En Teatinos 220 quedó un eco del desmantelamiento de la breve era Steinert ejecutado por Martín Arrau. Cuando el martes le pidió la renuncia al subsecretario Andrés Jouannet, éste lo paró. Le advirtió que eso lo podía hacer el Presidente, pero no él, se dice. Su jefe le retrucó que la decisión era un requerimiento presidencial. Punto. Esa reunión habría durado cerca de 10 minutos; la que consumó la remoción de la otra subsecretaria, Ana Victoria Quintana, habría rondado los cinco.
La escena fue tensa, atestiguan en Seguridad Pública. En estos días han circulado cantidad de aliños acerca de qué no funcionaba entre ambos: que a Arrau no le quedaba cómodo alguien con el kilometraje de Jouannet; que éste era a fin de cuentas un “converso”, o que -refrasean en la cartera- había una gestión no tan bien evaluada, y una “afinidad política insuficiente”.
Después vimos que el asunto escaló veloz hasta el mandatario en al menos dos ocasiones. Primero, esto forzó una cita en Palacio entre él y el ex DC-exAmarillos (le ofreció reubicarse en el Segundo Piso), y luego hubo parlamentarios RN que le reclamaron personalmente a Kast su defenestración en un encuentro en Cerro Castillo; ya la habían lamentado en público como un “error político”.
En el ecosistema derechista unos celebran que el ministro republicano haya tomado esta decisión firme, rápida y quizá hasta fría, rasgo que ciertos conocidos suyos subrayan. Hay quien dice que -de paso- con ambas remociones se reconoce que el Presidente cometió gordos errores en Seguridad Pública, del casting para abajo. Y otros advierten que Arrau tal vez se haya comprado un problema que se puede ver a través de otro prisma, ahora que parece descollar.
Deshacerse de los dos alfiles de su antecesora justo cuando está en la cresta de la ola, al mando de los principales encargos de la primera cuenta pública presidencial, encabezando operativos policiales en barrios, con gendarmería en cárceles, publicando sus actividades a diario, plantando cara ante senadores y diputados en Valparaíso para tratar de sepultar la sangría del “plan” está atrayendo su buena cuota de atención, sacadas de cuenta y -por supuesto- suspicacias en torno a la figura y los posibles futuros de este ingeniero civil industrial que ahora tiene otra cuesta arriba, 19 días después de recibir la primera: el peligro inherente a que te empiecen a etiquetar de posible-quizá-tal-vez candidato a heredero presidencial.
Sin hijos, sin horarios
Cuando estas cosas ocurren, en política hay como un chip que dispara automáticamente frases: “Es demasiado temprano para eso”, “es típico de quienes lo quieren liquidar”, “ah, lo quieren quemar”. No sin razón. Lo de Arrau comenzó casi como una jugarreta, en una de las entrevistas televisivas del domingo pasado -la de CNN Chile- a propósito de la Cuenta Pública.
Preguntado repetidamente sobre si le veía pasta de candidato presidencial, Kast trató de driblear pero entre no exponerlo y no taponearlo había poco margen para que el cotilleo posterior no incrustara la idea de que sí, el Presidente tiene candidato a sucesor.
No ayudó mucho a disipar eso lo que saltó a la vista el lunes en la Región de Valparaíso. Después de la foto oficial en Cerro Castillo, el mandatario se quedó conversando un momento con su Número Dos de Interior Claudio Alvarado, y con Arrau. Y éste llegó al Congreso justo unos instantes después de que el resto del gabinete ingresara en fila, lo preciso como para que las cámaras lo tomaran a él solo bajándose del auto oficial, subiendo la escalinata y saludando uno por uno a los parlamentarios.
¿Casualidad? En su equipo no niegan que eso puede haberse visto con-su-qué, pero que no fue hecho intencionalmente. La cosa es que menos pasó colado que en medio de todo esto, al rato el Presidente lanzara dos veces al aplausómetro del Salón de Honor al ministro de Vivienda, Iván Poduje.
Antes de seguir con esa hebra, el dato que rescatan en el bando gobiernista y especialmente en el Legislativo es que la entrada al juego de Arrau podría despercudir un gabinete que luce opacado por el protagonismo de Jorge Quiroz en Hacienda. Mal que mal, lleva semanas el clamor subcutáneo de que los sectoriales no parecen “brillar”. Y que claro, esto lo mete al baile de los secretarios de Estado más “poderosos” -en su caso pesa la carta blanca que le dio Kast, como se notó con el descabezamiento de las subsecretarías-, que ya no es monopolio del jefe de Hacienda y tampoco de él y de Alvarado.
En la pública, el ministro de Seguridad -observan sus conocidos- está jugando una de sus cartas de manual, la misma que viene aplicando desde hace varios cargos atrás: la del funcionario-autoridad trabajólico, metódico, estructurado y resuelto. Lo de trabajólico y madrugador no es broma y así como algunos aseguran que es innato y no estudiado, que lo trae al menos desde sus tiempos en el campo en Ñuble, tampoco niegan que le sirve bastante en esta pasada y harto más cuando quiera subir la puntería hacia el premio mayor… si es que ya no está en eso.
