Chile se ha consolidado como un líder regional al alcanzar cerca del 70% de participación de energías renovables en su matriz de generación eléctrica. Sin embargo, el exministro de Energía y actual director del Observatorio de la Transición Energética (ODTE), Claudio Huepe, advirtió que el proceso presenta brechas críticas en costos, calidad de servicio y electrificación del consumo, factores que amenazan la viabilidad social y económica frente a las metas de descarbonización.
Huepe presentó este martes en Concepción el informe "Estado de la Transición Energética", elaborado junto a la economista Mónica Ruiz, donde realiza una evaluación de los avances del país desde 2010. El documento revela que, si bien el reemplazo de termoeléctricas por parques solares y eólicos ha sido rápido, las emisiones totales del país han aumentado cerca de 30% en los últimos 15 años.
Según el estudio, esta alza se explica por el estancamiento en la electrificación de otros sectores productivos y residenciales, y el aumento del uso de combustibles fósiles, como la leña, que en consumo domiciliario en el centro – sur del país, es aproximadamente el 30%.
El informe indica que la electricidad representa un poco más del 23% del consumo energético total, un avance marginal frente al 20% que registraba en 2010. "En 13 años (...) habíamos aumentado la participación como en tres puntos porcentuales. Es poco", alertó Huepe, indicando que a este ritmo el país no alcanzará la meta gubernamental de llegar al 48% de participación eléctrica para 2050.
Precios y competitividad
En conversación con DF Regiones, Claudio Huepe comentó que, tanto para la industria manufacturera como para los ciudadanos, el costo de la energía se ha transformado en el principal punto de fricción.
De acuerdo con una encuesta realizada por el ODTE, más de 70% considera que el precio es el factor más importante del sistema. A este escenario de estrechez se suma que, sólo en los últimos dos años, las tarifas eléctricas para clientes regulados han registrado alzas superiores a 60% a nivel nacional.
Huepe enfatizó que históricamente se confió en que un sistema eficiente garantizaría los costos más bajos, pero la realidad ha demostrado que la electricidad sigue siendo "relativamente cara". Para que la industria manufacturera migre desde los combustibles fósiles hacia la electricidad, el director del ODTE subrayó que se requieren marcos normativos eficientes. "Tenemos que asegurarnos que esa regulación garantice dos cosas. Que haya inversión y que sea al mínimo costo posible", explicó.
Calidad de servicio
El informe detectó además deficiencias crónicas en la calidad del suministro y la infraestructura energética. “El promedio nacional de interrupciones eléctricas supera las 10 horas, y en ciertas localidades puede llegar a las 100 horas al mes”, dice Huepe, cifras que contrastan fuertemente con el promedio europeo de una hora o menos.
Por otro lado, la transición debe traducirse en dinamismo económico. Sin embargo, las plantas de energías limpias no generan la absorción de empleos esperados por las comunidades, ya que requieren de cinco a 10 trabajadores para operar, frente a los cientos trabajadores que contrata una central convencional.
Para revertirlo, sugirió mirar el modelo europeo e impulsar programas masivos de eficiencia energética en viviendas e industrias, que son altamente intensivos en mano de obra técnica por la generación de encadenamientos productivos.
Inversiones y comunidades
Sin embargo hay otros factores que complejizan la situación. Los proyectos industriales y de generación, como las tierras raras de Aclara o el terminal GNL en Penco, que recién obtuvo RCA favorable, e incluso el proyecto de transmisión eléctrica Mataquito, son iniciativas que enfrentan el rechazo de organizaciones comunitarias y medioambientales.
Frente al riesgo de paralización de obras estratégicas para la matriz, Huepe advierte que el diálogo territorial requiere sincerar posiciones: “Esto no puede ser visto como un chantaje (...) Esto tiene que ser una conversación abierta, difícil, porque no estamos de acuerdo”. En esa línea considera imperativo evitar que los procesos de evaluación ambiental deriven en una "especie de trinchera de oposición".
En ese sentido, hizo un llamado al pragmatismo desde lo público, privado y civil. “Creemos en la diplomacia, tratemos de resolver el problema. No todos vamos a quedar contentos, vamos a tener que ceder”, sentenció.
A nivel corporativo, el exministro subrayó que el estándar actual exige diseñar proyectos donde la comunidad perciba un beneficio integral y diga: "Ahora estoy mejor que antes, en todos los sentidos"
Expectativas en H2V
Respecto a la viabilidad y rentabilidad del hidrógeno verde (H2V) como el gran motor de la descarbonización en Chile, Huepe optó por aterrizar las proyecciones. Si bien reconoce que en 2023 captó inversiones por más de US$ 17 mil millones y que tendrá un rol indiscutible en el mediano plazo, especialmente para almacenamiento a gran escala o transporte pesado de carga, aclaró que la electrificación directa le lleva una ventaja considerable en eficiencia para otras funciones.
El exsecretario de Estado apuntó a un problema de enfoque en la estrategia nacional frente a esta nueva industria. “Creo que pusimos demasiada expectativa”. Para asegurar el éxito del H2V, Huepe propone abandonar la idea de que encontraremos una "mina" o un "pozo de petróleo" que solucionará los problemas económicos del país de un día para otro. En su lugar, hizo un llamado a aterrizar las expectativas y apostar por un modelo de crecimiento gradual. “Volvamos un poco al esquema (...) industrial más tradicional de ir paso a paso construyendo y ganando”, remató.