Editorial

¿Quién paga los impuestos a empresas?

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En el escenario más probable a estas alturas, las empresas deberán afrontar a partir del año tributario 2014 un aumento significativo del impuesto de Primera Categoría de 20% a 25%, modificación que requiere sólo mayoría simple para su promulgación. Más adelante se buscaría también un cambio bastante radical en la tributación de los socios a través de la eliminación del FUT, con efectos muy distorsionadores, pero de más incierta aprobación. Uno de los objetivos que se plantea la Nueva Mayoría con este aumento de impuestos es una disminución de la desigualdad. Sin embargo, el sólo aumento de la tasa de Primera Categoría no logra ese objetivo, por lo que la elección del instrumento es equivocada.



El impuesto a la empresa es un impuesto al capital, cuyos efectos se pueden dividir en dos; primero, se afecta en algún grado el retorno de la inversión, con lo que ésta cae, disminuyendo también la tasa de crecimiento de tendencia de la economía, lo que no sólo afecta a los dueños de las empresas. Segundo, dependiendo de las elasticidades de oferta y demanda de bienes y factores, parte de la incidencia del impuesto recae en los trabajadores a través de menor empleo y/o salarios, y parte recae en los consumidores, a través de mayores precios de bienes.

En definitiva, el impuesto a la empresa no sólo lo pagan sus dueños, sino también sus trabajadores y consumidores. Por ende, es imposible saber a priori el efecto en equidad de este aumento de impuestos, mientras que sí se puede afirmar sin ambigüedad que su efecto en eficiencia económica es negativo.

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