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¿Hay razones para un comité de ética?

Luego del anuncio de La Polar sobre la implementación de un código y un comité de ética, no es difícil llegar a preguntarse qué hace un comité de estas características. Parece razonable pensar que llegar a la conclusión de que una instancia como ésta es necesaria en la organización, puede deberse a razones de crisis, de preocupación o estratégicas.

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Luego del anuncio de La Polar sobre la implementación de un código y un comité de ética, no es difícil llegar a preguntarse qué hace un comité de estas características. Parece razonable pensar que llegar a la conclusión de que una instancia como ésta es necesaria en la organización, puede deberse a razones de crisis, de preocupación o estratégicas.

Pensemos en un ejemplo. En una empresa se ha cometido un robo mayor que pone en riesgo la continuidad. Eso es una urgencia y una crisis. Si en cambio hay robos menores, eso provoca preocupación, pero no es urgencia. Pero también puede haber una visión más estratégica cuando no hay ningún tipo de robo, pero se quiere consolidar la buena cultura de la organización evitando cualquier indicio o incentivo al robo.

Esto es como preocuparse de lo urgente, lo inmediato o lo importante.

Lo importante se consigue de modo especial con el diálogo. El comité, cuando es bueno, logra de modo permanente los entendimientos y alinea los intereses hacia los objetivos de la empresa. Si recurriéramos a la teoría de los stakeholders (que es una teoría muy útil para estos efectos), diríamos que un comité actúa bien cuando integra de modo alineado a todos los grupos de interés (sus intereses), refuerza el compromiso de estos grupos con la empresa, es claro en señalar las acciones contrarias al interés de la empresa (robos, fraudes, etc.) y, especialmente, logra considerar las formas de actividad que pueden volverse un incentivo perverso para los miembros de la organización.

Pero esto ¿no es acaso parte de la actividad del directorio o la gerencia? Tal vez es bueno pensar en un comité de ética como en un buen sidecar de la administración que asume tareas y responsabilidades propias. Los comités de ética permiten recoger información relevante desde los empleados. Sabemos de empresas que han inaugurado hotlines para advertencias y denuncias internas que evalúa el mismo comité para el directorio. Muchas también han implementado la cultura del ombudsman donde siempre es posible, para cualquier empleado, encontrar una forma adecuada para transmitir advertencias sobre malas prácticas.

Si el comité de ética administra prácticas administrativas regulares para conocer e integrar grupos de interés, como también para evitar las prácticas contrarias al interés de la empresa, entonces hay buenas razones para que el comité de ética se implemente. Lo importante es que no sea sólo un ente deliberativo (como un consejo de sabios), sino que adquiera además tareas administrativas propias.

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