Filantropía con propósito
Señor Director:
Las recientes cartas publicadas por Isabel Vial, de Fundación Kiri, y Rafael Rodríguez, de Fundación San Carlos de Maipo, han puesto sobre la mesa dos dimensiones de la filantropía actual. Por un lado, la necesidad de entenderla como una inversión social estratégica, con propósito, gobernanza y codiseño. Y, por otro, la urgencia de avanzar hacia impacto real, medible y basado en evidencia. Sin embargo, a ambas miradas se les debe agregar una capa adicional de análisis.
Una parte relevante del impacto social se define antes de la ejecución, en las decisiones internas de cada organización y en las consecuencias sociales que estas generan. Primero, en qué se decide: con qué foco, prioridades y a costa de qué. Solo después aparece la discusión sobre qué se financia, por cuánto tiempo y bajo qué incentivos y criterios de éxito. Cuando esta primera capa no está bien diseñada, la segunda solo administra consecuencias. Y cuando ese diseño falla, los costos no son solo sociales, se traducen en recursos mal asignados, desgaste interno y oportunidades de impacto -y de ventaja competitiva- perdidas.
El desafío no es solo ejecutar mejores programas, sino diseñar mejores sistemas de decisión, coherentes con el impacto que se busca generar y capaces de sostenerlo en el tiempo.
María Jesús Flores Ferrés
Directora Ejecutiva KOLMMA
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