La Reserva Federal atraviesa un período de alta incertidumbre económica, al mismo tiempo que su presidente, Kevin Warsh, impulsa cambios en áreas sensibles como las comunicaciones, el análisis de datos y el funcionamiento interno del banco central.
Sobre ese escenario conversó con DF Alexander Monge-Naranjo, vicepresidente y economista senior de la Fed de Atlanta, quien visitó el país para la conmemoración de los 50 años del Magíster en Economía de la UC, del cual es egresado.
Frente a los cuestionados cambios comunicacionales y a las dudas sobre la independencia de la Fed ante las presiones políticas, reconoce que dentro de la institución observan el proceso con máxima atención. Aun así, se declara optimista sobre el rumbo de las reformas y sobre la capacidad del banco central de preservar su autonomía.
- ¿Qué análisis hace del cambio en las comunicaciones de la Fed bajo el liderazgo de Warsh y el escrutinio al respecto?
- No puedo emitir un juicio en este momento, pero sí puedo decir que lo vemos con los ojos bien abiertos. Estamos viendo efectivamente en qué va a converger. Yo, en lo personal, soy optimista de que algo bueno puede salir.
Hay dos escuelas de pensamiento: ser súper puntual y específico acerca de lo que la Fed va a hacer, un poco la escuela del forward guidance; no solo decir lo que estamos haciendo ahora, sino lo que pensamos hacer a futuro y con algún elemento de compromiso.
Está la otra escuela más old school, que apunta a llevar la política de acuerdo a cómo se evalúe y que el mercado se ajuste de acuerdo a la inflación.
Parece que el presidente se inscribe más en la segunda escuela. Sin embargo, uno de los task forces que abre es precisamente sobre la comunicación. Para eso tiene a Fraga y a Mervyn King, dos antiguos banqueros centrales, uno de Brasil y otro del Reino Unido. Y por lo visto está también abierto a buscar un nuevo estilo.
“Todos los gobernadores y los presidentes de los bancos regionales de la Fed tienen en mente el riesgo de que la inflación pueda volver a dispararse”
- ¿Cómo se dialoga el aspecto comunicacional de la Fed? ¿Queda en manos de su presidente o los otros gobernadores y bancos regionales participan de las definiciones?
- Obviamente, como uno de los 12 bancos regionales, nuestro trabajo en el departamento de Investigación es preparar de la mejor manera posible a nuestro presidente para que contribuya al debate con los gobernadores, los demás presidentes regionales y Kevin Warsh sobre cuál debería ser la conducción adecuada de la política monetaria.
Eso es lo más que podemos hacer nosotros. No incidimos mucho en las formas específicas de comunicación que defina Warsh. Nos tenemos que ajustar. Aunque nos afecta un montón, no tenemos mucho control como banco regional.
- El ánimo de cambios de Warsh no se limita a las comunicaciones. ¿Qué le parece?
- Honestamente, lo veo con buenos ojos. Los miembros que conforman los distintos equipos son nombres realmente impresionantes.
Hay gente que conozco directamente. Tom Sargent, por ejemplo, que fue mi profesor y es una persona que respeto montones como economista y ser humano. También conozco a Raghuram Rajan, Charles Jones, Kevin Murphy… Espero que vengan algunas perspectivas y algunas iniciativas interesantes.
Mi opinión es que esto va a ser un esfuerzo serio y que va a haber algunas reformas importantes. No creo que haya margen de pánico, que vaya a haber un cambio brutal de cómo está operando la Fed. Va a haber algunos ajustes.
Con respecto a los datos, Atlanta tiene su red adicional, pero, aun así, el sistema como un todo no es que sea perfecto. Es un esfuerzo bastante serio recolectar la información disponible. Mi impresión es que, en las primeras reuniones, tanto Kevin Murphy como el exCEO de Walmart, Doug McMillon, salieron bien impresionados de la calidad de información. Probablemente va a haber más.
- ¿Cómo evalúa tanto la respuesta de la Fed como la percepción entre los actores económicos respecto de las presiones de Trump?
- La mayoría de nosotros lo vemos con ojos muy abiertos. Vamos a ver qué es lo que realmente sucede.
Nosotros, como latinoamericanos, tenemos una rica experiencia respecto de lo que ocurre cuando un banco central pierde la independencia. Hay mucha literatura y no hay debate: buscar metas de corto plazo, a la larga, genera problemas de largo plazo.
