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Editorial

Prestigio fiscal

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 22 de enero de 2026 a las 04:00 hrs.

En su primera actividad pública tras despejar la conformación del gabinete que lo acompañará desde el 11 de marzo, el Presidente electo, José Antonio Kast, optó por comparecer junto a su futuro ministro de Hacienda y al biministro de Economía y Minería, en una señal explícita de la centralidad que tendrá la agenda económica en un Gobierno que se ha definido como de emergencia. El gesto no fue solo formal, pues Kast volvió a ceder el protagonismo al próximo jefe de las finanzas públicas, Jorge Quiroz, quien entregó detalles adicionales del plan económico, en una puesta en escena que buscó marcar un ritmo de celeridad desde antes del inicio del mandato.

Quiroz adelantó que la reforma tributaria será presentada el 1 de abril y anunció que su brazo derecho en la Dirección de Presupuestos será José Pablo Gómez, un economista de dilatada trayectoria en la Dipres -confirmado en el segundo mandato de Bachelet y en los dos de Piñera-, quien tendrá la explícita tarea de recuperar el prestigio técnico de la institución. Tal énfasis tiene directa relación con los errores de proyección, incumplimientos reiterados de las metas de balance estructural y una trayectoria de deuda pública que se aproxima peligrosamente al umbral prudente del 45% del PIB, que han marcado los últimos años de la política fiscal.

El plan económico reinstala metas fiscales exigentes, pero cumplibles, condición indispensable para estabilizar las cuentas y recuperar credibilidad.

El programa delineado por Quiroz descansa en tres pilares: facilitación regulatoria, rebaja tributaria y ajuste fiscal. El objetivo es acelerar el crecimiento y la inversión, tras más de una década en que la economía ha promediado expansiones cercanas al 2%. Para ello, el plan contempla más de 40 medidas que serán socializadas con parlamentarios y actores relevantes y que se espera poner en marcha vía una combinación de decretos, gestión administrativa y proyectos de ley. La lógica es avanzar con rapidez durante el primer año, removiendo trabas regulatorias y generando señales claras al sector privado, antes de entrar en una segunda etapa legislativa más compleja.

En esa fase posterior, el énfasis estará puesto en un conjunto de iniciativas orientadas a contener el gasto y mejorar su eficiencia, varias de las cuales ya fueron trabajadas en instancias previas, incluyendo la comisión de ajuste convocada por el exministro Mario Marcel. Para Quiroz, el problema central no es solo el nivel de gasto, sino su calidad, y la necesidad de ordenar un Estado que, a su juicio, ha acumulado regulaciones y programas sin evaluación suficiente de impacto. De allí su insistencia en despejar la “maraña regulatoria”, devolver grados de libertad económica y generar un entorno más propicio para emprender, invertir e innovar.

El conjunto del mensaje apunta a reinstalar metas fiscales exigentes, pero cumplibles, condición indispensable para estabilizar la deuda, recuperar espacio de maniobra y credibilidad. Resta, sin embargo, la prueba política. El plan económico será uno de los primeros desafíos legislativos del nuevo Gobierno y pondrá a prueba la capacidad de articular acuerdos en un Congreso fragmentado. El modo en que el llamado del Presidente electo al diálogo y a la unidad nacional se exprese en la práctica será determinante para que la agenda económica avance sin quedar entrampada entre restricciones institucionales y expectativas desalineadas.

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