¿Qué tanto? En la cartera dicen que no es mito lo de ya estar funcionando en la oficina a las 06:30 AM, en ocasiones de lunes a domingo, o que la jornada se estira a veces hasta cerca de las 23:00. De sus tiempos de convencional constituyente (2021-2022) algunos recuerdan que a veces les escribía mensajes al celular alrededor de las 4:30 AM.
Claro que un exministro de Piñera que las vio de hartos colores acota que eso no debería ser excepcional en un trabajo así, que con su deber no más se cumple, que se duerme poco, se recorre harto, y que -para qué estamos con cosas- los y las ministras tienden a ser seres muy, demasiado particulares.
De cualquier modo, algo de dichos horarios podría explicarse con otros dos datos. Uno, Arrau no tiene hijos. Eso lo suelen repetir sus conocidos y amigos, que en política se nota cuando no tienes ese frente familiar extra. Unos comentan que eso no es nada del otro mundo, otros que es una gran ventaja, si tienes ambiciones superiores. Además, de su esposa se dice que lo respalda a morir en estas tareas.
Este jueves 4, después de participar en un decomiso de drogas, el ministro tomó un avión -18:00 horas- rumbo a Arica, donde estuvo en un operativo de gendarmería en el penal local, actividades con la Comisión de Zonas Extremas y Territorios Especiales del Senado. Después de visitar las obras de la zanja fronteriza partió a Putre, Chungará, Colchane, Iquique y luego de vuelta a Arica para estar hoy junto a Kast en un nuevo aniversario del asalto y toma del Morro y volver mañana lunes a Santiago. Esta semana estará en algunos operativos más en la capital y luego partirá a otra región del país.
Dos, si buena parte de su equipo le puede seguir el ritmo quizá es porque son más bien jóvenes. Su gabinete en el ministerio se compone en gran parte de un grupo con el que se viene repitiendo el plato desde que fue el primer intendente de la entonces recién creada Región de Ñuble (2018-2020) en Piñera II.
A todo esto, Arrau esa vez le dijo al mandatario que no apetecía mucho ocupar un cargo con el que él no estaba de acuerdo porque no le gustaba eso de crear una región nueva. La leyenda narra que Piñera le dijo que a él tampoco le agradaba la idea, pero que la ley había que aplicarla no más. Algo parecido dicen del cargo que ahora lo tiene en la ola: que tampoco estuvo a favor del Ministerio de Seguridad.
Ah, estábamos en lo de su equipo. De sus tiempos en el sur siguen con él su jefe de gabinete Javier Parra; su jefe de asesores, Carlos Ávila, y su jefe de Comunicaciones, Guido Focacci. Ese es su círculo más cercano. También viene de su época en la Intendencia de Ñuble el territorial Felipe Neira, quien lo acompaña en su gira de este fin de semana.
El resto del staff es “nuevo”. En el MOP conoció y de allá se trajo al hoy asesor legislativo Cristóbal García (abogado, republicano); a Pablo Schulz, encargado de proyectos prioritarios (ingeniero UC) y Loreto Valenzuela, la abogada encargada de compliance en el ministerio. También está el territorial Tomás Yáñez, el asesor político Marcelo Rojas y el jefe de la División de Estudios Pablo Adrián, quienes estaban en el team Steinert.
Claro que esto acarrea quejas en el MOP por la fuga de asesores a Seguridad y las direcciones de serivicio que Arrau dejó sin nombrar cuando se fue.
De Chile Vamos a esto
O sea, no es que solamente confíe en quienes lo acompañan hace años y que desconfíe del resto. Eso no, dicen los suyos. De sus años en la región, cuando militaba en la UDI y era del lote de la expresidenta Jacqueline van Rysselberghe (en su día senadora por el Biobío, región de la que se escindió Ñuble), se recuerda que Arrau al comienzo no era de trato muy cercano con los locales, que eso se le hizo ver y que lo fue trabajando satisfactoriamente.
Su historial político arroja un viaje con matices. Algunos veteranos de Piñera I recuerdan que cuando Arrau fue coordinador de asesores del ministerio de Agricultura (2010-2012) tuvo mucha cercanía con algunos fundadores de Evópoli, como Hernán Larraín Matte. Se volvieron a encontrar en la primera Convención Constitucional (2021); Arrau había sido electo en cupo de Chile Vamos. Hacia el final del proceso o muy poco después de terminado, renunció a la UDI y entró a militar al Partido Republicano (2022).
Resumen. No se fue con Kast de la UDI el 2016 sino que mucho después. No es -aplicando la terminología gremialista noventera- un republicano “químicamente puro”, aunque no falta el militante “histórico” que se ríe porque cómo hacer un tema de eso ni menos un reparo si el partido apenas tiene unos pocos años y hasta el mandatario es “importado”. Lo sienten bastante propio, insisten. Era que no.
