A poco más de un año para las próximas elecciones presidenciales, el gobierno de Javier Milei se enfrenta a un estancamiento en la actividad económica y un mercado laboral en crisis. Aunque el ajuste fiscal y el freno a la emisión monetaria permitieron reducir la inflación de tres a dos dígitos anuales, la desaceleración del crecimiento se ha convertido en uno de los principales desafíos de la Casa Rosada.
Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la actividad económica avanzó 0,8% mensual y 2,7% interanual en junio, último dato disponible. En el primer semestre, en tanto, creció 1,9% frente al mismo período de 2025.
Pese a estas cifras, la composición del crecimiento no resulta alentadora. Minería y agro explicaron tres cuartas partes de la expansión interanual de junio. En contraste, la industria se estancó, mientras que la construcción y el comercio cayeron 1%. Estos últimos dos sectores concentran gran parte del empleo privado.
La “heterogeneidad” de la actividad, según el director del Comité de Economía Internacional del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), Marcelo Elizondo, responde a las diferencias en el ritmo de adaptación de los distintos rubros a los cambios impulsados por el gobierno. “Cuando tienes una alta tasa de inflación como la tuvo Argentina, los modelos de negocios cambian mucho y se concentran más en el manejo financiero que en el productivo para adaptarse”, explicó a DF.
3,7% Es la caída de empleos formales del sector privado entre noviembre de 2023 y abril de 2026
El economista de Fundar, Emiliano Libman, agregó que los sectores estancados son justamente los que dependen de “todo lo que Milei cortó como parte del ajuste”, entre ellos las políticas destinadas a sostener los ingresos, los salarios y el gasto público. “El modelo económico de Milei privilegia sectores que son muy pequeños como para arrastrar al resto”, aseguró.
Destrucción de empleo
Esta disparidad en la actividad tiene su correlato en el empleo. Para la economista investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Roxana Maurizio, “el aumento que traccionan esos sectores (agro, energía y minería) es muy débil respecto de la caída tan importante de los otros”.
Elizondo fue más allá y afirmó que el problema no se limita a que no se reduzca el desempleo, sino que “hay una destrucción neta del empleo formal y una creación neta de empleo informal”. Según el informe nº 944 de la Semana Económica del Banco Provincia de Buenos Aires (Bapro), entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se destruyeron más de 235 mil empleos formales del sector privado, una caída de 3,7%.
En este contexto, el mercado recortó su proyección de crecimiento para 2026 a cerca de 2,7%, frente al 5% previsto por el gobierno.
En tanto, un informe publicado la semana pasada por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) plantea que Argentina necesitaría crecer al menos 2,9% anual para que la creación de empleo asalariado formal acompañe el aumento de la población activa y permita reducir la informalidad.
Medidas bajo la lupa
A la pérdida de calidad del empleo se suma, según el economista de la Universidad Católica de La Plata, Horacio Pozzo, el aumento del endeudamiento y la morosidad de los hogares, factores que también dificultan la recuperación del consumo.
En ese contexto, explicó que el gobierno ha apostado por mantener las tasas de interés nominales lo más bajas posible para evitar agravar la situación financiera de las familias. “El período anterior estuvo caracterizado por un consumo excesivo en el sentido de que, al tener una inflación tan elevada, la gente lo que hacía era gastar”, señaló. Ahora, con una dinámica inflacionaria distinta, ese comportamiento cambió.
Otra de las apuestas del gobierno ha sido flexibilizar el crédito en dólares, una vía que, según Libman, busca compensar el deterioro del financiamiento en pesos por el aumento de la morosidad. Sin embargo, advirtió que esa herramienta probablemente sea insuficiente mientras persista el elevado endeudamiento de los asalariados de menores ingresos. A su juicio, una alternativa adicional sería “aflojar un poquito la mano en lo fiscal, sobre todo si la obra pública viene, por ejemplo, financiada por algún programa de algún organismo multilateral”.
En la misma línea, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció un mecanismo para reforzar el financiamiento hipotecario, que permitirá a la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) volcar por tramos 2 billones de pesos argentinos, unos US$ 1.320 millones, al sistema bancario.
Para Elizondo, los cambios promovidos por el gobierno están bien orientados, “pero hace falta más”, como una reforma impositiva que reduzca el costo tributario para las empresas, que “reaparezca el crédito” y “se avance en la estabilización macroeconómica para que el propio mercado empiece a generar un mercado de capitales o más financiamiento bancario, que todavía es bajo”.
Asimismo, el director del CARI destacó el problema de confianza y las dudas sobre la evolución del programa de gobierno con las próximas elecciones presidenciales. “Ahí hay un componente adicional en el tema de financiamiento”, indicó.