Pedro “Piru” Cisternas y Nicolas Pirozzi se conocen hace poco más de un año. Ambos deportistas -Cisternas fue futbolista profesional (jugó en Trasandino de Los Andes), y Pirozzi es esquiador (viene llegando de competir en los Juegos Olímpicos de Invierno)- cada día, a través de sus redes sociales muestran en público cómo emprenden y programan. Esta práctica de mostrar en tiempo real los aciertos y errores en el camino de crear una startup es una dinámica popularizada en Estados Unidos, y es lo que la dupla está haciendo con su app NutrIA, un rastreador de calorías con reconocimiento de alimentos por IA. Cómo funciona: el usuario saca una foto de su plato y la app le dice qué tiene, cuántas calorías suma y un score de qué tan saludable es la comida. Tiene más de 3.100 suscriptores activos e ingresos mensuales recurrentes de US$ 9.400.
Hace poco más de una semana, MyFitnessPal anunció la compra de Cal.ai, una app de nutrición casi idéntica en concepto, fundada por Zach Yadegari, un estadounidense de 19 años. Cal.ai facturó US$ 40 millones en sus últimos 12 meses y acumuló más de 15 millones de descargas.
Pirozzi y Cisternas conocen a Yadegari. En septiembre pasado pagaron US$ 5 mil para entrar a su comunidad privada de desarrolladores de apps de nutrición y pidieron una reunión uno a uno con él. “Empezamos a mostrar lo que hacíamos en Sudamérica con NutrIA y se le empezó a desfigurar la cara. Nos dijo: ‘Ustedes son mi competencia’ y se puso hostil”, cuenta Pirozzi.
La hackathon
NutrIA nació en Semana Santa de 2025. Cisternas llamó a Pirozzi y le propuso irse a la playa un fin de semana largo a hacer una hackathon: construir una app de cero y publicarla antes de volver.
Se habían conocido en octubre de 2024 por un amigo en común. Pirozzi programaba desde los 13, motivado por su hermano Vicente, y cuenta que apenas fue al colegio: pasaba el día entre código y esquí. Entró a Ingeniería Civil en la UC, pero al año y medio desertó. Se dedicó a esquiar y programar, luego entró a trabajar a Chequeados, una startup automotriz, y al poco tiempo se unió a Ian Lee, fundador de Examedi, a crear nuevos proyectos.
Cisternas jugó en las inferiores de Colo-Colo hasta los 16. Quiso irse a jugar a Estados Unidos, pero el Covid-19 lo devolvió a Chile dos días antes de que cerrara la matrícula en la UC. Entró a Ingeniería. En 2022 firmó contrato profesional con Trasandino, pero al terminar la temporada se dio cuenta de que el fútbol como trabajo le había dejado de gustar. Colgó los botines -aunque no dejó el fútbol-, se metió en tecnología y nunca paró.
Juntos ya habían intentado una primera startup: Pink, un asistente de WhatsApp con GPT-3.5 que corría en un celular físico en la pieza de Pirozzi. Pero no funcionó. Entonces decidieron hacer este retiro de Semana Santa partiendo de cero. Sin diseño ni plan de negocios. Sólo tenían un nombre: NutrIA, por nutrición. Empezaron a programar el jueves en la noche. El domingo al mediodía la app ya estaba en la App Store.
El objetivo no era ganar dinero, dicen. Querían demostrar que podían construir y publicar una aplicación en tres días. Pirozzi tenía un template propio que le permite armar una app, mandarla a la App Store y que se la aprueben a la primera.
¿Se vende?
Durante los tres primeros meses le dedicaron sólo un par de horas a NutrIA en las noches, mientras estudiaban sobre onboarding y muros de pago de apps, y en el día se dedicaban a proyectos propios. Todo lo iban contando en sus Instagram y TikTok. Cisternas, hijo de Diana Bolocco, tiene más de 140 mil seguidores en sus redes.
NutrIA partió siendo gratis. Cuando decidieron darle la opción al usuario de pagar o no por la app, la conversión saltó de 3% a entre 10 y 15%. Fue el punto de inflexión, dicen, a finales de 2025. Ese año facturaron US$ 66 mil.
Ahora, pocos meses después, la startup está a la venta.
- ¿La quieren vender?
Los fundadores se miran con cara de asombro.
- PC: A ver qué pasa...
Esta información (cortesía de Claude) está en TrustMRR, una plataforma norteamericana poco conocida en Chile, donde aparece listada a US$ 700 mil -4,6 veces su revenue-. Cuentan que ya han tenido cuatro ofertas por esa vía. Un broker turco que les ofreció ayudarlos a vender les pidió muchos datos y con eso “aprendimos toda la información que un inversionista necesita”, dice Pirozzi.
A diferencia de muchos emprendedores tecnológicos, para estos dos jóvenes los referentes no son las eminencias de Silicon Valley. A quien admiran es a Peter Lievels, un programador holandés que opera solo desde la playa, mantiene varias apps al mismo tiempo y factura millones sin levantar un centavo de inversión.
“Sentimos que estamos jugando”, dice Pirozzi. “Lo pasamos bien armando la cosa. Es rico que nadie te apure”. Hoy funciona casi en piloto automático, los fundadores le dedican pocas horas al día y contrataron a un amigo que se está haciendo cargo de la app. Tienen otro proyecto.
Hey Mark
A principios de 2026 llegaron a una conclusión: podían construir cualquier app rápido, pero no podían construir una marca a esa misma velocidad. NutrIA había crecido porque ellos eran la marca y eso no era fácil de replicar rapidamente, porque requería cientos de horas de inversión.
De ahí nació HeyMark, un agente de IA para marketing. Se conecta a las RRSS de un usuario, analiza su contenido histórico, identifica qué funciona y propone estrategias. Crea carruseles, sugiere calendarios, corre campañas. Esta semana lanzaron un beta con 20 usuarios. En este proyecto se asociaron con Crescente Martínez. un emprendedor veinteañero que también dejó la universidad para crear una agencia de marketing digital.
Pirozzi quiere tener 20 aplicaciones corriendo en paralelo, cada una con su propio motor de crecimiento. Cisternas prefiere ir a fondo con Mark. “Cada día que pasa siento que esta cosa puede ser enorme”, dice. Es la primera vez que no están alineados.
“Nos une querer lograr cosas grandes y pasarlo bien intentándolo”, dice Cisternas. “En lo demás, somos bastante distintos”, agrega.