El desafío económico del nuevo Gobierno
Hace más de una década, el discurso político dominante empezó a ignorar la relevancia del crecimiento en el bienestar de la sociedad. Lo único que parecía importar era cómo se repartían sus frutos, ya que erróneamente se consideraba que el crecimiento estaba garantizado. Las políticas públicas empezaron a ser, entonces, contrarias al desarrollo, dañando los incentivos a producir, invertir y trabajar más y mejor.
El resultado fue el esperado; entre 2014 y 2025 el país creció a una tasa promedio de 2%, y la inversión menos aún, un 1,2%, expansión que probablemente apenas compensó la depreciación del capital. Ahora resulta evidente que, aunque el crecimiento no es una condición suficiente para el desarrollo, sí es absolutamente necesario para lograrlo. La meta debe ser que Chile al menos recupere el ritmo de crecimiento mundial, en torno a 3%. Pero no podemos darnos por satisfechos con ese resultado, pues con las políticas apropiadas el país tiene el potencial para duplicar el crecimiento del último decenio.
La nueva administración deberá lograr un equilibrio complejo para alcanzar reformas necesarias, pero con costos políticos.
Ese es el desafío del próximo Gobierno, que va mucho más allá de un buen resultado en el corto plazo, pues se trata de lograr un crecimiento de tendencia en torno a un 4%. No es una meta fácil; por el contrario, es un objetivo muy exigente, para el que no basta reducir la permisología, aunque sin duda es la primera y más importante tarea, al menos, durante el primer año de Gobierno. El equipo económico de la nueva administración tendría ya lista una agenda en esta dirección, que puede llevarse a cabo sin necesidad de modificaciones legislativas. Avanzar en esa línea permitiría un par de años de repunte de la inversión, la mejor receta para dinamizar el empleo. Por esa razón importa el crecimiento, porque es finalmente la mejor política social. Y aumentar la tasa de ocupación, sobre todo en los grupos más vulnerables, es el reto económico más importante.
Pero esa agenda de destrabar inversión es insuficiente para duplicar el crecimiento de tendencia, como también lo es un período presidencial de solo cuatro años. Entonces, el desafío económico va mucho más allá de lo puramente económico, sobre todo en un contexto en que la principal causa de los pobres resultados de la última década es el deterioro institucional del país, que abarca muchos otros ámbitos. Duplicar el crecimiento de tendencia exige reformas políticas, reformas al Poder Judicial y reformas a las políticas de educación, entre varias líneas de acción. Cuatro años no alcanzan para esta tarea.
El nuevo Gobierno debe alcanzar un equilibrio complejo para lograr acuerdo en reformas legales necesarias -muchas con costos políticos- y mantener, al mismo tiempo, el apoyo que permitiría al Presidente José Antonio Kast entregar la banda presidencial a alguien que pueda continuar la tarea, aunque no sea de su mismo partido político.
El nuevo Gobierno tiene un gran desafío por delante, ciertamente complejo, pero indispensable para que volver a pensar en “Chile, país desarrollado”.
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