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Carlos Cruz Infante

Cuatro flancos estratégicos para Chile del acuerdo UE-Mercosur

Por: Carlos Cruz Infante

Publicado: Martes 10 de febrero de 2026 a las 04:05 hrs.

Carlos Cruz Infante

Carlos Cruz Infante

Tras un cuarto de siglo de negociaciones, el mes pasado se firmó en Asunción, Paraguay, la ratificación del esperado acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Mercosur. Durante 25 años, las tratativas fueron obstaculizadas, en gran parte, por grupos europeos de presión agrícola y, en menor medida, por demandas ambientales del mismo bloque.

Superadas las diferencias, las partes celebraron un acuerdo político, unido a uno comercial, donde la mayor repercusión será la eliminación de aranceles para más del 91% de las exportaciones de la UE y del 92% de los embarques de Mercosur. A partir de ello, se pronostica un impacto significativo en la economía de ambos bloques, que Bloomberg traduce en un alza de hasta 1% en el PIB de la Unión Europea hacia 2040, y de cerca de 0,7% para Mercosur. En la misma línea, Business Europe proyecta que la inversión extranjera directa de la UE podría duplicarse en la próxima década, a partir de un aumento de la confianza institucional derivada del nuevo vínculo.

“Aunque el país fue pionero en liberalizar su relación comercial con la Unión Europea en 2002, y que 20 años después fue suscrita una modernización de dicho tratado, poco se ha hablado de la presión que podría ejercer la nueva alianza sobre Chile”.

Aunque Chile fue pionero en liberalizar su relación comercial con la UE en 2002 y que 20 años después fue suscrita una modernización de dicho tratado, poco se ha hablado de la presión que podría ejercer la nueva alianza sobre el país.

Un primer aspecto que debe tenerse en cuenta es que el tratado UE-Mercosur sitúa al bloque sudamericano como “proveedor clave de minerales críticos esenciales para la transición energética” de los miembros de la UE. Y esto abre condiciones preferenciales para el comercio de niobio, cobre, manganeso, grafito y tierras de Brasil, así como del litio brasileño el argentino. Aplicando la Ley de Materia Primas Críticas de la UE -tal como ocurre con las compañías mineras en Chile que quieren vender en Europa-, se prevé un flujo masivo de capital europeo hacia proyectos de minería sostenible entre los socios de Mercosur. Es previsible, entonces, que Chile enfrentará una fuerte competencia en atracción de inversiones y tecnología minera.

En segundo lugar, la ejecución del acuerdo implicará el rediseño de las cadenas de suministro y será, muy probablemente, el catalizador de obras de infraestructura críticas, parte de las cuales serían financiadas por el programa de la UE Global Gateway. Entre estas, destacan el largamente discutido corredor bioceánico desde el megapuerto brasileño de Santos y la costa chilena. Si prospera, será una oportunidad que Chile debiera abrazar con fuerza. Sin embargo, el fortalecimiento del eje amazónico, que conecta al Estado de Acre, en Brasil, con el Puerto de Chancay, en Perú -asociado al Mercosur-, podría representar nuevamente una pérdida de competitividad para las exportaciones nacionales.

La industria energética es un tercer eje de interés. El tratado UE-Mercosur incentiva las inversiones masivas en producción de energías renovables, por lo que es clave no perder de perspectiva que Brasil es un gran productor de biomasa para biocombustibles y que, además, el acuerdo tendrá impactos significativos en la producción de hidrógeno verde, una apuesta en la que Chile ha buscado posicionar sus fichas en los últimos años. Los países del Mercosur también gozan de energía limpia a muy bajo costo y la eliminación de aranceles para las tecnologías europeas de hidrólisis podría acelerar rápidamente la producción de hidrógeno de bajas emisiones.
En esto, de nuevo corremos el riesgo de quedarnos atrás. Brasil tiene un mercado externo lo suficientemente grande como para impulsar esta industria y dispone de los megapuertos atlánticos para exportarlo fácilmente a Europa. Chile carece de ambos.

Y en cuarto lugar, en todo este escenario, Brasil se consolida como un referente del Sur Global, con relativa autonomía respecto de Estados Unidos, lo cual refuerza su condición de aliado necesario y estratégico para la apertura de Chile hacia otros mercados, como India y el Medio Oriente.

Lo que ocurra con el Mercosur debería importarnos. Y mucho. Está en manos del próximo Gobierno fortalecer la posición del Chile como un socio confiable en la región para los europeos y dar señales de que podemos jugar un rol relevante en la implementación activa del convenio entre ambos bloques. El Mercosur, pese a sus problemas estructurales, tiene un tamaño de mercado con el que no podremos competir. Y aunque aún resta para que Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay ratifiquen el tratado, Chile ya debiera estar diseñando su estrategia para cuando ello ocurra.

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