Pasó casi inadvertido, pero tirando del hilo, había trama. En la sesión del Senado de este martes se dio cuenta de un oficio del Presidente José Antonio Kast -fechado el 23 de julio- que pedía acuerdo para nombrar a Rodrigo Álvarez integrante de la Comisión para la Fijación de Remuneraciones, que fija las del Jefe de Estado, parlamentarios, gobernadores y otros funcionarios. Se envió a la Comisión de Hacienda para iniciar su tramitación y requiere la aprobación de dos tercios de dicha Cámara.
La pregunta fue de cajón: ¿Finalmente se abuenaron el mandatario y su antiguo excompañero de Derecho UC, amigo de décadas, aliado político, después del tan comentado quiebre ocurrido antes del cambio de mando de marzo pasado, que lo dejó fuera del gobierno?
Kast y Álvarez sólo se han reencontrado en ese papel. No han vuelto a hablar desde “antes de la segunda vuelta”, ha dicho el segundo, eso no ha cambiado, y el trámite legislativo de este nombramiento es sólo eso. No hay pistas de una reconciliación política. Pero a ojos de expertos, lo que está ocurriendo podría ser una señal.
Entre algunos amigos y conocidos de ambos esperan que si el mandatario puso su rúbrica, pueda ser el inicio de una distensión. O que lleve al fin del veto que muchos sostienen que pesa sobre el ex ministro de Energía y exsubsecretario de Hacienda, a quien no convocaron ni ofrecieron ministerio ni cargo importante cuando se estaba configurando el gobierno, ni después.
La relación entre ambos se fracturó hacia el final de la campaña; corrieron diversas versiones y aderezos, entre ellas una colisión con el anillo del entonces presidente electo. Álvarez nunca estuvo de acuerdo con el modelo de toma decisiones ni con el Segundo Piso.
En la decisión de excluirlo se le atribuye incidencia al jefe de asesores del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, una de las voces influyentes y de confianza del Presidente. Un reducido círculo que además integra la Primera Dama María Pía Adriasola.
Tampoco llegaron al gabinete otros exparlamentarios UDI de la “generación perdida” del partido, como Darío Paya, Marcelo Forni, Marcela Cubillos y otros. Mucho se ha comentado que Irarrázaval habría impuesto que no querían ministros brillantes, sino que ministros obedientes, tesis que se lee como un intento de que ningún par le haga sombra a Kast.
Esto volvió a salir a flote cuando hubo que resolver cómo llenar el cupo de la Comisión para la Fijación de Remuneraciones que a fines de junio dejó vacante Diego Paulsen (RN). Él renunció el 22 de junio dado que es embajador en el Reino Unido, y fungía en el organismo en su calidad de expresidente de la Cámara de Diputados (Artículo 38 bis, letra d de la Constitución).
En el Congreso hubo amigos de Álvarez que impulsaron la idea de que como él cumple el requisito de haber presidido la Cámara, llenara el cupo. Se le sugirió a Hacienda -el ministro Jorge Quiroz es cercano al exministro- y desde Teatinos 120 le preguntaron si estaba dispuesto.
Así llegó al escritorio de Kast el Oficio 1059 del Gabinete Presidencial, y lo firmó. Hacienda también habría estado detrás de la llegada de Álvarez al Consejo de Concesiones del MOP, dice una versión.
Detrás de esto -y aludiendo también a nombres como Paya, Forni y otros- yace la otra gran pregunta pendiente, comentan en la derecha: si llegará o no el momento en que el Presidente, su jefe de asesores y su círculo, cambien de convicción y consideren a políticos más experimentados que están en una “banca” para algunos más visible cuando algunas piezas del gabinete flaquean o se perciben otros débitos. Todavía no se ve que eso vaya a ocurrir.