Líderes perfectos vs. creíbles: el valor de la vulnerabilidad en el liderazgo moderno
Por Carola Fuentes, gerenta general de FISA, directora de Cedenna #Soypromociona
Si naciste en los '70, como yo, perteneces a una generación —la generación X— que creció en un entorno donde las emociones no tenían el espacio que tienen hoy, y el concepto de vulnerabilidad ni siquiera se mencionaba. Mostrar sensibilidad o vulnerabilidad solía interpretarse como una señal de debilidad o incapacidad.
Sin embargo, lo que he aprendido en el tiempo es que la vulnerabilidad es clave para la construcción de confianza. Y para liderar, es fundamental que confíen en ti. Liderar requiere de cierta vulnerabilidad.
Tal como nos enseñaron a liderar —y considerando los ejemplos de liderazgo a los que muchas veces estamos expuestos— resulta difícil pensar en la vulnerabilidad como un atributo de un líder. El entorno y los tiempos han cambiado.
¿Qué es ser vulnerable? No es exponer emociones sin filtro en cualquier contexto: es tener la valentía de reconocer los propios límites, pedir ayuda cuando es necesario y compartir dudas sin perder claridad ni dirección. La vulnerabilidad no es desorden; es apertura con estructura y propósito.
Si incorporas vulnerabilidad accedes al mejor consejo, sumas voluntades y apoyo. Por lo tanto, mostrar sensibilidad no es solo un acto emocional, es también profundamente práctico.
Dos grandes líderes ilustran cómo la vulnerabilidad puede ser una fortaleza. La exprimera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, en sus memorias A Different Kind of Power, aborda abiertamente su naturaleza emocional y cómo moldeó tanto su vida como su forma de liderar. Dedica el libro explícitamente “a los que lloran, los que abrazan y los que se preocupan”, destacando que rasgos comúnmente considerados debilidades —como la sensibilidad, empatía y expresividad emocional— pueden convertirse en poderosas fortalezas en el liderazgo.
Por su parte, Barack Obama en su ensayo How I Approach the Toughest Decisions publicado en Medium el año 2020, reflexiona con honestidad sobre los desafíos de liderar bajo presión y la necesidad de reconocer las propias limitaciones. En ese texto admite que su forma de tomar decisiones –caracterizada por la deliberación y el análisis riguroso– no estuvo exenta de “puntos ciegos” que reconoció y trabajó con las personas que lo rodeaban.
Escribir esta columna me hace sentir vulnerable. Me expongo con propósito: con el ánimo de compartir este descubrimiento, construir confianza, inspirar colaboración y, sobre todo, conectar.