El primer gabinete de Kast
La designación del primer gabinete de un futuro Gobierno siempre genera expectativas, aunque en esta ocasión el equipo se conocía prácticamente por completo en forma anticipada, ya sea porque algunas cartas fueron anunciadas por el propio José Antonio Kast o porque los nombres se filtraron durante el proceso. Como se esperaba, el Presidente electo ha optado por un gabinete compuesto mayoritariamente por figuras independientes y de marcado perfil técnico, lo que generó descontento en los partidos que lo han acompañado y llevó al Partido Nacional Libertario a marginarse del equipo ministerial. Despejado el diseño y conocidos los objetivos de una administración que se ha definido como de emergencia —crecimiento, seguridad y orden fiscal—, el desafío central no estará en la formulación de diagnósticos, sino en la capacidad de articular políticamente la puesta en marcha del plan de Gobierno.
El gabinete estará integrado por 17 ministros independientes y ocho militantes de partidos políticos. La configuración recuerda, en parte, al primer Gobierno del Presidente Sebastián Piñera, que combinó un núcleo técnico-empresarial con presencia partidaria acotada. Sin embargo, a diferencia de ese período, el escenario legislativo actual es más fragmentado y menos proclive a alineamientos estables, lo que eleva los costos de coordinación para un Ejecutivo sin mayoría propia.
Despejado el diseño ministerial, el desafío estará en la capacidad de articular políticamente la puesta en marcha del plan de Gobierno.
En este contexto, el Presidente electo ha optado por figuras de mayor tonelaje político en carteras clave como Interior y la Secretaría General de la Presidencia, quienes deberán asumir buena parte del vínculo con el Congreso y compensar la inexperiencia legislativa de ministros técnicos. La estrategia, sin embargo, implica riesgos de sobrecarga institucional si la coordinación no es fluida y sostenida en el tiempo.
Uno de los nombramientos más observados ha sido el de la futura ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, ahora exfiscal regional de Tarapacá, quien asumirá una cartera clave para el cumplimiento de las promesas de combate a la delincuencia y el crimen organizado. Tras varios nombres que quedaron en el camino, Steinert combina experiencia en persecución penal -logró la condena de 12 miembros del Tren de Aragua- y una extensa relación con policías, el Poder Judicial y la propia Fiscalía. No obstante, el éxito de su gestión también dependerá del respaldo político que logre articular para impulsar reformas legales.
En el ámbito económico, la agenda es clara -con un ajuste fiscal en ciernes, rebajas tributarias, desregulaciones e impulso al empleo-, donde la figura del futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, es central, tanto por la autoría del plan, como por su cercana relación con el Presidente electo. Sin embargo, los ministerios sectoriales del área enfrentarán altas expectativas ciudadanas, con una tolerancia menor al gradualismo, lo que volverá clave los lazos que logren conformar en el Congreso, como el manejo comunicacional de avances y de eventuales escollos.
La principal fortaleza del gabinete -su foco en gestión- puede transformarse en debilidad si no se construye densidad política suficiente. En un Congreso activo y fragmentado, la ausencia de interlocutores naturales podría abrir espacios para que los parlamentarios impongan sus propias agendas, desordenando las prioridades del Ejecutivo. De allí la importancia de una estrategia legislativa clara, subsecretarías con experiencia política y, muy probablemente, un Presidente activo en la articulación de acuerdos.
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