Las exportaciones chilenas de nueces vivieron un auge en la última década, saltando de poco menos de 28 mil hectáreas en 2015, a un máximo histórico de 46 mil hectáreas en 2022. Desde entonces el cultivo ha pasado a una fase de estabilización, cayendo a 41 mil hectáreas en 2025. Pero aunque las cerezas y las avellanas europeas son ahora los cultivos de moda, ocupando el primer y segundo lugar en superficie plantada, las nueces se mantienen en un destacado tercer lugar, con 11% del total.
Y aunque el cultivo ha disminuido en términos de superficie, la producción ha seguido creciendo, con 129.200 toneladas de nueces (con y sin cáscara) exportadas en la temporada abril 2025 - marzo 2026 por un valor de US$ 644,4 millones, 58,6% más que la anterior.
Uno de los pilares de la competitividad de las exportaciones chilenas de nueces ha sido la sanidad de los huertos, especialmente frente a la peste negra (o tizón bacteriano del nogal) una de las principales enfermedades que afectan al cultivo, causada por la bacteria Xanthomonas arboricola pv. juglandis.
Avance hacia el norte
Aunque los productores locales conocen desde hace años esta realidad y están acostumbrados a lidiar con ella, el panorama ha cambiado debido a las intensas precipitaciones de agosto y las expectativas de una primavera más lluviosa, que podría expandir su amenaza a nuevas regiones del país.
"Zonas que normalmente no conocían tanto el daño, como la Metropolitana, la de O'Higgins y parte del Maule norte, con una primavera más lluviosa, se van a enfrentar a condiciones de daño mucho más altas", explica a DF Regiones el asesor de Trinuts y gerente general de PlanetNuts, José Pablo Correa.
El experto detalla que la bacteria se encuentra de forma permanente en el ambiente y en los tejidos del árbol, pero son las lluvias de invierno y primavera las que, a través de la salpicadura, diseminan el patógeno, advierte. "La zona central no está acostumbrada a tener condiciones favorables para el desarrollo de la bacteria. Frente al clima que nos va a enfrentar esta primavera, existe una probabilidad muy alta de desarrollo de esta enfermedad".
Según antecedentes de ChileNut, 13.604 hectáreas ubicadas desde O’Higgins hacia el sur, equivalentes a un tercio del área nacional plantada, están sometidas a una alta presión de la enfermedad. Si bien a nivel de huertos individuales las pérdidas pueden fluctuar entre 30% y 50% de la producción dependiendo de la severidad de la infección, el gremio proyectó el impacto económico global estimando una merma promedio de 20% sobre las 9.520 hectáreas más sensibles donde la industria podría dejar de cosechar cerca de 11,4 millones de kilos (11.400 toneladas) de nueces.
Para el asesor, si un huerto no toma las medidas necesarias y se confía, puede sufrir una caída productiva de hasta 50%. En un escenario donde los costos productivos del nogal rondan los US$ 1,5 por kilo, "permitirse una baja productiva de 30% es perder casi toda la utilidad del negocio", sentencia Correa.
José Pablo Correa, asesor de Trinuts y gerente general de PlanetNuts.
Costos fitosanitarios y márgenes
En la Región de Ñuble, donde las condiciones de humedad, rocío y neblina son la norma, los productores ya conocen el rigor de la enfermedad. El gerente general de Agrícola Santa Berta Spa, Otto Wildner, productor de nogales y avellanos europeos en la zona de Yungay desde 2008, señala que el impacto económico es directo.
"En años complejos climáticamente, uno puede esperar 20% o 30% menos de producción atribuible solamente a la bacteria. El fruto queda dañado desde muy chico, se detiene su desarrollo y termina cayéndose", comenta.
Pero a la merma en la cosecha se suma el drástico aumento en los costos fitosanitarios. El productor explica que, debido a que las poblaciones de bacterias han generado resistencia, la tradicional aplicación de cobre ha ido perdiendo eficacia. Esto obliga a realizar manejos integrados con productos de mayor valor y a multiplicar las entradas de maquinaria al campo.
"Termina siendo carísimo. Personalmente parto desde el inicio de la elongación de amento (fase de crecimiento de la flor) y termino a mediados de diciembre con aplicaciones entre siete y 10 días. Son hasta 14 aplicaciones que incluyen tractores, petróleo y operadores. En un negocio con un margen bajo, te complica mucho", detalla Wildner. Esta presión en los costos ha llevado a que en la zona sur muchos evalúen alternativas más estables, como el avellano europeo o el castaño.
Sin embargo, este "cultivo refugio" tampoco escapa al impacto climático. Según advierte el investigador de INIA Quilamapu, Jorge Retamal, las mismas lluvias inusuales que complican mermarían en 30% la próxima cosecha de avellano europeo debido a fallas en la polinización y enfermedades radiculares.

Prevención como única solución
Pese a los desafíos climáticos del sur, existen casos de éxito que demuestran que el manejo riguroso es capaz de contener la amenaza. En Angol, Región de La Araucanía, Thomas Henderson, gerente de Agrícola Henderson González limitada, ha logrado mantener rendimientos promedio de 7 mil kilos secos por hectárea muy por encima del promedio nacional de los 4.500 kilos, manteniendo sus huertos libres del daño de la peste negra.
"La clave es que las aplicaciones siempre han sido preventivas y no curativas. Antes de una lluvia sobre 15 milímetros se aplica cobre y fungicidas; pasa la lluvia y se vuelve a aplicar para que el árbol esté cubierto. Si hay buen tiempo, repito el esquema cada 10 días", relata Henderson. A partir de mediados de septiembre, tras las Fiestas Patrias, su huerto inicia esta estricta rutina.
El productor subraya que los agroquímicos no son el único factor. La arquitectura del huerto juega un rol fundamental para evitar la condensación de humedad. "Hay que mantener buenas podas para que el huerto esté aireado. Además, el marco de plantación es vital. Nosotros tenemos un marco de siete por cinco metros (unas 280 plantas por hectárea). Hay huertos que lo hacen súper intensivo metiendo el doble de plantas, pero el nogal es grande; mantener un huerto con tanta hoja y rama sin humedad en esta zona es muy difícil".
Desafío para la industria
Frente a la inminente rotación primaveral, desde ChileNut han reforzado el llamado a la prevención. La gremial, que recientemente abordó estos desafíos sanitarios en su III Día de Campo 2026 realizado a principios de agosto en San Clemente, enfatiza la necesidad de un monitoreo constante.
Los expertos recomiendan a los productores realizar análisis de Unidades Formadoras de Colonias (UFC) durante el invierno para conocer el nivel real de presión de la enfermedad antes de que el árbol brote, permitiendo así diseñar una estrategia fitosanitaria a la medida de cada campo.
Aunque el clima imponga condiciones más severas este año, la industria coincide en que la peste negra no es un enemigo nuevo, sino uno que exige reajustar los estándares técnicos en regiones que hasta ahora habían estado más protegidas. La coordinación entre productores, asesores y una gestión oportuna serán la línea de defensa para proteger la reputación internacional y los retornos de la nuez chilena.