PRAGMATISMO POLÍTICO Y ECONÓMICO
El Congreso despachó esta semana por unanimidad la ampliación del subsidio a la tasa hipotecaria, una medida impulsada por los ministerios de Hacienda y Vivienda para aliviar la presión financiera de la clase media y dinamizar el mercado inmobiliario, lo que permitiría dar salida a un stock histórico de 104 mil viviendas nuevas —43 mil de ellas ya terminadas y sin comprador— que el mercado no ha logrado absorber.
La decisión de extender un instrumento que ya operaba, heredado de la administración anterior y concebido frente a las restricciones de acceso al crédito que impusieron las altas tasas de interés y las exigentes garantías de ahorro de la banca tras los retiros de fondos de pensiones y la persistente inflación pospandemia, se erige como un ejercicio de pragmatismo económico y bajo costo fiscal, en medio de un ajuste presupuestario que obliga a justificar cada partida de gasto.
Extender un instrumento que ya operaba se erige como un ejercicio de pragmatismo económico y bajo costo fiscal.
La modificación del marco de 2025 amplía el beneficio en tres direcciones. Eleva el tope de precio de la vivienda elegible de 4.000 a 6.000 UF, umbral que, según cifras de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), cubre el 88,1% de la oferta de viviendas nuevas disponible en el país. Incorpora 30 mil cupos adicionales, hasta completar 80 mil, después de que la demanda por el programa original superara con holgura su capacidad inicial. Según la Asociación de Bancos, la banca ya acumulaba, a julio de este año, más de 95 mil solicitudes elegibles. Y, por último, prorroga su vigencia hasta mayo de 2028, dando continuidad a un instrumento que, de otro modo, habría expirado justo cuando la industria más lo requería.
Mediante la combinación de un subsidio directo de hasta 60 puntos base y un refuerzo estructural al Fondo de Garantías Especiales (Fogaes), el instrumento logrará reducir las barreras de entrada exigidas por la banca. El ministro de Hacienda lo sintetizó señalando que “esto permitirá prolongar la rebaja de la tasa, aproximadamente del 4% al 3%, sumar 30 mil nuevos cupos y ampliar el beneficio a viviendas de hasta UF 6.000”.
El último Informe MACh 70 del gremio de la construcción, que analiza y proyecta el desempeño económico del sector, confirma que el subsidio vigente ya incidió favorablemente sobre el stock de viviendas terminadas bajo 4.000 UF, reduciéndolo respecto de los máximos alcanzados en los últimos dos años, evidencia de que no se trata de una apuesta, sino de un mecanismo con resultados medibles donde ya operaba.
Sin embargo, el problema de fondo va más allá de lo financiero. Este mismo informe advierte que la vivienda privada —a diferencia de la infraestructura minera o energética— es hoy el sector más rezagado de la construcción. Este freno impacta directamente en el empleo, un rubro intensivo en mano de obra que ocupó a 700 mil trabajadores en el trimestre más reciente, frente a 726 mil a inicio de año, y que mantiene un déficit de 195 mil puestos respecto de su nivel prepandemia. Destrabar ese stock no será, entonces, un mero alivio para quienes buscan vivienda, sino también una palanca para un sector que requiere retomar su dinamismo.
Un instrumento que ya demostró resultados, ampliado con rapidez y respaldo transversal, es exactamente el tipo de herramienta de política pública que va en la línea con ideas de un gobierno de urgencia planteado por el Ejecutivo. Pero el pragmatismo de esta medida no debe leerse como una solución integral, ya que el acceso a la vivienda en Chile enfrenta restricciones de ingreso y financiamiento que ningún ajuste al tope de precio o a la tasa resuelve por sí solo. La ampliación del subsidio hipotecario es, en ese sentido, una medida correcta y oportuna, no la última que el sector inmobiliario necesitará.
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