempo tardará ni si llegará efectivamente a su destino”. Con las stablecoins, en cambio, “la transmisión física puede realizarse las 24 horas, los siete días de la semana y en una sola escala”.
El proceso, sin embargo, no termina cuando el activo llega al receptor. La mayoría de las personas podría preferir recibir el dinero en una cuenta bancaria, en lugar de conservarlo como una criptomoneda estable.
“Finalmente, es posible que el receptor no quiera recibir una stablecoin, sino depósitos bancarios. Por eso se necesita una forma para que el banco reciba esa stablecoin y la convierta en depósitos en nombre de su cliente”, indicó.
“Antes de que los bancos emprendan cualquiera de estas actividades, deben asegurarse de poder realizarlas de una manera segura. La tecnología está evolucionando para facilitarlo”, concluyó.