¿Quiere Chile atraer inversión extranjera? Brechas en la Estrategia de Minerales Críticos juegan en contra
CARLOS CRUZ INFANTE Director de lunae advisory
La nueva Estrategia de Minerales Críticos del país tiene un problema central: declara prioridades sin definir instrumentos; reconoce desafíos sin establecer mecanismos; y anuncia diplomacia sin ordenar alianzas. En la forma, el proceso fue correcto, pues se consultó a expertos de Gobierno y de la sociedad civil, se consideró un informe de Cochilco y Sernageomin y las proyecciones de la International Energy Agency (IEA). Pese a ello, las brechas de la estrategia debilitan la narrativa del Estado de Chile y pueden ser interpretadas por inversionistas internacionales como voluntaristas, cuando lo que estos necesitan es certeza basada en evidencia.
La estrategia omite, en primer lugar, una distinción conceptual clave que, en cambio, utilizan Cochilco, Sernageomin, la IEA y la Unión Europea (UE): los minerales críticos y los estratégicos no son lo mismo. Al fusionar ambos conceptos, el Gobierno simplifica el debate local, pero introduce ambigüedad al negociar tratados de suministro de largo plazo, especialmente con la UE, uno de los principales interesados en aumentar su presencia minera en Sudamérica tras la reciente ratificación del acuerdo con Mercosur.
“Al alero de la Cancillería, varios organismos cumplen una tarea notable en captación de inversiones y promoción de políticas adecuadas, pero si luego los inversionistas se enfrentan con una institucionalidad deficiente, la narrativa se cae”.
En segundo lugar, no hay claridad metodológica sobre la elección de los 14 minerales críticos. Los proyectos asociados a esos materiales recibirán incentivos económicos y tributarios, así como un trato preferente en el sistema de evaluación ambiental, pero los criterios empleados son principalmente cualitativos. Un ejemplo es el cobre: el informe de Cochilco y Sernageomin no recomendó explícitamente incluirlo como mineral crítico, dada la posición dominante de Chile en su producción, pero la estrategia lo sitúa en el grupo prioritario A1.
En tercer lugar, se declara la intención de “industrializar” el sector minero y se reconoce su importancia geopolítica, pero no se define el modelo de industrialización ni se explica cómo Chile ordenará sus alianzas y prioridades, lo que es, precisamente, el propósito de una estrategia. Esto no es un detalle, pues las controversias con China, como la de Tianqi-SQM-Codelco y la del cable submarino, muestran que ya no podemos permitirnos esos vacíos. Además, desde enero de 2025, China restringe las exportaciones de maquinaria y propiedad intelectual ligadas al litio, lo que impone cuellos de botella críticos para la intención de industrialización declarada.
En cuanto a la demanda, la estrategia recoge el aumento proyectado de minerales para la transición energética, pero subestima el contexto competitivo. Brasil lanzó un concurso público por cerca de US$ 1.000 millones para el desarrollo industrial del litio y tierras raras; el RIGI argentino ya ha atraído inversiones mineras por US$ 25 mil millones. Son amenazas competitivas concretas que el documento no aborda.
Finalmente, el Reporte Anual 2024 del Consejo Minero señala condiciones estructurales igualmente desatendidas: los 138 meses de promedio de tramitación no han mejorado; Chile presenta un rezago en la refinación de cobre, con apenas el 6% de la capacidad mundial; y el costo de la energía para la minería es 19% superior al de Perú, Canadá y Australia, justo cuando las mineras están obligadas a electrificar sus proyectos para cumplir con los compromisos de descarbonización de Chile.
La evidencia internacional es clara: a mayor continuidad y consistencia de las políticas de Estado, mayor es la inversión de largo plazo. Lo que hacen InvestChile y algunos organismos al alero de la Cancillería, en términos de captación de inversiones y promoción de políticas adecuadas es notable, pero si luego los inversionistas se enfrentan a una institucionalidad deficiente, la narrativa se cae.
Dejar sin revisión la actual Estrategia de Minerales Críticos no parece compatible con la premisa de atracción de inversiones del Presidente electo, y dadas sus vulnerabilidades, una corrección robusta y rápida se vuelve imprescindible. Desde Londres, Bruselas y Nueva York se evalúan relatos basados en evidencia. Las declaraciones políticas sin sustento se pierden entre la oferta de muchas otras regiones necesitadas de capital.
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