América Latina en 2025: una retrospectiva
ALFREDO COUTIÑO Director para América Latina en Moody’s Analytics
A pesar de las amenazas proteccionistas del exterior, América Latina pudo navegar con vientos en contra durante 2025. Esto fue posible gracias a los esfuerzos de la región para mantener en funcionamiento el motor interno y a que algunos países redirigieron sus exportaciones hacia otros mercados. En el primer caso, se observaron algunos estímulos fiscales y un relajamiento monetario en la mayoría de los países. En el segundo, se estrecharon lazos comerciales, principalmente con Asia y, en especial, con China, así como con Europa. A pesar de que Chile solo pudo mantener su ritmo de crecimiento en 2025, se convirtió en la única economía de la región que logró aumentar su capacidad productiva de largo plazo.
En 2025, la región logró capear el temporal y mantener el ritmo de crecimiento, incluso acelerarlo ligeramente, gracias a la recuperación de Argentina y Colombia, cuyas economías dejaron atrás la recesión y el bajo crecimiento de los dos años anteriores. Sin embargo, al interior de la región los países se movieron a tres velocidades diferentes. Mientras Argentina y Colombia aceleraron el paso, Chile y Perú mantuvieron el ritmo y Brasil y Uruguay moderaron su avance. México fue el único país que desilusionó entre los grandes, ya que prácticamente se le apagaron los motores.
“La región logró capear el temporal y mantener el ritmo de crecimiento, incluso acelerarlo ligeramente, gracias a la recuperación de Argentina y Colombia. Sin embargo, el resto de países se movió en tres velocidades diferentes”.
Así, en el año, América Latina creció 2,3%, tras una expansión de 2% en 2024. Dentro del grupo de los siete grandes, los países líderes fueron Argentina con un crecimiento de 4,4%, seguido por Perú con 3,4%, Colombia con 2,8%, Brasil y Chile con 2,5%, y México que se quedó al final con un magro 0,3%. Sin embargo, la región logró evitar la pérdida de capacidad productiva, pese a la política proteccionista estadounidense. En este sentido, el producto potencial de la región mantuvo su tasa de crecimiento en 2,5%, similar a la registrada en 2024 y ligeramente mayor que la de 2,4% en 2023.
En esta materia, Chile destacó por sus esfuerzos para fortalecer la fuente fundamental del crecimiento económico: la acumulación de capital productivo. Esta fuente del crecimiento no solo aumenta la capacidad productiva de la economía, sino que también incrementa la productividad y el progreso tecnológico. Así, después de la destrucción de capacidad generada por la pandemia en 2020, Chile fue capaz de restaurar su tasa de inversión a producto, desde un 19% durante la pandemia hasta un 25% en 2024-2025. Esta fue la mayor tasa de inversión alcanzada entre las siete grandes economías de la Latinoamérica, superando significativamente el promedio de solo 19% de la región.
Un riesgo latente para la región es la posible tentación de algunos Gobiernos que, ante la prisa por entregar crecimiento económico de corto plazo, echen mano del gasto social para estimular el consumo y, con ello, olviden que la fuente fundamental del crecimiento permanente es la inversión productiva. Esto deterioraría la acumulación de capital en la región, con consecuencias negativas para la capacidad productiva, la productividad de los factores y el progreso tecnológico. Este riesgo aumenta en el corto plazo, sobre todo en los países con procesos electorales en puerta, como Brasil, Colombia, Costa Rica y Perú.
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