Uno, como ciudadano y como economista, puede estar en desacuerdo con las acciones de ciertos líderes, puede tener una visión muy fuerte acerca de qué es lo conveniente, pero no puede ir más allá de esperar que los resultados políticos y de política económica sostengan la independencia del banco central.
Tarifas, migración, IA y guerra
- ¿Cuál es el balance que hace de la economía de Estados Unidos?
- La Fed tiene un mandato dual: estabilidad de precios y pleno empleo. Hoy ambos objetivos están bajo presión y el debate es cuál de los dos riesgos es más importante.
Hay tres fuerzas que complican especialmente esa evaluación. La primera son las tarifas. La pregunta es si generan un aumento puntual de precios o si terminan afectando las expectativas de inflación y dando paso a una dinámica más persistente. Hasta ahora, la mayoría de los datos indica que su efecto sobre los precios se puede notar, pero no ha sido muy significativo.
La segunda es la migración, porque los cambios en la oferta laboral hacen más difícil determinar cuál es el nivel de creación de empleo compatible con un mercado balanceado. La Fed no decide la política migratoria, pero necesita entender sus efectos para calibrar la política monetaria.
Y la tercera es la inteligencia artificial. Puede aumentar la productividad y tener un efecto deflacionario, pero también puede generar un boom de inversión, mayor demanda de energía y efectos de riqueza que presionen los precios.
Hasta ahora, los mercados laborales y el producto se han mostrado bastante resilientes, incluso más de lo que muchos esperaban. Pero, al mismo tiempo, la inflación sigue siendo persistente. Ese es el balance que estamos enfrentando.
- Al evaluar el impacto de la guerra en Irán en los precios de la energía, ¿qué lecciones toman de la respuesta al comienzo de la guerra en Ucrania, considerando las críticas a una reacción tardía?
- El impacto de los conflictos bélicos está en el centro del debate, por el efecto sobre el costo del petróleo y de otras materias primas.
Mucha de la discusión que estamos haciendo es comparar qué ocurrió precisamente con el conflicto en Ucrania. También, cuál es la diferencia entre la economía de ahora y la de los años 70, cuando hubo efectos parecidos con el embargo de 1973-74 y la Revolución Islámica de Irán en 1979.
Los dos generaron subidas drásticas del precio del petróleo y, en su momento, generaron las dos cosas: mayor inflación y mayor desempleo. Pero, más que eso, también generaron una respuesta de la Fed que ha sido muy evaluada y criticada: que, al acomodar esos shocks para sostener el empleo y la actividad económica, generó que se dispararan un poco las expectativas.
“Hasta ahora, la mayoría de los datos indica que el efecto (de las tarifas)sobre los precios se puede notar, pero no ha sido muy significativo”.
La clave hoy es determinar si el alza de los precios del petróleo puede desanclar las expectativas de inflación. Ese es el punto fundamental.
Por eso, entre quienes disintieron en la última reunión, algunos plantearon públicamente que probablemente habrá que comenzar a considerar una subida de las tasas de interés. La experiencia histórica muestra que, si existe riesgo de que las expectativas de inflación se desanclen, la política monetaria puede verse obligada a reaccionar.
- Los disensos que ha mencionado vienen de bancos regionales: Cleveland, Dallas y Minneapolis. Aun cuando Atlanta no está entre ellos, ¿qué ven desde los bancos regionales que explica el disenso?
- Ante la misma información, puede haber distintas percepciones sobre los riesgos. El mercado laboral ha sido resiliente, pero sigue presente la posibilidad de que la inflación vuelva a dispararse. La diferencia está en cuánto se prioriza contener ese riesgo y cuánto proteger la fortaleza del empleo. Más que grandes diferencias en la información, lo que se refleja son distintas prioridades.
- Estas discrepancias han sido calificadas como una “buena pelea familiar” por parte de Warsh. ¿Comparte esa lectura?
- Quisiera resistir un poco esa visión de que antes se llegaba con posiciones encontradas. Siempre ha habido un debate. Desde que comencé, cuando el problema era que la inflación estaba muy por debajo de la meta. Ahora el debate es cómo bajamos la inflación y cuánto estamos dispuestos a arriesgar.
Yo creo que el debate es impresionante. Lo que busca el nuevo presidente es probablemente darle una estructura más clara y abrir un poco más ese intercambio. Creo que ese es el espíritu.