Flávio Bolsonaro llega a la recta final de la campaña con una propuesta que busca retomar y profundizar la agenda liberal impulsada durante el gobierno de su padre, Jair Bolsonaro. El senador del Partido Liberal (PL) ha puesto en el centro de su programa la corrección de las cuentas públicas, la reducción del tamaño del Estado y una mayor participación de la inversión privada, mediante desregulación y privatizaciones.
El economista senior para mercados emergentes de Capital Economics, Liam Peach, identificó precisamente la política económica como una de las principales líneas divisorias de la elección y describió la plataforma del candidato de derecha como una combinación de reforma fiscal, desregulación y una menor presencia estatal.
Para diseñarla, Bolsonaro recurrió a figuras que tuvieron responsabilidades en la administración de su padre. La coordinación del programa económico está en manos de Daniella Marques, expresidenta de Caixa Econômica Federal y exsecretaria especial de Productividad y Competitividad del Ministerio de Economía. A su equipo se sumó Adolfo Sachsida, exministro de Minas y Energía y exsecretario de Política Económica, quien participa en la elaboración del programa.
La campaña ha presentado al equipo como una señal de continuidad con las reformas de 2019-2022, lideradas por el entonces ministro de Economía Paulo Guedes, de quien Marques fue asesora.

Daniella Marques, exsecretaria especial de Productividad y Competitividad del Ministerio de Economía. Adolfo Sachsida, exministro de Minas y Energía y exsecretario de Política Económica.
Disciplina fiscal
El diagnóstico que atraviesa el programa de Bolsonaro es que el deterioro de las cuentas públicas exige actuar desde el comienzo del próximo mandato. Su propuesta oficial, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE), plantea reformular las reglas fiscales para estabilizar y posteriormente reducir la deuda, generar superávits primarios, limitar el crédito subsidiado y controlar el gasto discrecional. A ello suma una reducción del aparato estatal -incluida la eliminación de al menos diez ministerios-, una revisión de la reforma tributaria, privatizaciones y desregulación.
Ante una necesidad de ajuste cercano a 3% del PIB para estabilizar la deuda, Oxford Economics anticipa que Bolsonaro buscaría una consolidación más rápida que Lula y centrada principalmente en recortes de gasto.
Eso tendría costos iniciales. “Una consolidación fiscal más rápida probablemente debilitaría aún más el consumo privado y el crecimiento del PIB a corto plazo, posiblemente provocando una breve recesión”, advirtió un informe de la consultora británica. Eso sí, una mayor credibilidad fiscal contendría la inflación y aceleraría los recortes de tasas, según consignó Oxford Economics.
La reducción del gasto no se limita a la administración central. El programa propone una reforma administrativa, reducir cargos y estructuras, controlar el crecimiento de la nómina pública y revisar el funcionamiento del Estado.
El desafío estará en los gastos más rígidos. Peach advierte que estabilizar la deuda podría exigir revisar la indexación de pensiones y beneficios sociales y los pisos constitucionales de salud y educación, lo que requeriría mayorías en el Congreso.
El sector privado
En paralelo, Bolsonaro busca entregar más espacio al capital privado. Su programa propone retomar el Programa Nacional de Desestatización, revisar regulaciones y ampliar concesiones y asociaciones público-privadas. En infraestructura fija como meta movilizar $ 900.000 millones de reales (aproximadamente US$ 170.000 millones) en cuatro años para carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos e hidrovías, con una estrategia apoyada principalmente en inversión privada.
La apuesta se extiende a nuevos motores de crecimiento. La candidatura pretende reducir costos energéticos y tributarios para atraer data centers e inversiones en inteligencia artificial, mientras en minería busca captar capital y tecnología para aumentar el procesamiento local de minerales críticos y tierras raras. El objetivo es aprovechar ventajas energéticas y recursos naturales para desarrollar actividades de mayor valor agregado.
EEUU, socio estratégico
En el frente externo, el programa plantea una mayor apertura comercial, profundizar la participación de Brasil en las cadenas globales de valor y retomar el proceso de adhesión a la OCDE.
Pese a ser uno de los ejes centrales de las críticas de su rival, el acercamiento a EEUU ocupa un lugar relevante en la estrategia internacional de Bolsonaro. Un informe del think tank norteamericano Brookings identificó oportunidades para una mayor cooperación bilateral en inteligencia artificial (IA), infraestructura tecnológica y minerales críticos. En este último ámbito, Bolsonaro ha planteado que las reservas brasileñas pueden contribuir a reducir la dependencia estadounidense de China y atraer capital y tecnología para procesar una mayor proporción de esos recursos dentro del país.
El giro también supondría restar protagonismo a los BRICS. Eso sí, el mismo programa contempla preservar y ampliar el intercambio comercial con China.
