Hacia una regla fiscal más creíble y efectiva
MAURICIO VILLENA Decano Facultad de Administración y Economía UDP.
La discusión fiscal en Chile ya no puede limitarse a decir que la deuda pública sigue bajo el nivel prudente. Es cierto, pero insuficiente. El problema es otro: el balance estructural cerró 2025 en -3,6% del PIB, con un desvío de 2,5 puntos respecto de la meta original y de 2 puntos frente a la meta vigente. Además, ocurre tras incumplimientos en 2023 y 2024. No es un tropiezo aislado, sino una secuencia que erosiona la credibilidad del marco fiscal.
El propio CFA ha sido claro: el desvío de 2025 respondió a cuatro factores: errores reiterados en la proyección de ingresos, cambios en los ajustes cíclicos, baja efectividad del plan correctivo del Ejecutivo y un gasto público mayor al comprometido. En simple, el Estado gastó sobre una base de ingresos demasiado optimista y no corrigió a tiempo cuando esa base comenzó a deteriorarse.
“La regla de balance estructural no ha dejado de ser útil. El problema es que ya no basta por sí sola para disciplinar la trayectoria fiscal”.
Tampoco conviene sobrerreaccionar con la aparente estabilidad de la deuda. Que la deuda bruta haya cerrado 2025 en 41,7% del PIB, similar a 2024 y bajo el umbral prudente, no responde a una consolidación fiscal genuina, sino a la apreciación del peso y al mayor crecimiento del PIB nominal, factores potencialmente transitorios. La señal no es de tranquilidad, sino de fragilidad.
En este contexto, conviene evitar una caricatura: la regla de balance estructural no ha dejado de ser útil. Sigue siendo necesaria, porque ordena el presupuesto anual y permite distinguir entre ingresos transitorios y permanentes. El problema es que hoy ya no basta por sí sola para disciplinar la trayectoria fiscal. Por eso la regla dual -balance estructural más ancla de deuda- apunta en la dirección correcta, al combinar una regla operacional para el flujo anual con una restricción de sostenibilidad para el stock de deuda.
Pero aquí está el punto central: el problema no es la regla dual como diseño, sino su implementación. Una buena arquitectura institucional pierde fuerza si no existe un puente claro, público y verificable entre la trayectoria del balance estructural, la deuda, los activos del Tesoro y las correcciones exigidas cuando hay desvíos. Sin ese vínculo, el régimen fiscal se reduce a una declaración de buenas intenciones.
Chile debiera avanzar al menos en tres frentes. Primero, hacer exigible ese puente entre balance estructural y deuda, mostrando de forma replicable cómo la trayectoria fiscal comprometida es consistente con el ancla de deuda. Segundo, estandarizar la cláusula de escape, con gatillos verificables, gobernanza clara y una senda explícita de retorno, para que la flexibilidad no derive en discrecionalidad. Tercero, fortalecer las revisiones, la replicabilidad y el análisis de sensibilidad del cálculo estructural, de modo que la discusión fiscal descanse menos en supuestos opacos y más en evidencia auditable.
Si el nuevo ministro quiere dar una señal fiscal potente, no necesita inventar una regla nueva. Debe hacer operativa la existente: cerrar la brecha entre meta y ejecución, entre balance estructural y deuda, y entre compromiso político y verificación pública.
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