El desconocido chileno que se asoció con la familia Cisneros para apostar por Venezuela
Mediante su compañía de private equity 3B1 Partners, fundada en 2019 y basada en Nueva York, Rodrigo Bitar, hijo del exministro de la Concertación, Sergio Bitar, invierte extensamente en Venezuela y en otros países de Latinoamérica. Su socio y amigo, Eduardo Cisneros, forma parte de la tercera generación de la familia más rica de ese país. Su foco ha sido encontrar compañías con potencial de crecimiento y a buen precio.
Por: Mateo Navas
Publicado: Sábado 10 de enero de 2026 a las 21:00 hrs.
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En Nueva York, entre la catedral de San Patricio, el Rockefeller Center y la Trump Tower, se encuentra un alto edificio que cuenta con inquilinos como hedge funds, oficinas de abogados y corredoras de propiedades. Ahí, en el piso 23, están las oficinas de Toro Advisors y 3B1 Partners, ambas compañías fundadas por el chileno Rodrigo Bitar Hirmas, hijo del expresidente del PPD Sergio Bitar. La primera es una firma de asesoría de M&A y la segunda es un fondo de private equity enfocado en Latinoamérica, sobre todo, Venezuela. Tanto así que el logo de 3B1 -que muestra un pájaro volando- tiene los tres colores de la bandera del país sudamericano.
La firma no posee sitio web ni publica su portfolio. Y a pesar de eso, son influyentes en Caracas y, con el tiempo han profundizado sus negocios en tierra venezolana. Sus dos fondos de inversión hacen referencia a pájaros que se pueden encontrar en Venezuela: el primer vehículo de inversión lo bautizaron Guacamaya, en honor a los coloridos loros que vuelan por el valle de Caracas, mientras que el segundo se llama Turpial, que hace referencia al ave nacional de dicho país.
Historia de exilio
Fue en 1974 cuando Rodrigo Bitar, el hijo del exministro de Salvador Allende, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, se fue al exilio junto a su familia luego del golpe de Estado. En ese proceso pasaron por Venezuela.
Años después volvieron a Chile, pero a pesar de la distancia, hubo algo de los Bitar que se quedó en ese país, que por esos tiempos era la nación más rica de la región y con uno de los estándares democráticos más altos de Latinoamérica.
Rodrigo Bitar estudió ingeniería civil eléctrica en la Universidad de Chile. Al egresar se involucró en política, ejerciendo como jefe de campaña en la cruzada senatorial de su padre, que obtuvo la primera mayoría en Tarapacá. Después, durante su primer año de gestión, fue su jefe de gabinete. Posteriormente trabajó en las fundaciones Mercator (ligada al entonces senador Fernando Flores) y en Región y Desarrollo.
En 1997 viajó a Boston para estudiar un MBA en Harvard y al terminar trabajó tres años en la boutique financiera Violy Byorum & Partners. En 2003 arribó al extinto banco de inversión neoyorquino Athelera, donde fue managing partner durante 12 años. Fue ahí donde profundizó sus redes en el mercado latinoamericano, especialmente en países como Ecuador, Venezuela y Colombia, entre otros.
También en materia profesional se vinculó con el mercado local: en 2006, por ejemplo, Bitar fue el intermediario entre Cencosud y la familia colombiana Toro, dueños de Almacenes Éxito. En ese tiempo la compañía de Horst Paulmann quería aterrizar por primera vez en dicho país mediante la compra del 24% del retailer. Y aunque la operación no se concretó, su nombre salió por primera vez a la luz pública en el mercado local.
En 2015 se independizó con Toro Advisors, una firma de asesoría enfocada en M&A especializada en América Latina que fundó junto a los ex Athelera Paula Carriço y Eric Sevillia. Hoy, dice su página web, su especialidad está en asesorar a clanes empresariales y a multinacionales en operaciones de entre US$ 30 millones a US$ 300 millones. En total, todos los banqueros de la empresa han participado de operaciones valoradas en más de US$ 4.000 millones.
Entran los Cisneros
En 2019 Bitar emprendió con otra firma. La bautizó 3B1 Partners y se enfocó en la creación de fondos de inversión para adquirir compañías con potencial de crecimiento en América Latina. Para eso, reclutó a sus socios de Toro Advisors y añadió a un amigo cercano: Eduardo Cisneros, nieto de Diego Cisneros, patriarca del grupo económico más grande de Venezuela y el cual lideró el auge económico de este país en los ’80 y ’90.
Bitar comenzó a trabajar con los Cisneros hace unos 20 años. En 2006 ayudó a Osvaldo Cisneros a comprar diversas empresas. A partir de ahí, ha sido un ejecutivo clave en las operaciones de M&A del grupo. Esta familia, que actualmente está basada en Miami, ha tenido exposición en múltiples industrias: medios de comunicación, entretenimiento, inmobiliaria, deportiva, desarrollos turísticos y productos de consumo.
Lo que motivó a Bitar a emprender con 3B1 fue una tendencia que él comenzó a notar al comienzo de la década pasada, cuando la economía de Venezuela se contrajo por la caída del valor del petróleo y por las tensiones políticas con el gobierno de Hugo Chávez y posteriormente de Nicolás Maduro. Con estos elementos, los precios de las empresas locales comenzaron a decaer. En sólo ocho años (entre 2012 y 2020) la economía venezolana cayó más de 70%, lo que se tradujo también en las valorizaciones de las compañías.
