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Pilita Clark

La dura verdad del silencio de los directores ejecutivos ante el retroceso de Trump en materia climática

Pilita Clark business LIFE

Por: Pilita Clark

Publicado: Lunes 26 de enero de 2026 a las 04:00 hrs.

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Pilita Clark

En 2017, cuando Donald Trump anunció que retiraría a EEUU del Acuerdo de París, la respuesta de Goldman Sachs fue inequívoca. “La decisión es un revés para el medio ambiente y para la posición de liderazgo de EEUU en el mundo”, escribió Lloyd Blankfein, entonces director ejecutivo de la firma. Mark Zuckerberg, de Facebook, coincidió. Elon Musk, de Tesla, y Bob Iger, de Walt Disney, renunciaron a los consejos asesores empresariales de la Casa Blanca. En Apple, Tim Cook dijo que había intentado, sin éxito, persuadir a Trump para que abandonara la medida.

¡Qué diferencia hacen nueve años! Después de que la administración Biden reincorporó a EEUU al Acuerdo de París, Trump anunció una segunda salida. Pero la semana pasada, llevó el retroceso de EEUU en la acción climática global a un nivel más impactante:  anunció la retirada de EEUU de los dos tratados climáticos más importantes del mundo: el precursor del Acuerdo de París y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU.

No pronunciarse en contra de las acciones cada vez más indignantes del Presidente estadounidense es más peligroso de lo que parece.

Ninguna nación había tomado tales medidas antes, y mucho menos la más rica del mundo. Pero cuando les pregunté a todas las empresas mencionadas antes si ellas o sus directores ejecutivos tenían algo que decir, ninguna respondió.

Finalmente, me contactó Roy Bedlow, de Low Carbon, dedicada al desarrollo de proyectos de energía solar, eólica y baterías. Dijo que la voz de EEUU se echaría de menos, aunque el uso de energías renovables está cada vez más impulsado por la demanda del mercado, no por la política, y es poco probable que esa tendencia cambie. We Mean Business, una coalición de organizaciones dedicada a la acción climática, agregó que la desición de EEUU no solo corre el riesgo de debilitar los marcos compartidos que sustentan una acción global eficaz, sino que, además, estos organismos proporcionan normas comunes y ciencia fiable que las empresas y los inversores necesitan.

Pero estas voces corporativas han sido aisladas. En este punto, quizás te preguntes: ¿Y qué? Seamos realistas. ¿Por qué se arriesgaría un director ejecutivo a hablar públicamente cuando probablemente no cambiaría nada — salvo el precio de las acciones de su empresa — si hacerlo podría provocar represalias? Esto es precisamente lo que muchos líderes empresariales comentan en privado sobre una situación que consideran irresoluble y cada vez más tensa.

Quisiera que no fuera así. Las acciones sin restricciones de Trump fomentan la idea de que el cambio climático es un problema que se está desvaneciendo, cuando la realidad nos muestra todo lo contrario. Este fracaso no se debe a la falta de conocimiento científico o de avances tecnológicos. Se debe a que carecemos de los cambios políticos necesarios para que los sistemas financieros y las economías sigan caminos que eviten la quema de combustibles fósiles. Lograr esos cambios es extraordinariamente difícil. El apoyo público de las grandes empresas es importante. Guardar silencio socava las instituciones globales necesarias para abordar un problema climático mundial cada vez mayor que plantea graves amenazas financieras. Y también hay que considerar  que cuando los líderes empresariales más poderosos guardan silencio por temor a represalias, dice mucho sobre el estado innegablemente preocupante de las democracias en las que operan.

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