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Generadoras de Chile
Esperar cuesta caro: la urgencia de una transición energética segura
Infraestructura para la estabilidad del sistema eléctrico. Imagen generada con IA
La generación eléctrica en Chile ha evolucionado aceleradamente en los últimos 15 años de la mano de una diversificación en la matriz energética que es motivo de orgullo para todo el país. Esa evolución ha contribuido a consolidar un amplio consenso: avanzar hacia una matriz con creciente predominio de fuentes renovables es el camino que debemos recorrer. En ello ha sido fundamental la colaboración público privada y la mirada de Estado que ha sido apoyada desde la industria, promoviendo medidas proactivas como el plan de retiro de centrales a carbón al 2040 o el apoyo que entregamos a la Ley Marco de Cambio Climático.
Tras ese avance tan significativo cabe preguntarnos ¿qué sigue? ¿Cómo continuar esa transición en un escenario de alta penetración de fuentes renovables, pero también variables, como el sol o el viento, cuya disponibilidad y aporte al sistema cambian con la estación, la hora y el clima? Hoy lo relevante no es solo cómo generamos, sino cómo garantizamos que esa energía sea segura y accesible. El recambio tecnológico nos exige repensar cómo dotar a la red de capacidades para mantener su estabilidad y responder adecuadamente ante fallas.
La respuesta debe alinearse con objetivos inseparables e irrenunciables: que el sistema eléctrico sea seguro, competitivo, confiable y capaz de entregar energía a costos razonables para las personas y las empresas.
Con esa resolución en mente, en Generadoras de Chile —junto a nuestras empresas asociadas— decidimos convocar a consultores y académicos a analizar la situación del sistema eléctrico nacional, la manera cómo otros sistemas están enfrentando este desafío y qué soluciones permiten abordarlo en contextos como el nuestro.
Una primera constatación es que el sistema chileno ha avanzado mucho y se encuentra en la frontera de la transformación tecnológica, a la par de estados como California, Texas, Australia, China o Reino Unido. Esto nos obliga a actuar con prudencia para que la transición desde un sistema tradicional –hidrotérmico- hacia uno basado en energías variables ocurra sin poner en riesgo su seguridad. Prudencia, en este contexto, no significa esperar sino decidir a tiempo y con evidencia.
La experiencia internacional muestra que los sistemas más avanzados no han apostado todo a una sola tecnología y han mantenido sus soluciones probadas mientras evalúan el desempeño de las nuevas. Australia y Reino Unido son un ejemplo de esta premisa: toda adopción de nuevas tecnologías debe ser gradual y probada en condiciones reales.
La transición requiere que contemos ya con un plan de acción para el sistema y un marco regulatorio que convierta esas necesidades en servicios definidos y medibles. Contratar estas capacidades oportunamente —a través del mercado de servicios complementarios y licitaciones competitivas de infraestructura— permitirá continuar incorporando más fuentes renovables y eficientes sin menoscabar la seguridad ni recurrir a medidas operativas transitorias más costosas.
Una transición energética responsable exige avanzar en la descarbonización y garantizar, al mismo tiempo, la seguridad operacional. Y el momento es ahora. Postergar estas decisiones no elimina la necesidad de tomarlas. Al contrario, las encarece y reduce nuestro margen para actuar. La dilación puede aumentar los vertimientos de energía renovable, las restricciones operacionales y la necesidad de mantener centrales operando solo por razones de seguridad. Ese es el costo de la inacción, el que de una u otra forma terminan pagando los consumidores.
Esperar no es neutral. Esperar cuesta caro.
Camilo Charme A., Director Ejecutivo Generadoras de Chile
Alex Santander G., Gerente de Estudios Generadoras de Chile
