Fintoc ha recibido más de US$ 10 millones de inversión, fue la primera startup chilena en ser invertida por el gigante brasileño Monashees y hoy es una pieza fundamental en el sistema de pagos chileno. Es parte de la primera generación de Platanus Ventures, pasó por la aceleradora norteamericana Y Combinator y hoy emplea a 100 personas. Están procesando más de US$ 3 mil millones al año. Pero todo eso no ha sido gratis. Su fundador y CEO Cristóbal Griffero confiesa que ha sido emocionalmente duro, cuenta que acude a un coach (José Benguria) y afirma que cuando se sigue el camino del venture capital no se puede tener un equilibrio entre la vida y el trabajo.
Griffero es ingeniero civil, tiene 33 años, pero su Whoop (pulsera inteligente que mide la salud) le dice que tiene un par de años menos, está bien físicamente. Desde hace unos meses está en un programa de la ex atleta Natalia Duco para optimizar el cuerpo.
Confiesa que fue una de las personas que viendo la película The Social Network, centrada en Mark Zuckerberg, decía “quiero esto para mi vida, un día voy a programar tanto que se va a esparcir por el mundo y me voy a forrar con eso’”, decía.
Su primer acercamiento con un emprendimiento tecnológico fue en Easy Task, la firma fundada por el profesor de la Universidad de los Andes Francisco Ulloa que tras una presunta estafa de uno de los socios, cerró operaciones. Pero lo que realmente le cambió la manera de ver las cosas fue cuando hizo su práctica en Platanus, la -en ese entonces- desarrolladora de software que compartía socios con Fintual y Buda.
Ahí -confiesa- “se sentía como el renacimiento, sentía una energía muy diferente”. En ese entonces todos compartían oficinas y fue testigo del nacimiento de Fintual cuando eran sólo los cuatro fundadores y del boom de Buda cuando explotó el mundo cripto en 2018 y tenían que duplicar el equipo cada dos semanas.
Esa experiencia lo convenció de crear una empresa. Lo primero que hizo fue PGB, una firma de arbitraje de criptomonedas: “el negocio más lindo que he tenido en mi vida, realmente era el sueño del pibe”. Llegaron a transar más de US$ 100 millones.
Ser curioso
La idea de Fintoc llegó principalmente por curiosidad. “No la descubro si es que no soy curioso, si es que no me pregunto por qué Fintual no tiene pagos automatizados”, confiesa. El CEO de Fintual, Pedro Pineda, ha sido siempre mentor de Griffero: “es ese tipo de relación donde él me ayuda mucho a mí y yo no le ayudó nada a él”, dice entre risas. De hecho, fue Pineda quien lo juntó con su cofundador, Lukas Zorich. Ambos estaban postulando a Platanus con la misma idea, ser el Plaid para Latam (la app que actúa como intermediario entre bancos y fintech en Estados Unidos).
En este ítem, Griffero da un consejo. “Hay muchas tesis de qué es un buen socio. Lo típico es complementarse, que tengan habilidades distintas. Yo creo que lo más importante por lejos es que a nivel valórico estén súper alineados. Y valores no es solamente como qué es lo bueno, qué es lo malo, sino también cuál es el nivel de ambición que tenemos los dos. ¿Qué tan duro queremos trabajar para esto? ¿Qué estamos realmente dispuestos a hacer para que le vaya bien? Eso para mí es la madre de todo. O sea, Lukas está igual de loco que yo”.
Su meta a 2030 es llegar a 100 millones de personas.
Con VC no hay balance vida-trabajo
Para esto, Griffero se ha preocupado de “crecer más rápido que la organización”. Y dice verdades incómodas que en Estados Unidos son parte de la cultura empresarial. “No puedo trabajar de 9 a 5 y pretender ganarle a… no quiero decir nombres para no meterme en problemas, pero si no tengo una disciplina y una convicción absoluta de dedicarle todas las horas de mi dia que estoy despierto a esto, de ver cómo sacarlo adelante (...) Mi vida es Fintoc, si estoy duchándome estoy pensando en eso, los minutos que me distraje en este podcast estoy pensando en algún problema de Fintoc, y está bien que sea así, es doloroso emocionalmente, sí”.
En esa línea, hablamos de la carrera con el venture capital y el camino para ser una empresa valorizada en miles de millones de dólares. “Me gusta la carrera del VC, porque te empuja harto, pero es una experiencia profesional muy diferente a la que tenía con mi otra empresa, no solamente a nivel práctico, sino que por definición tienes que ser gigante y ser gigante tiene un dolor emocional bien grande comparado a tener una empresa más piola donde trabajas más lento y puedes tener mucho más work life balance. Con VC no puedes tener eso”.
- ¿Con los VC no puedes tener ese balance?
- Si quieres hacerlo bien no hay posibilidad, no creo en eso.
En esa línea, el ingeniero civil lo compara con los deportistas de alto rendimiento. “En Chile y en el mundo pensamos súper bien de ellos, el deportista se saca la cresta y entrena 10 horas al día, es obsesivo cómo come, duerme y entrena, está buscando las últimas tendencias para que su entrenamiento sea más eficiente. A él lo aplaudimos”.
Y agrega, “pero tú cuando ves lo mismo en un trabajador, en un empresario, si éste no tiene vida y es un trabajólico, culturalmente está medio perdida esa batalla donde el gallo que trabaja mucho está mal, pero el deportista que trabaja harto está bien. Entonces eso yo creo que es lo primero que tenemos que cuestionar”.
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