Lula da Silva: gradualidad fiscal sin sacrificar empleo y salarios
Luiz Inácio Lula da Silva llega a la elección defendiendo la continuidad de un modelo que asigna al Estado un papel activo en la economía y busca combinar crecimiento, empleo y políticas sociales con una corrección gradual de las cuentas públicas. A diferencia de Bolsonaro, el actual mandatario no plantea concentrar el ajuste al comienzo del próximo período, sino compatibilizarlo con la preservación de los ingresos y la demanda interna.
En la elaboración de su propuesta económica, Lula se ha apoyado en José Sergio Gabrielli, economista y expresidente de Petrobras durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), quien ha asumido un papel relevante en la campaña y en la discusión del programa económico. Su trayectoria está estrechamente ligada a una visión que reserva al Estado y sus empresas un papel activo en la inversión y el desarrollo.
Junto a él aparece Dario Durigan, actual ministro de Hacienda, quien representa la continuidad de la conducción económica del gobierno y de la estrategia fiscal de los últimos años. Su presencia aporta una vertiente complementaria, orientada a compatibilizar las prioridades sociales y de crecimiento de Lula con la necesidad de contener el deterioro de las cuentas públicas.

José Sergio Gabrielli, economista y expresidente de Petrobras. Dario Durigan, ministro de Hacienda.
Consolidación más gradual
El programa oficial presentado ante el TSE mantiene el compromiso con la responsabilidad fiscal, pero lo vincula al crecimiento, la inversión y la protección de los ingresos.
La propuesta del PT busca ampliar la recaudación y mejorar la eficiencia tributaria sin hacer de un recorte acelerado del gasto el eje del ajuste, al tiempo que preserva las políticas sociales y el aumento real del salario mínimo. La estrategia busca compatibilizar el sostenimiento del empleo y el consumo con una convergencia gradual de las cuentas públicas.
Ese ritmo es precisamente una de las principales diferencias con Bolsonaro. “Creemos que Lula llevaría a cabo una consolidación fiscal gradual centrada en un crecimiento más lento del gasto primario real y en un aumento de los impuestos, dando prioridad al crecimiento de los salarios reales y al empleo”, señalan Mauricio Monge y Felipe Camargo, de Oxford Economics. La consultora prevé así un ajuste más concentrado hacia el final del período, con una estabilización de la deuda más tardía que bajo el escenario que proyecta para su rival.
Sin embargo, la presión fiscal deja poco espacio. Calculando que Brasil necesita un ajuste cercano a 3% del PIB para estabilizar su deuda, Liam Peach, de Capital Economics, planteó que el proyecto presupuestario para 2027 contempla un superávit primario de apenas 0,1% del PIB. El economista advierte que, si la corrección resulta insuficiente, el deterioro de las condiciones financieras podría terminar forzando un ajuste posterior.
Lula pretende preservar especialmente las políticas que sostienen los ingresos de los hogares. Para ello contempla mantener la valorización real del salario mínimo, reforzar las transferencias sociales y avanzar en cambios laborales orientados a reducir la jornada de trabajo. Entre las medidas analizadas por Capital Economics figura un aumento de 15% de Bolsa Familia, el principal programa de asistencia social del país, que el centro de estudios estima tendría un costo cercano a 0,2% del PIB en 2027.
El Estado como motor
La estrategia de crecimiento también marca distancia con Bolsonaro. Lula reserva al Estado, los bancos públicos y la política industrial un papel más activo para movilizar inversiones, desarrollar infraestructura y estimular sectores considerados estratégicos, complementando -y no sustituyendo- el capital privado.
La lógica es utilizar la inversión pública y los instrumentos de financiamiento estatal para elevar productividad y atraer recursos hacia actividades de mayor valor agregado.
La apuesta alcanza áreas como la IA, los data centers y la infraestructura digital. Brookings destaca en un informe que Lula ha convertido la soberanía tecnológica en una prioridad, con inversiones en capacidad computacional propia y medidas para atraer data centers, entre ellas la eliminación de impuestos federales a determinados equipos importados.
Una lógica similar aparece en los minerales críticos. Brasil posee las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo y el gobierno busca aumentar su procesamiento dentro del país, utilizando la regulación estatal para priorizar proyectos capaces de generar mayor valor agregado.
Multi-alineamiento
En política económica exterior, Lula apuesta por preservar margen de maniobra entre las grandes potencias. El señalado think tank estadounidense define esa estrategia como “multi-alineamiento”, es decir, mantener simultáneamente relaciones económicas relevantes con EEUU y China, al mismo tiempo que Brasil conserva un papel activo en los BRICS, el G20 y otros espacios multilaterales.
El objetivo es atraer inversiones y cooperación de ambos polos en áreas como energía, tecnología y minerales críticos, evitando que Brasil deba optar económicamente por uno de ellos.