Gabriela Clivio

¿Reformas? Escogiendo el sabor del mes

Gabriela Clivio Economista y CFA, directora de Mazars Chile

Por: Gabriela Clivio | Publicado: Miércoles 27 de julio de 2022 a las 04:00 hrs.
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Cada vez estoy más convencida de que, cuando las autoridades eligen el tipo de reformas que quieren para el país, en lugar de pensar en un proyecto viable de mediano y largo plazo, piensan de la misma manera que un consumidor que elige el sabor del helado en una heladería, como si fuera una decisión intrascendente. Cuando esto sucede, y no se tiene en cuenta la optimización inter-temporal, en lugar de verdaderas reformas, terminamos teniendo un pegote de cosas que no nos unen, no nos conducen al desarrollo y alejan a la inversión.

La reforma tributaria es un ejemplo decidor.

“En lugar de verdaderas reformas, terminamos teniendo un pegote de cosas que no nos unen, no nos conducen al desarrollo y alejan a la inversión”.

Partimos con una reforma que llamaba a “un nuevo pacto fiscal moderno, justo y eficiente” cuya razón para ser impulsado pareciera ser el hecho de que “la carga tributaria en Chile es baja en la comparación internacional”. Desde mi punto de vista, los impuestos no debieran verse como un fin en sí mismos, sino como una herramienta para financiar gastos permanentes.

En segundo lugar, la cifra que se señala como brecha de recaudación existente en Chile con respecto al promedio de los países de la OCDE no es tal, dado que en estos países parte importante de las pensiones es pagada por el Estado con la misma recaudación. Al realizar los ajustes correspondientes, dicha brecha se ubica en 5% del PIB.

Se omite comentar en dicho documento que actualmente la tasa de impuesto a las empresas es más alta en Chile que en los países de la OCDE y que el comportamiento de la misma ha ido al alza, mientras que en el grupo de países de la OCDE ha ido a la baja. Cuando se menciona que la principal diferencia con los países de la OCDE es que existe un tramo muy amplio (75%) de personas que no pagan impuesto a la renta en Chile, se elige como “sabor del mes” no hacer caso a la recomendación de eliminar exenciones y se impulsa una reforma que, en teoría, solo afectaría al 3% de la población. Tampoco se elige el “sabor” de la integración que es lo que buscan otros países más desarrollados, y se insiste ahora con un sistema dual o semi dual.

En foros y presentaciones se menciona frecuentemente el caso de Uruguay y su exitosa reforma tributaria del año 2006, pero se “elige” no mencionar que en el momento en que ésta fue realizada, el país anotaba una interesante tasa de crecimiento, situación muy diferente a la que presenta el Chile actual. Tampoco se comunica que en Uruguay existen solo seis tramos de impuesto a la renta y que la tasa máxima alcanza al 25% -mientras que en Chile el tramo máximo enfrenta una tasa impositiva de 40%-, ni que la tasa de impuesto a los dividendos en Uruguay es 7% y acá será 22%.

Lo más selectivo de todo es que se elige no comunicar que, de aprobarse las reformas en materia de pensiones, el 6% de la cotización adicional se convertiría en un impuesto nuevo y lo mismo sucedería con el 10% de la cotización de salud de aprobarse el fin del sistema de Isapres.

Por todo esto, me cuesta entender que la reforma afectaría solamente al 3% de la población.

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