Los que saben de esto recalcan que el Presidente y su ministro de Seguridad Pública son bastante cercanos aunque recién hicieron match hace pocos años. Además de cierto alineamiento de estilos y valores (en el Partido Republicano hay quien ubica a Arrau en su ala conservadora), la relación se afianzó durante la última campaña presidencial, a cargo del despliegue territorial.
Famoso y recordado es el episodio cuando Arrau se opuso y se impuso a Alejandro Irarrázaval y otros que bregaban por un evento masivo en el Estadio Bicentenario de La Florida para esperar los resultados de la segunda vuelta -con producción y todo en marcha- por una opción más discreta. Lo apoyó a mil su amigo y aliado, y ex compañero de colegio, el capitán republicano Arturo Squella (con quien comparten estilo, sintonía y cierta distancia a los perfiles más estridentes, como los de Sin filtros). También tiene cercanía con la ministra María Jesús Wulf (Educación) y el subdere Sebastián Figueroa.
Como ya lo hemos dicho antes, parte del antagonismo que separa a Squella de Irarrázaval nace entre otras cosas de que el hoy jefe del Segundo Piso hizo a un lado a Arrau al final de la campaña.
Asuntos pendientes
Sea o no Arrau el delfín (sinónimo de pretendido heredero al trono que nos legó la Francia entre 1350 y 1830) de Kast, quienes han visto subir y caer tanto aspirante en los últimos años aconsejan que más vale que la Casa Real lo disimule. Uno, porque el manual de estudio de casos dicta que si te expones como posible candidato, te harán blanco; pero si además te ven como el ungido de Palacio, el fuego partirá por los “amigos”. La biblioteca está repleta de ejemplos.
Piñera I tuvo al menos a cuatro ministros disputándose la sucesión (Hinzpeter, Golborne, Allamand, Longueira y Matthei). De Piñera II se decía que prefería a Sichel al menos porque no quería que Lavín llegara a la papeleta; ya sabemos qué pasó. En este caso, el hábito de madrugar tanto como lo hace el ministro en el día a día no sirve de mucho, hacen ver en su sector. Y además, un cargo como el suyo tiene el mismo lastre que Interior cuando tenía acoplada Seguridad: ser candidato es demasiado cuesta arriba, en parte porque es la percepción la que incide. Se pueden ganar 10 partidos, grafican varios en el bando gobiernista, pero pierdes dos (una ola de crímenes, por ejemplo) y adiós.
Mientras esa pelota sigue corriendo, el equipo de Arrau negocia con la Dirección de Presupuestos: quieren que afloje financiamiento para dos de sus proyectos de ley: el que subiría la paga a quienes entran a formarse como carabineros, y el que fija un bono como incentivo. El asunto es que el monto sería alto -una versión habla de entre US$ 150 y US$ 200 millones- para el momento que encara Hacienda, con el lío de la deuda y el megaproyecto.
Arrau sabe que hay otro flanco pendiente. El miércoles de esta semana escuchó en persona en la Sala del Senado al congresista Pedro Araya (PPD, uno de los votos que Palacio persigue para el megaproyecto) acusarlo de no ser creíble porque el ministro “participó en una operación política sustentada en antecedentes falsos. El 2021 presentó una denuncia penal con un dossier que le atribuía a diversas figuras políticas la existencia de cuentas secretas en paraísos fiscales. Dicha denuncia se realizó para perjudicar la honra de estas personas en medio de un proceso electoral. La fiscalía investigó durante años y la conclusión fue que las cuentas no existían y los antecedentes eran falsos”.
El caso estaba medio olvidado hasta que Arrau llegó a ministro y más cuando reemplazó a Steinert: la denuncia que interpuso se basaba en un informe falso en el que se acusaba a Araya, la exPresidenta Michelle Bachelet, el exministro Álvaro Elizalde y varios nombres más, pero con la mala ocurrencia de haber incluido al hoy alcalde de Santiago Mario Desbordes. Ninguno de ellos olvidó la afrenta y menos el ex RN.
Hace poco más de dos semanas (22 de mayo) La Segunda publicó una entrevista al edil en la que acusaba que “fue una operación política de las peores que he visto”. Eso llevó a que el medio Reportea publicase un extenso artículo (25 de mayo), lo que a su vez empujó a Araya a enrostrárselo en sala a Arrau; él permaneció impávido.
La cosa se puede poner de otro color porque Araya, dicen en el Senado, va a encarar al ministro cada vez que lo vea en el Congreso para pedir explicaciones, y piensa emprender acciones legales en su contra.
¿Desbordes? Su pelea política de fondo es con el ministro Fernando Rabat (Justicia) por el lío de la cárcel en su comuna, más que con Arrau, aunque en lo humano es otra cosa. ¿Qué va a hacer el ministro? Los suyos piensan que debería tener una conversación en serio con el alcalde, y que eso sería más urgente que lo de Araya. Y que hay matices sobre la polémica denuncia que presentó.
Continuará, cómo no.