Esta conversación ocurre cuando los dos chilenos están en su segundo día en San Francisco. Volaron el martes 8 de septiembre, estuvieron 24 horas con escala en Nueva York, y ahí les llegó el correo: el departamento que habían arrendado y pagado por adelantado ya estaba tomado. Por segunda vez se quedaron sin alojamiento en la ciudad californiana.
“No teníamos plata. La empresa no tiene plata”, describe Alfonso, el hermano mayor. Tuvieron que pedir un préstamo para viajar y todavía no hacen el flip a Delaware que YC exige antes de depositarles los US$ 500 mil. Esa noche van a dormir en el departamento que les prestó la misma persona que les canceló el arriendo.
Alfonso tiene 30 años y Borja 24. Son los fundadores de Sintropix, la única startup chilena en el nuevo batch de la aceleradora que dio origen a Airbnb, Instacart, Reddit, Stripe -también fundada por hermanos-, y muchas otras firmas tech multimillonarias.
Qué hacen
Son un ERP con inteligencia, explican. La contabilidad es una base de datos gigante que funciona con partida doble, y los ERP que la administran fueron diseñados para que una persona cuadre el banco. Sintropix construyó uno donde el trabajo lo hace el software.
Es decir, explican, el sistema concilia un movimiento bancario contra una factura y mira el historial para saber en qué cuenta contable va cada gasto. Cuando algo no le calza, el software pregunta. Es 100% operable por agentes, o sea que el usuario le puede conectar Claude o Codex. “Al final armamos un ERP no solamente pensado para los seres humanos, sino también para los agentes de estos seres humanos”, dice Alfonso.
El nicho son las empresas a las que el ERP local les quedó chico, porque tienen varias sociedades o ya operan en más de un país. Es el punto justo antes de irse a un NetSuite o un SAP.
Cobran un fee mensual según las integraciones y sociedades del cliente, y no cobran por la implementación, que es donde gana plata el modelo tradicional. “Todas las personas con las que hablamos decían que es una relación tóxica”, dice Alfonso.
Hoy tienen 10 clientes.
De Puerto Varas a Toku
Alfonso vendía cosas desde octavo básico. Por ejemplo, dice, traía adaptadores de China para convertir parlantes tradicionales en bluetooth. En la universidad armó Ruca Outlet, una pyme que vendía productos outdoor. En ella fue su propio contador y pagó multas por declarar mal.
En 2021 entró a Toku como empleado número cuatro. Ahí terminó liderando producto y se fue a vivir dos años y medio a México. Borja, su hermano menor, es ingeniero en computación de la PUC, hizo una práctica en Carvuk y Lleva 10 años programando, pero confiesa: “Lo que partí aprendiendo en la universidad y lo que estaba pasando cuando salí eran cosas completamente distintas”.
Alfonso renunció a Toku en abril, sin idea de qué iban a hacer. Lo único que tenían era el nombre. Lo sacaron de la sintropía, que es el inverso de la entropía: el orden en el universo.
La primera idea que tuvieron fue relacionada a la logística. En diciembre de 2025 viajaron a Nueva York con una presentación y cero líneas de código, y se la mostraron al gerente de logística de una empresa estadounidense, que la rechazó y les dijo que lo iba a construir él. “Por suerte nos rechazó, porque después no encontramos muchos más clientes”, dice Alfonso.
Siguieron buscando ideas y, ahí les empezó a aparecer un reclamo común sobre el trabajo de los contadores: balances malos, demoras o información de poca calidad. A fines de abril, entonces, se pusieron en modo contador. Partieron con un cliente y sumaron cuatro más por referidos, casi todos startups de amigos.
“Yo no sabía nada de finanzas. Soy computación dura y tuve que aprender no más”, dice Borja. “Mientras le decía a un cliente cómo se hacía, estaba en el libro de finanzas viendo cómo se hace un balance”, agrega.
Tres rechazos
En paralelo postularon a Platanus Ventures, a Start-Up Chile y a Y Combinator y los tres les dijeron que no.
Gustaf Alströmer, group partner de YC, los entrevistó, los rechazó y les mandó un link para agendar media hora con él: quería seguir hablando con los chilenos. Se juntaron un mes y medio después, con la duda del pivote encima.
Hacerle la contabilidad a empresas chicas no daba. Una pyme no paga mucho por un contador y tampoco quiere ordenarse. Le basta con pagar los menos impuestos posibles, dicen los hermanos chilenos.
De esa conversación salieron con dos decisiones: construir su propio sistema en vez de arrendar el de otro, e ir a buscar empresas más grandes, que están obligadas a tener los números ordenados porque las auditan. “Lo contraintuitivo es que la empresa grande a veces es más fácil de abordar que la chica, aunque tenga más data. Hay alguien contratado para que le importe este tema”, dice Alfonso.
Borja se puso a construir el ERP y Alfonso le escribió a más de 100 contadores por LinkedIn.
Diez minutos
Volvieron a postular a Y Combinator con la recomendación de Alströmer.
Quedaban tres días de entrevistas cuando confirmaron dos clientes nuevos y lo mandaron por la aplicación de YC. Los citaron al día siguiente, el último día en que se comunicaban los seleccionados. Fue el viernes 28 de agosto y la conversación duró 10 minutos, con Harj Taggar, managing partner de YC, y Andrew Miklas, fundador de PagerDuty.
Les preguntaron por sus planes de vivir en Estados Unidos. “Ahí dije: ‘Acá cagamos’”, cuenta Alfonso. Respondió que no tenían planes, que EEUU es 10 veces el mercado y 10 veces la competencia. Terminaron la reunión convencidos de un rechazo.
Igualmente, esa noche los dos estaban atentos al teléfono. A las 22:00, les llegó un correo que decía follow up, con un número de WhatsApp.
Alfonso escribió y lo llamaron de inmediato. “Me dice: ‘Hey guys, do you want to join YC?’. Yo estaba en shock. Le decía que sí a todo. Después me empezó a explicar el deal y no estaba capturando nada”.
Estaban adentro.
El objetivo para el Demo Day es crecer 15 veces, dicen. “El foco es armar la mejor versión de la empresa y que los clientes que ya tenemos estén felices”, dice Alfonso. “Y en el Demo Day ojalá levantar algo de plata para armar equipo en Chile. Quizás nos quedamos acá, no sé... Uno no sabe”.