Con esa información sobre la mesa, ambos aprovecharon el momento: en 2019 levantaron un fondo con la idea de comprar barato, mantener los activos en el tiempo, aprovechar las ventajas competitivas y crecer.
Lo llamaron Guacamaya y lo constituyeron en Delaware. Su administración, eso sí, estuvo en Miami, Florida, donde los Cisneros tienen basado su holding.
Lo que le interesó a Bitar y Cisneros fue invertir en firmas vinculadas a los servicios básicos, como telecomunicaciones, retail, alimentos y bebidas, y rubro farmacéutico.
Su filosofía de inversión se basó en la siguiente estructura: primero, mapear los líderes de las distintas industrias. Luego, buscar las firmas con buena administración, un cashflow sano, procesos internos positivos, dominio de mercado y con marcas reconocidas. Con eso listo, entraban a negociar.
En muchos casos no han comprado el 100% de las empresas, ya que valoran el conocimiento y experiencia de los accionistas anteriores.
Así, por ejemplo, compraron una porción de Corimón, firma dedicada a la industria química y que tiene un amplio dominio del mercado venezolano. Previamente la empresa cotizó en bolsa en Estados Unidos y hoy se transa en el mercado local. Según Bloomberg, la adquisición se realizó con el fondo Guacamaya.
También, según un informe de Venecápital -la asociación de venture capital venezolana-, Guacamaya adquirió una porción de Calox International, uno de los laboratorios farmacéuticos más importantes y antiguos de Venezuela. Posteriormente, la gestora de Bitar sumó a su portafolio los activos de Pfizer en el país y, recientemente, los de Vivax Pharmaceuticals.
Hasta ahora, 3B1 Partners ha levantado dos vehículos, los cuales, a marzo de 2025, reportaban activos administrados por un total de US$ 142 millones. Según el último reporte entregado al regulador en marzo de 2025, el valor bruto de los activos del 3B1 Guacamaya Fund LP asciende a US$ 77,9 millones. Este fondo cuenta con 13 beneficiarios efectivos, de los cuales el 37% corresponde a personas no residentes en Estados Unidos. Por su parte, el 3B1 Turpial Fund registra activos por US$ 64,1 millones y una base más amplia de inversionistas, con 35 beneficiarios.
Situación política
La apuesta de Bitar en Venezuela ha estado estrechamente vinculada a una proyección: que la economía local mejore en el futuro gracias a un mejoramiento de su crisis política.
Esa proyección cobró un nuevo sentido el sábado pasado, tras la captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU. Con el inicio de una nueva etapa bajo la administración de Delcy Rodríguez, el mercado apuesta por una apertura económica y el restablecimiento de libertades individuales. Sin embargo, el desenlace sigue abierto.
El empresario chileno esperaba que en 2024 Venezuela se abriera paso a una apertura democrática con las elecciones presidenciales de julio. Pero eso no ocurrió. El mismo Bitar reflexionó sobre esto en un podcast con su amigo Ted Seides -a quien conoció en Harvard- publicado en 2022. En aquella oportunidad dijo: “Creemos que las sanciones se suavizarán, y confiamos en que también habrá un mejor proceso político que permitirá eventualmente levantar las sanciones después de las elecciones de 2024. Eso es lo que ha dicho el gobierno estadounidense”.
Y agregó: “Existe el riesgo de que la situación no cambie, y si efectivamente no cambia, (igual) vamos a tener un crecimiento porque ya hemos comprado las empresas básicas del país. Por lo tanto, vamos a tener que esperar, pero tenemos los activos que son valiosos a largo plazo. El riesgo aquí está en la duración: cuánto tiempo tenemos que aguantar hasta recuperar el capital”.
En una nueva intervención en el podcast de Seides a finales de abril 2025, Bitar profundizó en esta estrategia. Defendió la vigencia de Venezuela como un caso de “recompensa de riesgo asimétrico”. Reveló que su portafolio ha crecido a un ritmo del 40% anual en los últimos cuatro años, impulsado por activos adquiridos a precios atractivos. Un ejemplo está en el sector farmacéutico: en menos de tres años, 3B1 transformó a una compañía que ocupaba el sexto lugar en el ranking nacional en el segundo mayor fabricante del país.
Para Bitar, la estabilidad económica de sus operaciones no ha dependido de cambios en el régimen, sino de la “dolarización informal” consolidada desde 2019, la cual permitió reactivar el crédito y el comercio interno. No obstante, en el podcast, el chileno sí reconoció un factor que no estuvo en sus planes: el entonces giro restrictivo de EEUU hacia el crudo venezolano. Según Bitar, esta política era “extraña”, ya que en la práctica empujó el petróleo hacia China, contradiciendo los objetivos estratégicos de Washington.
Ahora, con Maduro fuera de Miraflores y con un Estados Unidos interesado en el crudo venezolano, la perspectiva cambió en 180 grados. Y quizás ahora, los activos administrados por Bitar en Venezuela sean, finalmente, la joya de la corona que muchos inversionistas están viendo con interés.
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