Andrés Sanfuentes

Alejando a los extranjeros

El Ministerio del Interior anunció que “delinea” una nueva política migratoria. Por otra parte, Andrés Solimano representante de la Flacso...

Por: Andrés Sanfuentes | Publicado: Miércoles 9 de marzo de 2011 a las 05:00 hrs.
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El Ministerio del Interior anunció que “delinea” una nueva política migratoria. Por otra parte, Andrés Solimano representante de la Flacso en Chile, hizo una exposición sobre el mismo tema, señalando su importancia para el desarrollo económico del país; David Gallagher, en una interesante columna de opinión ha agregado ideas adicionales; son indicios de un tema de creciente importancia para el futuro.



El primer asunto que surge es la afirmación, bastante repetida, que Chile nunca ha tenido una política migratoria. Es necesario precisar que existen políticas explícitas, incluso documentadas, y otras implícitas, sobre las cuales existe un acuerdo generalizado, pero que no se discuten públicamente. En el país la política implícita es el rechazo tradicional a la inmigración, alejar lo más posible la llegada de extranjeros, acompañada de una libertad a la emigración para quienes quieren abandonar el país y radicarse en el exterior.

El tema está plagado de mitos para crear la imagen que el extranjero es bien recibido. Una referencia obligada en la cultura chilena es resaltar la inmigración alemana hacia el sur a mediados del siglo 19, a las actuales regiones de Los Ríos y Los Lagos. Es presentada como un proceso ejemplar, de poblamiento de territorios impenetrables que fueron ocupados por colonos emprendedores que los transformaron en centros productivos dinámicos. Sin embargo, si esa experiencia fue tan exitosa, ¿porqué no tuvo continuidad y no se transformó en una “política de Estado”?
La segunda mitad del siglo se caracteriza por la intención de promover la llegada de personas, siempre que tuvieran por destino las tierras estatales al sur del Bío Bío, incorporando tierras indígenas al territorio. Fue el caso de la llegada de colonos franceses e italianos.

La tesis que las políticas se han basado en tratar de no recibir extranjeros, se refuerza si se comparan los flujos aceptados por Chile con aquellos llegados a Brasil, Uruguay y especialmente Argentina, entre el último tercio del siglo 19 y el primero del 20.

Las posteriores oleadas de inmigrantes españoles e italianos no se generaron por demandas internas que buscaran atraerlos.

Otras migraciones caen entre “las excepciones que confirman la regla”. Son los casos de los croatas que establecen su residencia en Antofagasta y Punta Arenas, que no eran precisamente los lugares más “amigables” del país, pero que les permitió reforzar el talento emprendedor que les llevó a abandonar su lugar de nacimiento.

Las inmigraciones de origen árabe (los “turcos”), principalmente palestinos, así como judíos, responden a aquellas “de llamada”, en que llegan unos pocos audaces que atraen al resto de las familias, una vez consolidados en el lugar de destino. Eso explica que en el caso de los palestinos el origen de la mayoría esté en dos localidades, Belén y Beit-Yala. 
En el Censo de 1907 se registraron 128.022 extranjeros, el 2,94% de la población. Desde entonces, se observa una disminución persistente hasta sumar sólo 80.479 foráneos, en 1982, el 0,71%. Sin embargo, en 2002 se revierte la tendencia, son 184.464 los extranjeros, el 1,22% de la población.

En la composición por nacionalidades hay un cambio profundo, ya que los sudamericanos pasan a ser la mayoría, liderados por argentinos, peruanos, bolivianos y ecuatorianos, básicamente de países limítrofes, atraídos por las mejores condiciones de vida.

Los inmigrantes constituyen un gran aporte al progreso del país, como lo muestran la contribución de los escasos extranjeros que se han incorporado a la sociedad chilena. Su principal característica es que son personas seleccionadas, pues para trasladarse a vivir a otra sociedad tienen que estar dotados de un espíritu de esfuerzo, valentía y deseos de progresar que no son habituales. Su espíritu empresarial y capacidad innovadora ha quedado demostrado históricamente, no solo en Chile. Los deseos de ascenso social ayudan al dinamismo de sociedades tradicionales y cerradas. Su diferente origen cultural enriquece nuestros valores tan uniformes. Además, son personas que ya tienen su formación; la inversión en su capital humano se hizo en el exterior.

Pueda ser que la intención de delinear una política signifique que se discuta el tema con espíritu abierto y no xenófobo; que no se trate de buscar medidas para alejar grupos de modestos vecinos, pues ya están haciendo un aporte apreciable a Chile.

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