Razones para cuidar la moderación en la agenda tributaria
JOSE MANUEL BARROS Barros | GLP
Elegido ya José Antonio Kast como nuevo Presidente de Chile, se ha especulado bastante sobre las nuevas medidas en materia tributaria que impulsará o que debería impulsar el nuevo Gobierno.
Oficialmente, el entonces candidato propuso durante la campaña -entre otras medidas- la reducción de la tasa del impuesto corporativo al 20%, la posibilidad de uso de créditos por contratación de personal femenino o de origen vulnerable, la fijación de contribuciones sobre la base del costo tributario de las propiedades, la reintegración de los impuestos de primera categoría e impuestos finales, y la vuelta a otorgar un ingreso no renta al mayor valor en la venta de títulos en bolsa y con presencia bursátil.
“Una cosa es favorecer la inversión y otra muy distinta abrir espacios de aprovechamiento más allá del diseño institucional, aunque esos espacios favorezcan la inversión. Es el análogo a permitir una inmigración irregular a cambio de tener mano de obra barata”.
En redes sociales ha sido sorprendente el entusiasmo que ha generado la elección presidencial en relación con las nuevas posibilidades que se abren. En efecto, los profesionales en el área tributaria han ido mucho más allá, aparentemente tentados de volver a los tiempos de “amplios espacios de trabajo” (aka planificación fiscal agresiva). Dentro de las banderas más alzadas esta la muy legítima propuesta de “simplificación” del sistema, que desafortunadamente más de alguno ha llevado a la reducción de la información entregable al SII (olvidándonos de las asimetrías de información que naturalmente tienen el SII y los contribuyentes), la franca eliminación de las contribuciones, y la extensión del ingreso no renta a las ganancias de capital a toda venta de acciones, títulos o derechos sociales aun cuando no se transen en bolsa ni tengan presencia bursátil.
En contraste, el Presidente electo en su primer discurso luego de la elección, mencionó precisamente un aspecto que creo valioso: fortalecer la institucionalidad y el orden, reduciendo los espacios de anarquía social. En este sentido, no debemos olvidarnos de que el pago ordenado de los impuestos es un componente esencial del orden institucional. No es conveniente que a propósito del natural entusiasmo de las ideas promercado y los nuevos ánimos que el futuro augura a sectores empresariales, se pierda el horizonte de orden en que objetivamente el país ha avanzado en el último tiempo.
Una cosa es favorecer la inversión y otra muy distinta abrir espacios de aprovechamiento más allá del diseño institucional, aunque esos espacios favorezcan la inversión. Es el análogo a permitir una inmigración irregular a cambio de tener mano de obra “barata”. Otorgar un ingreso no constitutivo de renta a la generalidad de ventas de acciones, derechos u otros títulos abre naturalmente la posibilidad a que dividendos tributables se desvíen a ganancias del capital exentas. Otorgar un crédito por contratación femenina o de sectores vulnerables puede llevar a contrataciones fantasma. Simplificar el sistema tributario por la vía de la reducción de las obligaciones de información, puede involucrar que la autoridad no cuente con herramientas para la aplicación de la ley, ahondando de paso en la crisis de procesos al interior del SII.
No quiero con esto decir que no se pueda avanzar en estas materias. Evidentemente se puede, y no solo a nivel legal, sino también a nivel de procesos administrativos en el SII. Lo importante es evitar que las nuevas iniciativas que en definitiva se impulsen no den lugar a espacios de planificación alegal, ya que precisamente esos espacios representan la anarquía que nuestro Presidente recién electo pretende reducir. Dejar esos espacios a la aplicación de una norma de por si defectuosa y problemática como lo es la norma general antielusión, es agravar aún más las cosas. Esto naturalmente impone, entonces, el enorme desafío de dar con normas y políticas con propósito, bien pensadas y fundamentalmente simples, acompañado de la promoción entre contribuyentes de las herramientas para lidiar con el sistema resultante.
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